Sobredosis de Diego Canga

Todo en el candidato del PP suena tan viejo como Liz Strauss, y tan chapucero como el perdón de Canteli al IBI de los dueños del Calatrava.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Sobredosis de Diego Canga. Así se puede definir lo que llevamos unos cuantos días viviendo. Y es que hacía tiempo que no veíamos por estas latitudes tanta unanimidad en la promoción de un candidato. La sensación que se percibe, a juzgar por la omnipresencia del candidato Canga, es que los poderes económicos van a hacer una fuerte apuesta por llevar al PP en la presidencia del Principado. No tanto porque el Gobierno de Adrián Barbón y Juan Cofiño se haya caracterizado por su radicalidad socialdemócrata, o los haya perjudicado, como por el temor que sí pueda hacerla lo que salga de las urnas en la primavera de 2023.

Gobierno progresista de coalición: un escenario posible

El previsible colapso de Ciudadanos, fiel aliado de Barbón en el Parlamento y bien conectado con el poder empresarial asturiano, podría llevar en unos meses a un escenario similar al del Gobierno de España, con el PSOE teniendo que mirar a su izquierda para pactar un gobierno autonómico de coalición. Mucho de esto dependerá tanto del resultado de Barbón y sus aliados centristas, Foro podría ser ahora el recambio de Cs, como de que Podemos, IU y otras organizaciones (Más País, Equo, Izquierda Asturiana…) logren un consenso interno que les permita en los próximos meses presentar un proyecto reconocible y estable: un artefacto electoral que les permita crecer o al menos repetir resultados. Su fortaleza en los próximos comicios no dependerá tanto de las líneas programáticas, al fin y al cabo muy parecidas entre sí, como de la imagen de unidad y cohesión que proyecten, su tradicional talón de Aquiles. Por ahí conquistarán, o no, la confianza de un electorado de izquierdas cansado de observar como las siglas a las que suelen votar llegan siempre erosionadas y agotadas a las siguientes elecciones.

Junta General del Principado. Foto: Iván G. Fernández

La ofensiva contra la justicia fiscal

La fiscalidad vuelve a estar en el centro del debate. Si bien el Ejecutivo de Barbón no ha subido los impuestos a los más ricos, tal y como le reclamaban IU, Podemos y los sindicatos de clase, tampoco se ha apuntado a las rebajas fiscales de otros barones socialistas, tal y como exigían por el contrario unas derechas que han hecho del supuesto “infierno fiscal asturiano” su discurso monomaníaco. Frente a la ofensiva contra la justicia fiscal, hay que reconocer que el presidente no se ha achantado. Es probable que veamos en los próximos meses a un Barbón mucho más socialdemócrata en lo discursivo de lo que lo ha sido en su gestión, que en efecto concluye con unos presupuestos expansivos, pero también deja bombas de relojería como la Ley de Calidad Ambiental o el protocolo de La Vega, dos proyectos con el inconfundible sello Cofiño-Cámara de Comercio.

“Es probable que veamos en los próximos meses a un Barbón mucho más socialdemócrata en lo discursivo de lo que lo ha sido en su gestión”

De impuestos ha hablado precisamente Diego Canga, que tras aterrizar en el aeropuerto de Ranón ha pedido suprimir los de patrimonio, sucesiones y algunos tributos más, así como adelgazar a base de “dieta milagro” al sector público asturiano. Ahí es nada. Todo en Canga suena tan viejo como Liz Strauss, y tan chapucero como el perdón de Canteli al IBI de los dueños del Calatrava. Su manida retórica ultraliberal equipara regulación con empobrecimiento, e impuestos con cadenas y grilletes. A pesar de ser un alto funcionario de la UE, lo que sin ánimo despectivo cualquiera llamaría un burócrata, Canga carga contra su gremio y muestra una fascinación total por los empresarios. Los presenta como una suerte de héroes hercúleos que paradójicamente requieren permanentes ayudas públicas para su titánica tarea de levantar el país, algo que pareciera hacen en solitario, sin el concurso de los trabajadores, de los servicios públicos y de las infraestructuras, dos cosas que financiamos con nuestros impuestos, eso que tanto molesta a las derechas astures.

Diego Canga en Xixón. Foto: PP

Frente al monólogo ayusiano de Canga y Vox, Adrián Pumares tiene la oportunidad para demostrar su hipótesis regionalista y centrada. Foro se lo juega todo este mayo, y es más que probable que el partido vuelva a recurrir al comodín de Carmen Moriyón en una campaña que se centrará esta vez en Xixón y la Asturies metropolitana. En unos meses sabremos si logran consolidar las bases para construir algo parecido al Partido Regionalista Cántabro o la Unión del Pueblo Leonés, o por el contrario se convierten en el nuevo juguete roto del centrismo autonomista.

Que la guerra cultural no nos pille desprevenidos

Se vienen meses intensos en la política asturiana, con una guerra cultural en torno a la fiscalidad, los servicios públicos y el Estado del Bienestar. Cabe suponer que tarde o temprano alguien volverá a hablar, y no precisamente bien, de los receptores del salario social, o que regresarán, una vez más, las leyendas urbanas sobre familias asturianas arruinadas por el impuesto de sucesiones. Para esa guerra el progresismo y las izquierdas deben estar pertrechadas de datos, información rigurosa y buenos argumentos que desmonten discursos maniqueos y simplificadores, cuando no auténticas fake news. Ármense de paciencia y buenas razones. Desde Nortes seguiremos tratando de mantener una voz progresista en medio de un panorama mediático tan escorado a la derecha como el que estamos palpando estos días.

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