Europa es culpable

Multinacionales y minorías privilegiadas nativas son responsables directas de la dramática situación del continente africano.

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Alejandro Villa Allande
Alejandro Villa Allande
Es historiador y presidente del Ateneo Republicano de Asturias.

Ya habían nacido mis cuatro abuelos ¿se entiende o debo decir dos abuelas y dos abuelos? cuando, en noviembre de 1884, se inauguró la Conferencia de Berlín, que no iba a finalizar hasta febrero de 1885. En ella, varios países (Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, Portugal, Italia, España, Países Bajos, Rusia, Estados Unidos, Dinamarca, Suecia, Noruega, los imperios austrohúngaro y turco -hoy afortunadamente desaparecidos-) se pusieron de acuerdo para repartirse un continente varias veces más extenso que los países que iban a quedarse con la mayoría de África. El reparto significaba explotación masiva del continente, de su población y de sus inmensos recursos naturales. No había sido suficiente el tráfico de esclavos que durante casi cuatrocientos años habían sufrido los litorales africanos. Se trataba ahora de una ocupación metódica de territorios todavía desconocidos en muchos casos. Y se hizo a finales del siglo XIX, hace cuatro días.

Francia e Inglaterra, en primer lugar. Pero también Portugal y Bélgica –esta “enorme” potencia adueñándose de un país sesenta veces más grande que la metrópoli-, aunque el Congo era una posesión personal del rey Leopoldo II, que a su muerte legó la colonia al reino. Italia y Alemania van a adueñarse de extensas zonas, dejando a España con la pedrea: el Rif, un pedazo del desierto del Sahara y la actual Guinea Ecuatorial.

Un hombre ante la valla de Melilla Foto: Álex Zapico

Europa es responsable directísima de las miserias de África. Verdad es que hay minorías nativas que colaboran eficazmente en la explotación de las riquezas y el maltrato a sus connacionales. Pero la parte del león se la llevan todavía hoy las empresas multinacionales, con sede en los países más ricos del planeta. Con el añadido en los últimos años de China, que también ambiciona parte del pastel.

Veamos ahora la situación demográfica del continente: ha llegado ya a los mil cuatrocientos millones de seres humanos, y puede superar los dos mil millones dentro de quince años. Ha habido una explosión desde 1900 (ciento treinta millones) pero sobre todo desde 1950 (220 millones) hasta la actualidad. ¿Cómo sorprenderse de que muchos intenten escapar de una vida sin alimentos, sin educación, sin libertad?

Caricatura de Bismarck en la Conferencia de Berlín

Las hambrunas cotidianas que padecen muchos países africanos pueden convertirse en anecdóticas en comparación a lo que va a ocurrir en los próximos meses, debido a la escasez y subida de precio de muchos productos básicos, consecuencia directa de la guerra en Ucrania y de la rapacidad de los grandes “negociantes” de alimentos.

Desde hace años colaboro económicamente con Médicos sin Fronteras y con otras ONG humanitarias. Su labor es extraordinaria, pero no dejo de preguntarme si están ayudando a salvar vidas de recién nacidos para que muchos de ellos no tengan más perspectiva, pasados unos años, que la miseria o que una emigración dificilísima al “paraíso” europeo. Europa y otras potencias mundiales deberían dedicar un porcentaje importante de su PIB, de su capacidad tecnológica y de sus recursos científicos a salvar África. Nosotros hemos sido responsables de la situación actual, y nosotros deberíamos ayudar seriamente a resolverla. Al fin y al cabo, la especie humana, sí, todos nosotros, salió de África

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