Un gafe en el PP

La designación de Diego Canga abre una enorme crisis interna

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Quédense con una imagen. Son los afiliados del PP, incluido el Alcalde de Oviedo, levantados de sus asientos, segundos antes de que Diego Canga les exhorte a lanzar vivas por Asturias, España y el Rey durante el acto celebrado en el Auditorio Príncipe Felipe. ¿Todos levantados? En realidad, todos menos uno. Hay un gallego llamado Alberto Núñez Feijóo que, en cierta manera, se muestra estupefacto, apurado por una situación sobrevenida. Se diría que no sabe muy bien qué hacer en ese instante. Como todo hombre de derechas, consume los últimos segundos abotonándose la chaqueta y llevándose las manos a los gemelos. La elegancia de la derecha suele ser aburrida y previsible. Carece del sentido de la improvisación. Diego Canga concluye su discurso y Núñez Feijóo con rostro resignado nos invita a recordar uno de sus twits: “Si nos dicen “viva Galicia” respondemos “viva Galicia”, si nos “dicen viva España” respondemos “viva España… pero después de todo eso habrá que hacer algo mas, ¿no?”.

El aterrizaje de Diego Canga no ha tardado ni 24 horas en abrir una crisis interna en el seno del PP. El director de la Oficina Europea Agroalimentaria ha llegado a Asturias de la peor manera posible: haciendo ostentosidad de su cargo y sin más receta que la alquimia fiscal de las rebajas tributarias. Los diez mandamientos que carga son el viejo dogma ultraliberal embarnecidos de cierto resabio con aires de listillo europeísta que encaja bastante mal con la estrategia de los populares europeos y, directamente, no encaja con la estrategia de los populares en Oviedo. Su llegada, lejos de cohesionar al partido, lo único que ha conseguido es abrir fisuras en el Arca de la alianza popular. Los popes han preferido replegarse y observar desde sus trincheras la caída del elegido.

Este jueves acudió al Polideportivo de Pumarín para disfrutar del partido de baloncesto que disputaba el Oviedo Club Baloncesto. Enfundado en la camiseta azul, Canga ya está en campaña, pero en el PP las cosas no están tan claras. Camina rodeado de muñidores, pero todos sospechan que está maldito. Dicen que escucha demasiado a Pablo González, el hombre / corcho que aspira a ser candidato popular en Gijón y eso genera demasiadas suspicacias. Alguno compañeros también creen que el hombre comunitario trae mala suerte, pero el Oviedo lograba una ventaja de 10 puntos en el segundo tiempo sobre el HLA Alicante. Corre como la peste que el europeo ha reunido a su alrededor a demasiadas personas que se odian entre sí, un sanedrín con voces discordantes que sólo lograrán afinar cuando el coro se ponga a cantar el requiem. Mientras tanto, se mantendrán callados con la cheira en la boca.

Elías Bendodo, Queipo, Feijóo y Canteli. Foto: Iván G. Fernández

En el baloncesto no caben individualidades. Es un juego de equipo. El partido contra el HLA Alicante, aseguran los seguidores, es fundamental para el Oviedo. En uno y otro equipo corren como gacelas auténticos titanes. La vanidad de Canga está también a su altura y sólo ha conseguido que se abran más las aguas del Mar Muerto a su paso por Oviedo. Camina como un Moisés pastoreando a su pueblo desde Bruselas. Su mensaje apocalíptico parece haber contagiado el aire de la cancha y los visitantes remontan al tercer tiempo el partido. Los que conocen los cimientos del PP temen que de aquí a las elecciones vuelvan a caer en el abismo sin haber alcanzado antes la tierra prometida. Los viejos profetas del PP desconfían y alguno ya se resigna a otra derrota. Como ha afirmado un veterano cargo político, después del acto del lunes, “Canga se ha colocado más medallas que un mariscal norcoreano”.

Al Secretario General del PP asturiano, Álvaro Queipo, sólo le queda gestionar la crisis de la manera más discreta posible. Se atisba en el horizonte otra crisis, impuesta desde la dirección nacional de Núñez Feijóo. Como decíamos al principio, no todo el mundo en la grada tiene claro que Canga haya sido la mejor opción para las próximas autonómicas. Creen que es gafe y arrastrará con su mala suerte al Alcalde de Oviedo. En el cúmulo de desaciertos, el Presidente del PP en Oviedo, Agustín Iglesias Caunedo, se siente ninguneado. En los mentideros y rincones de la capital creen que no le importa perder en estas elecciones la ciudad, si a cambio se regeneran las siglas y se refuerza la cultura interna del partido. A Canteli tampoco le quieren los suyos. El reinventado PP sin fisuras que iba a ganar las elecciones en Asturias comienza a resquebrajarse. El equipo alicantino ha remontado y en ocasiones se sitúa por encima del Oviedo. Alguna grieta se ha dejado entrever en las declaraciones de Javier Cuesta, concejal de Economía de Oviedo, hombre de Caunedo en franca retirada, cuando reconoce esta semana al diario La Nueva España que en el PP de Asturias hay talento para asumir la responsabilidad de Diego Canga y que “sería una pena que no lo dejen desarrollarse”.

Agustín Iglesias Caunedo y Teresa Mallada con Pablo casado. Foto: Twitter del PP.

La honestidad de Javier Cuesta se extiende al mayor problema del PP en Asturias. Todavía no ha celebrado un congreso desde que Teresa Mallada fue nombrada su presidenta. “El problema es que el PP regional está en una situación anómala que hay que resolver”-afirma. “Su futuro lo tienen que decidir los afiliados de Asturias. Seguramente, si hubiéramos tenido un congreso en tiempo y forma, porque llevamos dos años esperando, una parte de lo que hemos vivido en estos meses no habría sucedido. Los afiliados no pueden estar contentos si un derecho fundamental como es el de elegir democráticamente a los órganos del partido, no se ha podido ejercer en los tiempos en que se necesitaba”.

En la FSA creen que la mejor campaña electoral es un micrófono en la boca de Diego Canga. Otros piensan algo mucho peor: que es un gafe y sólo hundirá un poco más al partido. En el baloncesto, como en la política, se necesita un poco de suerte y bastante determinación. Al PP de Álvaro Queipo le faltan las dos cosas. En el capitalismo de casino, no se teme al dinero ni a la sangre, pero se huye de la mala suerte como alma que lleva el diablo. La bufa se ha instalado en Azcárraga, 26. Y la culpa la tiene un gallego. Por cierto. El Oviedo Club Baloncesto perdió por un punto, 68 a 69, en los últimos segundos.

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