El sonido “podrío” de Guadalupe Plata

La banda de Jaén toca este miércoles en la sala Gong de Oviedo dentro de la programación Ciudad Sonora

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Cinco álbumes después, Guadalupe Plata sigue tocando, arriesgando. Cinco álbumes después, los Guadalupe siguen vivos. Y no es fácil. No en su caso. El dúo de Úbeda no ha alterado su método, básicamente, la composición y grabación de discos sin más nombre que el de la banda. Grabaciones impulsivas, obsesivas, que después vuelcan directamente en los conciertos, sin ensayos, sin componendas, a chorro. El concierto es el ensayo. El ensayo es el concierto.

Sin embargo, llegan este miércoles tras la publicación en 2021 de su quinto disco, para el que se han servido de la voz alucinada de un bluesman desaforado: Mike Edison, antiguo integrante de los Pleasure Fuckers. Y el quinto es la excepción. El diablo está enfadado pero The Devil Can´t Do You No Harm es una fragua sonora que lleva a Guadalupe Plata a una estación en la que nada es previsible. El diablo espera, el diablo está en los detalles. Y es cierto, el diablo no puede hacerte daño. Con esa actitud, Carlos Jimena y Pedro de Dios Barceló entregan un trabajo que reverbera un sonido grasiento, sucio y garajero, propicio para noches en las que la luna exsuda alcohol y el coche se desvía de la carretera hasta parar su motor en la última taberna. En The Devil…, sin Luis Martos, el tercer Plata, se exprime el blues rock hasta alcanzar el paroxismo. En su vientre cohabitan clásicos del folk norteamericano como Oh Mary Don´t You Wheep o John Henry con versiones como la dylaniana Make You Feel My Love. Edison suena a Tom Waits, a Captain Beefheart, a Lee Hooker acelerado y maníaco, poseído y veterotestamentario.

Los de Úbeda llegan este miércoles a la sala Gong Galaxy Club, dentro de la programación Ciudad Sonora que el Ayuntamiento de Oviedo ha ido celebrando a lo largo del mes de noviembre con más de veinte conciertos y charlas desplegadas en las cinco salas de la ciudad. Repasarán temas de sus otros trabajos, canciones fronterizas, sureñas y telúricas, impregnadas de una oscuridad hillbilly que encajarían perfectamente en la banda sonora de una película de David Lynch. No dejen de escuchar los álbumes de Guadalupe Plata.

Guadalupe Plata. Foto promocional de su último disco.

Los orígenes de Guadalupe Plata se remontan al año 2006. Dos yonquis del blues, Pedro de Dios Barceló (guitarra y voz) y Carlos Jimena (batería), se rindieron a los sonidos y los los ritmos de Charlie Patton, Skip James o Blind Lemon Jefferson. La explosión fue inmediata, tras irrumpir el tercer componente, Paco Luis Martos, acompañado de un rudimentario bajo compuesto artesanalmente con un barreño de zinc, un palo de madera y una cuerda de arrancar motosierras que acaparaba la atención en todos los conciertos por su denso y particular. El instrumento ya lo tañían los músicos negros como contrabajo.

Martos abandonó la banda hace unos meses para seguir dedicándose a la artesanía y su familia. Aun así, a los Black Keys les ha salido una dura competencia. El cuarto Guadalupe fue producido por Liam Watson, el mismo que trabajó en el disco Elephant de los White Stripes, en sus estudios Toe Rag de Londres). En los temas conviven los desiertos de Sonora con los riscos jienenses de Sierra Morena, Bob Dylan y Violeta Parra. Hay algo religioso y chamánico, como el billete a un viaje al corazón de nuestros propios fantasmas, deliciosos y “podríos”, perturbadores y siniestros, magníficos.

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