“Losa del tiempo pretende generar un lugar de memoria y un conocimiento sobre nuestro pasado silenciado”

Carlos Suárez, el autor del mejor monumento funerario de España, añade a la escultura una web, documentación histórica y un plan pedagógico

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Marta Rogia
Marta Rogia
Periodista, abogada, guionista. Cinéfila y apasionada de la radio, a la que he prestado voz mucho tiempo. Continúo con mi búsqueda de la autenticidad mediante narraciones que nos conecten a través de la emoción.

Carlos Suárez (Avilés, 1969) es doctor en Bellas Artes por la Universidad de Vigo y licenciado en la misma disciplina por la Universidad de Salamanca. Entre sus distinciones artísticas se encuentran el Premio Nicanor Piñole de Pintura, recibido en el año 2000; el Premio Nacional de Arte de Luarca de 2007; el Premio Extraordinario de Doctorado en Arte y Humanidades de la Universidad de Vigo en 2016 por su tesis “Desplazamientos memoria e identidad. Análisis desde el arte europeo actual y desde la práctica artística contemporánea”; el I Premio Museo Barjola de Gijón por la obra “Cita con la historia” del año 2017. A lo cual se añade el reciente reconocimiento como mejor monumento de la VII edición del Concurso de Cementerios de España por la escultura “Losa del tiempo”.

A finales de noviembre de 2022 recogía un premio por su obra “Losa del tiempo” como mejor monumento funerario dentro del Concurso de Cementerios de España, organizado por la revista Adiós Cultural y la empresa Funespaña. ¿Qué significa este nuevo galardón para usted?

El premio, como todos ellos, sirve de reconocimiento a la obra, a tu trabajo para impulsarlo, que lo hecho se reconozca ayuda a transmitirlo y a preservar las piezas. A veces, a los artistas nos cuesta que nuestras creaciones salgan del ámbito local y con esta en especial, porque además de ser contemporánea, aborda memoria y olvido.

La Losa del tiempo, obra de Carlos Suárez

Ya que lo menciona, durante su trayectoria ha realizado otras intervenciones artísticas con puntos de conexión con esta, como “Cita con la historia” sobre desaparecidos candasinos durante la Guerra Civil, “El vaciado de la huella belga”, “La escultura en el olvido” o “No memory. Cities in the world”, en las que indaga sobre la memoria y su reverso, el olvido, además de reflexionar sobre la identidad. ¿Parten estas propuestas de un núcleo que lo define como artista o provienen de encargos que le hacen?

En mi recorrido artístico yo llego a un momento de inflexión y empiezo a abordar estos temas. Sucede entre 2013 y 2014, que es cuando empiezo a investigar para mi tesis doctoral. Me preocupaba mucho la identidad y las personas desplazadas y la repercusión que tenía en la concepción de las obras y cómo las podía hacer diferentes. Llegué a la conclusión de que la identidad y la memoria eran los temas que me gustaría abordar desde la producción de arte contemporáneo. Mi tesis la realicé en la Facultad de Bellas Artes, lo que propició que mis conclusiones no solo fueran teóricas, sino que también surgieron productos artísticos. Ese es el origen de esas líneas de trabajo que luego abordé. Yo entiendo la obra artística como resultado de un proceso de investigación, de un proceso de reflexión, es lo que los materializa.

En esa materialización, ¿cómo se pasa de los datos conseguidos a su concreción en una obra?

Yo empiezo a hacer obras a partir del territorio, del lugar en el que estoy. Y me doy cuenta de que la identidad, nuestra propia identidad, es de desplazados, de personas que van y vienen. La identidad de la región, de Asturias, es de desplazados, que enlaza mucho con la tesis. Hay una memoria reciente y no tan reciente que es de alguna manera borrada u olvidada. Por ejemplo, en ciudades industriales como Avilés su pasado se va borrando, diluyendo con la idas y venidas de personas desplazadas. Nuestros orígenes estaban ahí, pero con la caída de la industria esos territorios van desapareciendo, cayendo en el olvido y por eso muchas de las obras como la “Escultura en el olvido” surgen de ahí. Luego me topo con el proceso de Candás, hay una investigación y exhumación de Les Candases y me acerco a él y me quedo impresionado de que la historia olvidada es más potente que la historia contada. Hay unos procesos de recuperación que realizan los arqueólogos, donde van por capas para recuperar el pasado oculto y todo eso me impacta muchísimo. Todos estos acontecimientos cercanos me llevan a que como artista tengo que contar cosas que es necesario sacar a la luz, que a veces quedan tamizadas por el paso del tiempo. Tengo abiertas distintas líneas de investigación para hacer la obra artística y esta es fruto de ese trabajo previo. Creo que el sentido de la propuesta artística es referir los acontecimientos, lo que ocurre, la obra no está simplemente para decorar, está para transmitir lo que ocurre en la Historia u otras disciplinas, generando a veces ciertos puntos de incomodidad.

FOTO: Tania González

¿Concibe entonces el arte como transmisor de un mensaje político, social?

Sí, es inseparable. Hay acontecimientos fuera, en la calle o en el mundo en que vivimos que son más potentes que los que ocurren en una sala de exposiciones. Es decir, una manifestación de gente que se ha quedado sin empleo, lo que ocurre en un hospital con el COVID o todos estos aspectos de la memoria histórica y el olvido, son acontecimientos que están ubicados dentro de lo histórico, de lo social, de lo político, que tienen mayor potencial que hacer una exposición en una sala simplemente para el disfrute cómodo. Esa potencia es lo que tenemos que contar desde el hecho artístico. La obra no está dentro de la sala, está fuera.

Volvamos a “Losa del tiempo”. Para quien no la haya visto, muestra unas sillas que aplasta una cubierta y luego, fuera, enfrente, hay otras sillas vacías a modo de espectadoras. ¿Me puede explicar su simbología?

Para llegar ahí me gustaría explicar un poco la génesis del proyecto.

Adelante

En primer lugar, es una obra que me encarga el Ayuntamiento de Avilés con referencia a la memoria histórica. Mis primeros pasos son conocer la historia, qué había ocurrido y qué podíamos hacer y que no debíamos hacer. Después, contacto con el historiador local Pablo Martínez Corral que me documenta sobre el Cementerio de La Carriona. Llego a la idea de que existe una historia no contada más potente que la transmitida. Ahí incide de nuevo el silencio, el olvido, el borrado de la memoria, que eran los conceptos básicos de los que teníamos que partir. La conclusión es que había que hacer una pieza que no fuese festiva, que no fuese un monolito, que no fuese hacia arriba, sino que tenía que ser un contramonumento, que mirásemos hacia abajo, hacia la tierra, las fosas, los olvidados, los desaparecidos. También, más que una pieza había que crear un lugar de reflexión que invitase el recogimiento y llevase a generaciones futuras a preguntarse qué había ocurrido y por qué. A partir de ahí me pongo a buscar una solución artística para contar todo eso que Pablo me había transmitido y creamos un equipo de trabajo con él y Jaime Luis Martín, que actúa como comisario del proyecto. Busco un espacio, que es el antiguo osario y está entre muros con el simbolismo y la potencia que ello ya tiene y es un sito al que hay que ir expresamente y crea un lugar de recogimiento a un lado del cementerio. Y ahí ya llegamos a la concreción en la “Losa del tiempo”.

Pero es más que una escultura, incorpora más elementos

Sí, queríamos crear un lugar de memoria abierto a la investigación, que desarrolle una documentación y un conocimiento sobre nuestro pasado silenciado. No es solo concebir un hito o una escultura, sino originar un lugar de reflexión a partir de un planteamiento conceptual no solo material. Por eso va a ir acompañado de un libro, de unas investigaciones y de una web que se actualizará con la memoria y las aportaciones sobre el pasado. Es como una llama viva, un espacio de memoria con la “Losa” como elemento central.

También se dieron algunas dificultades técnicas para instalarla, ¿verdad?

Costó mucho meterla, hubo con hacerlo con una grúa por encima. Y era difícil porque no entraba por la puerta del cementerio y los accesos entre las tumbas no son posibles y tuvimos que elevar la pieza para meterla dentro. Hubo un momento muy guapo en el que la grúa elevó la pieza en el aire y la fue dejando bajar para superar la altura del muro y cuando la pieza posó en el suelo, ahí pude ver si funcionaban en el espacio todas las medidas y proporciones que estuve tomando antes de instalarla y ese es el instante en que todo empieza a funcionar, cuando aterriza.

El artista Carlos Suárez frente a la “Losa del tiempo” FOTO: Tania González

¿Nos acercamos entonces a qué simboliza la pieza?

Simboliza la losa que durante todo este tiempo ha impedido que se nos transmitiese la historia reciente. Debajo de ella, unas sillas que son el símbolo del diálogo roto, de la tragedia, unas sillas, de las cuales también algunas están rotas, otras a trozos. Esa losa se va elevando y frente a ellas hay cinco sillas que son el símbolo del Parlamento, del diálogo futuro, de la democracia como posibilidad de futuro, contraponemos la tragedia al diálogo. Esa losa ha ocultado los acontecimientos, es una pieza que está dedicada sobre todo a los olvidados, a los borrados de la historia, a las historias silenciadas, a los que están en las fosas comunes.

Estéticamente por su tonalidad de óxido recuerda a la escultura “Avilés”, de Benjamín Menéndez, situada en el paseo de la ría de ese municipio. ¿Posee ese rasgo una connotación especial?

Sí, es una pieza que enlaza con Avilés, con la siderurgia. Está fabricada en acero corten. El color terroso es del acero que se va oxidando y que actúa como protector de la pieza. [

¿Qué reacción le gustaría que el espectador tuviera cuando lo contemplara?

Que provoque reflexión. La pieza ha de incitar a recorrer el espacio, por eso se eleva por la parte de atrás, para que tengas que moverte para verla y sobre todo que te preguntes qué pasó y por qué y que esa inquietud te lleve a leer y a documentarte sobre lo sucedido. El proyecto está acompañado por un plan pedagógico que se pondrá en marcha para 2023. Lo está llevando Pablo Martínez Corral y yo le voy a acompañar en su aplicación en un par de centros educativos, el Instituto Menéndez Pidal y el Instituto de La Fresneda, para luego extenderlo a otros y crear un material educativo. Esta es una de las claves, que genere documentación, reflexión y trasladarlo a generaciones futuras. Él hará un planteamiento histórico con un estudio del olvido y la memoria y yo buscaré con los estudiantes del bachillerato artístico soluciones creativas. Nos vamos a encontrar en la “Losa” como eje, es un proyecto experimental, a ver cómo sale y luego compartiremos los resultados.

“Disfruten de un año nuevo sanos y seguros”, exposición de Carlos Suárez

Aparte de esta propuesta, ¿con qué ideas nuevas está trabajando?

Estoy con otra pieza que se titula “Disfruten de un año nuevo sanos y seguros”. Es una obra que hice con Juanjo Palacios y comisariado por Jaime Luis Martín, como la anterior. Es una reflexión… enlaza con memoria y olvido. Parte de la desaparición de la sociedad industrial y de la situación de Alcoa, de cómo el antiguo poblado de Endasa y de Alcoa fue desapareciendo, las casas se fueron destruyendo. Hay una especie de borrado del pasado. Y lo que hicimos fue una pieza visual y sonora, Juanjo se encargó de esta última parte y yo, de la visual. Se expondrá en el Centru Cultural de Mieres a partir de abril de 2023 y luego en otros lugares de Asturias.

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