¿Quién mató a la Escuela pública?

La innovación, que fue tradicionalmente sinónimo de transgresión, se ha convertido ahora en norma impuesta desde arriba.

Recomendados

Ana Belén Pérez Fernández
Ana Belén Pérez Fernández
Es profesora de secundaria.

La escuela pública ha muerto, aquejada de numerosos males gestados durante largo tiempo y que la nueva reforma educativa no solo no ataja, sino que propaga como llamas en un incendio forestal. Los cambios introducidos por la LOMLOE y las anteriores reformas se derivan de un intento de adecuación de la escuela a las exigencias de la economía capitalista y de su deconstrucción propiciada por la “modernidad líquida”. Pasó lo de siempre, un reducido grupo de personas que representa los intereses de un porcentaje mínimo de la población toma las decisiones, mientras la gran mayoría asistimos al espectáculo de la deconstrucción y mercantilización de la educación como meros espectadores, somos el “rebaño desconcertado” de Walter Lippmann. Cabría esperar de la sociedad y sobre todo de los docentes, al menos de aquellos que no se tengan a sí mismos por dóciles siervos de sus señores, que fijen límites.

Señales del incendio:

Hay mercaderes en el templo: la Unión Europea y otros organismos internacionales

La Comisión Europea, el Consejo Europeo, instituciones supranacionales como el FMI, el BM y la OCDE, mediatizados a su vez por lobbies patronales como la ERT (European Round Table of Industrialists) establecen a través de sus informes y recomendaciones las directrices generales en materia de educación que después siguen los gobiernos de los distintos países para realizar sus diseños curriculares y cuya consigna fundamental es: primero la economía y después la educación.

El papel que ha de jugar la escuela se ha debatido ya y la UE y el resto de los actores de la globalización lo tienen claro: ser un apéndice del modelo económico. En ello tuvo una importancia decisiva Jacques Delors, expresidente de la Comisión Europea y autor del libro “La escuela encierra un tesoro” basado en el concepto de capitalismo cognitivo.

La influencia de estas organizaciones supranacionales en el desarrollo de los modelos educativos, sus conexiones y los intereses que las mueven han sido estudiadas en profundidad por Carrera y Luque en su obra Nos quieren más tontos.

El nuevo currículo es el mercado

De la mano de las recomendaciones y “libros blancos” de estos organismos y otros cómplices necesarios, el neoliberalismo asalta la escuela, que deja de ser un lugar donde se difunden saberes universales y se convierte en una fábrica de futuros asalariados formados en una suma de competencias parciales orientadas a la competitividad empresarial, impuestas por el mercado y que serán válidas en la medida en que sean útiles a la patronal. Se forma así, a los alumnos y las alumnas para un mercado laboral precario, cambiante e imprevisible propio del capitalismo tardío. Esas competencias les permitirán un continuo cambio de empleo, sin dejar nunca de ser trabajadores y trabajadoras en constante riesgo de paro.

Ya no se trata de saber, sino de saber hacer, se pasa de la lógica de los conocimientos a la lógica de las competencias. Buenas noticias para el Gran Capital y malas para todos los demás. La escuela se traiciona a sí misma y se pone a los pies del mercado.

Cierto es que la educación es necesaria para el desempeño de la vida profesional, pero no solo esto, sino también para llevar una vida política, social e intelectual tan rica, variada y plena como sea posible, gracias a una cultura que enriquece personal y colectivamente. La emancipación por el conocimiento, según los ideales que la izquierda defendió antes de olvidarse de ellos.

Alumnado del Colegio La Corredoria. FOTO: Pablo Lorenzana

Ahora bien, adaptar los sistemas educativos a las necesidades del mercado debería al menos reducir el desempleo. Sin embargo, la realidad es otra y como apunta César Rendueles en Contra la igualdad de oportunidades, encontrar trabajo depende en gran medida de las redes sociales (entendidas en el sentido clásico del término). Una gran cantidad de ofertas de empleo ni siquiera salen a la luz y se difunden en círculos restringidos, en España en torno a un 75% y ascienden a un 85% en el caso de los puestos de dirección, según este autor.

Concepción ultrautilitarista del saber

Una de las consecuencias de la mercantilización de la escuela es la reducción del conocimiento a lo estrictamente útil, una acumulación de saberes prácticos. En el nuevo modelo educativo queda poco margen para todo aquello que no tenga una rentabilidad más o menos inmediata en términos económicos y especialmente para el aprendizaje humanista.

Ya Nuccio Ordine nos habló de La utilidad de lo inútil, no es necesario repetirlo.

El filantrocapitalismo educativo

El capitalismo de nuevo cuño coloniza los espacios interiores, esto es, los servicios públicos. El artículo 122 de la LOMLOE promulga que los centros públicos podrán obtener “recursos complementarios”, lo que supone abrir la puerta a los fondos privados y convertir la escuela en un nuevo espacio de negocio. Las multinacionales se frotan las manos.

Escuela de El quirinal, Avilés. Foto: Tania González

Ya tenemos grandes corporaciones acechando el sistema educativo a través de sus fundaciones con proyectos como EduCaixa, Endesa Educa, Educared de Telefónica, o Aprendemos Juntos del BBVA que ofrecen cursos de formación para docentes, recursos digitales gratuitos, programas para el desarrollo de competencias, organizan charlas, concursos y premios de excelencia para profesores estrella y un largo etcétera. Acciones que diluyen cada vez más las fronteras entre lo público y lo privado y que lógicamente no son inocentes ni neutras, sino que responden a los intereses de estos grupos corporativos.

Mención especial merece el filantrocapitalismo digital, imparable desde la pandemia del Covid-19. Las llamadas GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) han encontrado la vía de entrada a la escuela donando capital, plataformas y apps para digitalizar los sistemas educativos, pero la cantidad y valor de los datos que recogen en este proceso es enorme. Su filantropía esconde el gran negocio del siglo XXI: los datos de todas las futuras generaciones de consumidores.

En paralelo a esta mercantilización de la escuela se ha construido todo un entramado pedagógico basado en las emociones, la innovación y el uso de las TIC que tiene la virtud de adecuarse a los objetivos de ese modelo de escuela neoliberal.

La educación emocional y el profesor-orquesta

En el ámbito escolar el concepto de educación emocional es omnipresente. En el tipo de enseñanza que ambiciona la sociedad moderna líquida, el profesor se convierte en una suerte de coach emocional capaz de atender de manera simultánea a todas y cada una de las muy diferentes y variadas motivaciones, deseos, intereses, preocupaciones y capacidades del alumnado. Del profesor se espera también que sea un animador, una especie de hombre-orquesta que toque todos los instrumentos a la vez para evitar el aburrimiento de sus alumnos. Se impone una visión lúdica de la escuela, a la par que una infantilización de los niveles superiores, el saber ha de ser divertido y no ha de costar esfuerzo. En cuanto a la adquisición de conocimientos (reducidos a su mínima expresión), una aplicación torticera del método constructivista relega al profesor al papel de mero acompañante en un proceso en el que, según la utopía pedagógica, el alumnado reconstruye todos los saberes del universo de manera espontánea, como si estos colgasen del árbol del conocimiento esperando ser recogidos como fruta madura. El alumno ya no aprende, sino que “aprende a aprender”, supuesta panacea pedagógica cuyos efectos han resultado ser muy limitados.

Del docente ya no se espera que transmita saberes y lógicamente, este profesor mitad gurú, mitad orquesta, pierde reconocimiento social.

El culto a la innovación

La innovación que fue tradicionalmente sinónimo de transgresión se ha convertido ahora en norma impuesta desde arriba. Es el nuevo dios, mantra pedagógico repetido ad nauseam que consiste en la concepción de ideas insólitas, nunca antes sugeridas por otros, puestas en práctica a través de una serie de técnicas motivadoras, estimulantes y lúdicas designadas con confusos anglicismos: flipped classroom, design thinking, blockchain, gamificación, … mezcla de presunción y vaciedad, cuyo único valor demostrado es su novedad y no su calidad. A nadie se le ocultará que la innovación puede producir tanto resultados positivos como negativos y a veces, el rey va desnudo.

Como consecuencia de esta concepción de la innovación, la escuela se ha convertido en una tienda de novedades donde se pueden encontrar proyectos y productos (nótese la utilización de la jerga empresarial) cuya vida es necesariamente muy corta, pues lo nuevo rápidamente se convierte en viejo, siendo sustituidos por otros productos y proyectos novedosos que también perderán su brillo en un instante y más temprano que tarde, serán desechados. Exactamente igual que le ocurre a cualquier otra mercancía. Ya Zigmunt Bauman se había percatado de que en la sociedad moderna líquida se espera que las cosas sirvan solo durante un tiempo y luego se hagan pedazos ¿Por qué la escuela habría de ser una excepción?

Uso intensivo de la TIC

También nos fascina la máquina. Internet y las nuevas tecnologías tienen bondades que nadie puede negar, pero una mirada dialéctica exige sacar a la luz lo que no es visible a simple vista. Las TIC son uno de los elementos centrales del nuevo modelo que penetran en los centros educativos en buena medida para servir a intereses económicos. Imaginen lo lucrativo que puede ser el negocio dada la magnitud de los equipamientos que son necesarios para implantar esta tecnología en todos los colegios e institutos y piensen también que se convierte a los jóvenes en consumidores constantes de esta tecnología, incluso en las aulas. El negocio puede ser redondo.

Previamente a su introducción en la escuela, era necesario estigmatizar la memoria y el esfuerzo que durante siglos fueron la base del saber y que, tras la campaña de descrédito, hoy se consideran una pérdida intolerable de tiempo y energía, pues ya no son necesarios, todo está disponible en la Red a golpe de click. El principal proveedor de saberes ya no es el profesorado, sino la Wikipedia. Las TIC entran por la puerta de los centros educativos y la memoria y el esfuerzo salen por la ventana.

Irracionalidad burocrática

Another brick on the wall: la burocracia. Hay un incremento constante de las tareas administrativas que llegan a convertirse en un fin en sí mismas, en lugar de un procedimiento con una finalidad concreta. El profesorado hace ya muchas primaveras que invierte la mayor parte de su tiempo en realizar trámites burocráticos como parte de un proceso interminable de estupidización del trabajo que generaliza entre los profesionales de la enseñanza un sentimiento de alienación, pues no hay nada más desmoralizante que deslomarse haciendo una tarea absurda. Actuamos como un cuerpo de secretarias y secretarios que ponen en escena de la ley de la trivialidad de Parkinson: “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia”.

Tal vez la intención sea tenernos adormecidos con tareas inútiles, una vez discapacitado el alumnado, al privarle de los conocimientos, toca discapacitar al profesorado. Como al Limónov retratado por Carrère, que encerrado en una cárcel rusa era obligado junto al resto de presos a achicar con vasos de agua, charcos que se renovaban constantemente con la lluvia. Pronto comprendió que lo propio de aquel trabajo era que no servía para nada.

Un laberinto de procedimientos burocráticos estandarizados que llevan al profesorado a perder su condición de artesano, convirtiéndose en trabajadores sometidos a una disciplina taylorista como ya hizo notar Christian Laval en La Escuela no es una empresa y, olvidando que educar es más un arte que una ciencia.

La Escuela como fetiche

La escuela es la nueva Tierra Prometida, la Jerusalén Celeste. Ha llegado a convertirse en el remedio cervantino para la mayoría de los problemas de la sociedad actual: el sexismo, la delincuencia, la exclusión social, el medio ambiente, los conflictos, la incertidumbre, la brecha entre ricos y pobres y casi todo lo demás. Habría que moderar las expectativas, pues fetichizar la educación supone rehuir el debate sobre las condiciones económicas y sociales de las familias y sirve para que no se implementen otro tipo de medidas sin las cuales la tarea educativa no puede tener éxito.

Por un lado, bálsamo de fierabrás capaz de curar todos los males del ser humano y por otro chivo expiatorio, responsable de cualquier falla del sistema, lo que justifica la aplicación de reformas y contrarreformas, unas y otras realizadas en nombre de una supuesta mejora de la calidad educativa, que, de todas formas, significa cosas distintas para distintos observadores.

La incapacidad de la izquierda para articular un discurso alternativo ha permitido el avance de estas fuerzas destructoras que han reducido la escuela pública a cenizas.

Termino como empecé, la escuela pública ha muerto ¿Quién la mató? ¿Jacques Delors, La UE, el Gran Capital, el dogma pedagógico, la posmodernidad, Telefónica, Bill Gates, Wert, Celaá, el rebaño desconcertado, …? Entre todos la mataron y ella sola se murió. Se viene una nueva escuela convertida en fábrica de futuros asalariados y emprendedores precarizados y desculturizados. Esperamos de ella que al menos muera matando.

Actualidad

7 COMENTARIOS

  1. Hatajo de tonterías neorrancias, reaccionarias y fachosas. Espere que que ganen las elecciones el PP y Vox y arreglarán la escuela a gusto de la autora. Es vergonzoso que Público publique estas cosas.

  2. Totalmente de acuerdo. Hay además una especie de competición en las redes sociales (las de ahora) para ver quién y qué centro hace la actividad más innovadora, más lúdica, más competencial… A veces me parece más un acto de vanidad por parte de los docentes/equipos directivos que un empeño real porque el alumnado aprenda.

  3. Coincido con su exposición, a la que acompañaría de infinidad de situaciones del día a día que confirman su veracidad. Hay compañer@s en los equipos directivos y claustros que participan gustosamente en esta gamificación/farsa aunque se supone que las nóminas percibidas no son en concepto de juego.
    ¡Ánimos y un saludo!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

https://www.nortes.me/wp-content/uploads/2023/03/300x486.gif