La casa rectoral de Santa María del Naranco: crónica de un proyecto de especulación

De un modo u otro el arzobispado de Oviedo está decidido a hacer negocio con un edificio ruinoso.

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Ignacio Fernández del Páramo
Ignacio Fernández del Páramo
Arquitecto especializado en urbanismo (ETSAC). Edil de Somos Oviedo/Uviéu. Concejal de Urbanismo y Medio Ambiente en el mandato 2015-2019.

Era el año 2017 cuando la Consejería de Cultura del Principado de Asturias envió un informe demoledor al Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu poniendo fin a las pretensiones del arzobispado de rehabilitar la casa rectoral frente a Santa María del Naranco. La Consejería esgrimía tajantemente que “la casa parroquial compite en presencia con el palacio prerrománico” y por lo tanto se incumplía el artículo 58 de la Ley de Patrimonio Cultural que determina que “en los entornos de protección delimitados, las intervenciones y los usos no pueden alterar el carácter arquitectónico y paisajístico del área, ni perturbar la contemplación del bien”. El informe iba mucho más allá y alertaba de la posibilidad incluso de la perdida de la catalogación como Patrimonio de la Humanidad que es evaluada cada cinco años por el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO y por lo que no cabía la colocación de un edificio a menos de 100 metros del monumento prerrománico, dado que “una alteración en el entorno de estos dos bienes (Santa María y San Miguel) que este comité considere grave podría derivar en la exclusión de los mismos de esta categoría”.  Por si esto fuera poco, el informe continuaba recordando que el Plan Especial del Entorno, así como en el Plan General de Ordenación actual, señalaban que el edificio debía de demolerse pues era necesaria la “eliminación de elementos, construcciones e instalaciones que no cumplen con una función directamente relacionada con el destino o características del bien y supongan un deterioro de ese espacio”, recordando también que se pretendía edificar sobre suelo designado como “zona verde” y por lo tanto no urbanizable.

Para la Consejería, el edificio ya no tenía tal consideración ya que se encontraba en estado ruinoso según testificaban en numerosos expedientes desde hacía mucho tiempo. Esta posición era la que venía manteniéndose desde hacía años en los informes municipales anteriores al de Cultura, los cuales establecían que no eran admisibles las obras o actuaciones que superen las obras de conservación y mantenimiento, y mucho menos se podían permitir las obras de restauración de edificaciones existentes en suelos de especial protección y, por lo tanto, la propuesta de rehabilitación no era viable ni legal urbanísticamente. Lo cual es lógico si pensamos ese solar está previsto que se convierta en un parque público que la administración tendrá que comprar o expropiar, por tanto, ésta no va a ir en contra del interés general y dar una licencia que ocasionaría un incremento sustancial del valor. 

Casa Rectoral de Santa María del Naranco. Foto: TPA

Todo apuntaba a que la intención lucrativa del arzobispado de hacer una lujosa vivienda frente a Santa María del Naranco terminaría en ese punto, pero la persistencia de sacar algún tipo de aprovechamiento a través de usos residenciales, previsiblemente para su venta o alquiler de la que sería la vivienda con las mejores vistas del concejo y sin duda una de las más valoradas comercialmente, terminó en un periplo por los tribunales otorgándole la razón a la administración local y autonómica. Parecía sentenciado, pues, que el único futuro de la edificación parroquial sería lo que estaba plasmado en el planeamiento que dejó Gabino de Lorenzo hacía unos treinta años atrás, y terminaría derribándose y convirtiéndose en parte del gran parque que rodeará en un futuro los Monumentos del Prerrománico.

Pero cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana… y si no hay ventanas siempre estará algún gobierno como el de Canteli dispuesto a abrir en la fachada, aunque sea a martillazos, una nueva abertura. Así que el bipartito del PP y Cs se puso a trabajar en pro del interés particular y en contra del general. La nueva estrategia consistiría en cambiarle la calificación del suelo y permitir los usos de dotaciones privadas o equipamientos a la parcela aprovechando la revisión del Plan General en curso. De esa manera se posibilitaría la rehabilitación del edificio y la administración (es decir todas y todos los vecinos de Oviedo/Uviéu) tendría que comprarle o expropiarle no una ruina sino un inmueble de 189 m2, y si esto no salía, quizás algo aún más jugoso, una dotación privada museística frente al icono de Asturias, mucho mejor situada que la actualmente existente.

El propio arzobispado anuncio en mayo del 2021 en una nota de prensa que había presentado al Ayuntamiento un proyecto para hacer un “Espacio de Acogida y Atención al Visitante de los Monumentos” para la casa rectoral y en el mes de diciembre de ese año se podía observar en la exposición pública del Documento de Prioridades del PGO del gobierno de Canteli que la única novedad que se introduce en el Naranco es precisamente esta pequeña modificación: permitir que el suelo donde está esa parcela pase de “zona verde” a suelo de “equipamientos o dotaciones”. Pero todo este pelotazo urbanístico necesita su dosis de paciencia, dado que cualquier revisión de planeamiento es larga. Aún está sin realizar la aprobación inicial y la aprobación definitiva del Plan General de Ordenación tardará años en aprobarse.  

Esto es lo que hace que sean tan extrañas las informaciones en medios que anuncian la concesión de una licencia ilegal, pudiéndonos encontrar ante uno de esos casos de corrupción urbanística que termina en los tribunales y medios de comunicación nacionales, y tratándose del patrimonio de la humanidad quizás incluso internacionales. También puede ser que el Gobierno de Canteli haya encontrado una milagrosa fórmula legal para conceder esta licencia. En ese caso la Iglesia habría conseguido trasmutar el barro en oro y pasase lo que pasase terminaría sacándose un importante aprovechamiento económico de lo que hace apenas unos meses eran unas ruinas. Ya sea para convertir esa edificación en el Parque del Prerrománico o en un equipamiento público, tendríamos que expropiar, es decir pagarle entre todas y todos los vecinos, una importante cuantía a la Iglesia. Aunque quizás desde el arzobispado prefieran quedarse con la gestión de la explotación turística, la cual suponemos cuente con un recinto hostelero de esos que tanto le gustan al alcalde carbayón, con terraza y todo, donde pueda reunirse el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO, con vistas a Santa María del Naranco y a la autovía de la Ronda Norte, mientras deciden si nos quitan o no a la ciudad el galardón de Patrimonio de la Humanidad.  

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