En Correos iremos a la huelga para desbloquear el convenio

La reconversión en “sociedad anónima estatal” fue quitar el tapón y dejar que los derechos se drenasen por el desagüe.

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Mario Murillo Ortega
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Mario Murillo es trabajador y sindicalista de Correos.

El 28 de noviembre, la plantilla en huelga de Correos concluíamos la concentración (unitaria junto a Telemarketing) frente al Ministerio de Hacienda y Función Pública en Madrid al grito de “uno, dos y tres, si no nos hacen caso, paramos otra vez”. Y así va a ser. Tras hacer balance del seguimiento del paro general del 28-N y ante la falta de predisposición mostrada por la Directiva de Correos en la mediación que tuvo lugar el pasado 7 de diciembre, de cara a asumir las reivindicaciones de la plantilla y retomar la negociación del próximo Convenio con la seriedad que exige, CGT toma la decisión de seguir adelante con las huelgas programadas.

El 20 de octubre en El Salto anunciábamos el calendario de movilizaciones al completo, el cual “consta de cinco días de huelga general: El 28 de noviembre (en pleno Black Friday), los días 22 y 23 de diciembre (vísperas de Navidad) y 4 y 5 de enero (antes de Reyes). Hablamos de fechas absolutamente estratégicas desde un punto de vista productivo, pero también mediático”. 

Esta decisión se deriva del alto grado de conflictividad laboral acumulado, la convicción de que las reivindicaciones principales son del todo necesarias para frenar el maltrato diario, el brutal empobrecimiento salarial (alrededor de un 20 % menos de poder adquisitivo en quince años) y cambiar la tendencia de pérdida de derechos y deterioro del servicio público postal que llevamos arrastrando durante décadas. El respaldo que tuvo la huelga de noviembre, aunque fuese muy dispar y sobre todo destacase en grandes ciudades como Sevilla, Madrid o Barcelona, ha servido para que la empresa, que ya era plenamente consciente de nuestras demandas, ahora también lo sea de la voluntad de la plantilla de luchar por conseguirlas.

No obstante, es posible que la mayor virtud de la movilización hasta el momento haya sido tener la capacidad de no dejar indiferente a nadie. En los últimos meses, ha ocupado el centro del tablero, a pesar de toda la oposición desplegada contra ella. Por un lado, recordemos que Correos vertió falsas declaraciones a algunos medios de comunicación a quienes aseveró no tener conocimiento de dicha convocatoria, llegando a hacer alusiones a la supuesta “baja representación de los sindicatos convocantes” intentando poner en duda la absoluta legalidad de la huelga.

Por otro, la labor de zapa de algunas organizaciones sindicales que dedicaron importantes esfuerzos y recursos (sobre todo horas de liberación) a desmotivar y procurar desmovilizar a la plantilla. Hay todo tipo de testimonios que han servido para recopilar la serie de “argumentos” lanzados para desincentivar la movilización, los cuales van desde “si paramos en fechas clave se pueden perder clientes”, alegato que podría firmar perfectamente cualquier directivo, pero que no se espera de un representante sindical, hasta “se pierde mucho dinero haciendo huelga”. Cuando sostenemos que las ideas e intereses de los de arriba se han filtrado en las organizaciones de trabajadores, nos referimos, precisamente, a ejemplos como estos. 

Un momento de la concentración sindical de Correos y Telemarketing en Oviedo/Uviéu.

Algunos compañeros esperan que un comportamiento tan cuestionable evidencie de qué lado se ponen los sindicatos mayoritarios en Correos, sobre todo, cuando las cosas se tensan y hay que tomar partido de manera inequívoca. Quizás sea cierto y sirva para quitar caretas. Lo que sin duda pone de manifiesto es el grado de dificultad que tiene conseguir la tan ansiada “unidad sindical”, cuando el divorcio no está en alguna de las reivindicaciones o en la forma de plantear la protesta, sino en que las organizaciones sindicales más grandes se están dedicando, directamente, a hacer “la contra”. Tal vez crean que a quien golpean es a CGT, pero en realidad están dando la espalda y perjudicando a toda la plantilla, al no sumar sus fuerzas para alcanzar un nuevo acuerdo laboral que mejore sustancialmente nuestras condiciones de trabajo y permita aumentar la calidad del servicio que prestamos.

“Por un Convenio justo, por un futuro público para Correos”

Tanto el proceso asambleario en los centros de trabajo previo a la acción huelguística como la movilización en sí misma, han demostrado que la consigna de cabecera es un significante lleno de contenido. Nuestras demandas son claras, concretas y se hallan enfocadas a mejorar en los ejes centrales de las relaciones laborales (salario, jornada, salud y conciliación).

Al mismo tiempo, si nuestra reconversión en “sociedad anónima estatal”, la gran obra de Feijóo en 2001, fue como quitar el tapón y dejar que nuestros derechos se drenasen poco a poco por el desagüe, lo que buscamos es conseguir un marco que nos permita seguir vinculados, principalmente, a la satisfacción de las necesidades presentes y futuras de la ciudadanía. De ahí el requerimiento de inclusión en el Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP), pues ya hemos comprobado que solo con la titularidad pública no alcanza para que Correos mantenga un “rumbo social”.

Foto: Iván G. Fernández

Al impulso generado por estas reclamaciones, ya populares y extendidas entre la plantilla, hay que sumar el altísimo nivel de hartazgo y quemazón de gran parte de la misma. En plena campaña navideña estamos aún más presionados y reventadas de lo habitual. Los directivos creen que porque nos “gratifiquen” con 106 euros estamos obligados a soportar sobre nuestras espaldas (y a poder ser en silencio) el aumento exponencial de los envíos en esta época del año. Para colmo, apenas se han formalizado 1500 contratos en todo el país, siendo muchos de ellos para trabajar en las diferentes modalidades de jornada parcial (fines de semana, por días, etc), y se están ofreciendo horas extra de forma masiva, negando el pan a un sinfín de eventuales.

Considero que esta combinación supone una base real sobre la que poder continuar la movilización e intensificar la presión hacia una Directiva que se ha mostrado reacia a asumir medidas de mejora que proceden de quienes cada día movemos la empresa y ni siquiera muestra afán por recuperar unas negociaciones del Convenio interrumpidas desde mayo.

“No es tiempo de lamentos, es tiempo de lucha”

Voy a coger prestado este lema tan representativo de “Las Marchas de la Dignidad”. La escalada inflacionista que venimos padeciendo ha generado no solo un daño material sino también un revuelo importante entre la clase trabajadora. Es por ello que muchos sectores se encuentran movilizados actualmente y que hablamos de un fenómeno presente también en otros países, como el ejemplar proceso de movilizaciones que vienen llevando a cabo desde hace meses los trabajadores de Royal Mail en UK.

El próximo sábado 17 de diciembre, CGT ha convocado una gran manifestación estatal en Madrid por la recuperación del poder adquisitivo. En el comunicado de la cita puede leerse “la clase trabajadora no puede contemplar esta tremenda agresión sin dar un paso al frente. Es momento de luchar y de reclamar soluciones y remedios más justos a la subida de precios”. Toda la razón.

Sentarnos a esperar que desde otros ámbitos, como el de Función Pública, se consigan mejoras aplicables a Correos, como plantean desde las secciones postales de CCOO y UGT, supone de facto una renuncia a cumplir con el mandato implícito en la representación sindical de hacer cuanto sea posible por mejorar los derechos y las condiciones laborales de los trabajadores a quienes dices representar.

Del mismo modo, confiar ciegamente en la vía del diálogo (como hacen el Sindicato Libre y en gran medida también CSIF) para conseguir un buen Convenio, cuando ni siquiera hay un calendario de negociación y Correos abre y cierra ese grifo según le interesa, es una enorme irresponsabilidad pues nos conduce a un callejón sin salida.

Unos y otros van a tener muy complicado explicar a la plantilla por qué en el periodo de máxima producción del año, cuando el foco mediático se encuentra en las compras navideñas y cada jornada de trabajo te agota hasta el último gramo de energía, no están dispuestos a parar y salir a la calle para presionar por conseguir la jornada de 35 horas, la cláusula de revisión salarial acorde al IPC, la recuperación de los miles de puestos de trabajo destruidos en lo que va de siglo y poner fin a la precariedad en Correos.

Acabaré diciendo que luchar no es sinónimo de ganar, pero en esa decisión se encuentra el germen de la victoria. Necesitamos que estas movilizaciones y huelgas sirvan para romper la oposición frontal de la empresa a cualquier mejora sustancial en derechos y el inmovilismo de buena parte de los sindicatos a la hora de pelear por un buen convenio y un futuro público para Correos. 

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