Adiós Karin

Al frente de LABoral no le favoreció ni el momento ni una Consejería de Cultura que da la impresión de ver el centro como una hipoteca del pasado.

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Román Torre
Román Torre
Artista visual afincado en Gijón, trabaja intensivamente con herramientas digitales de manera creativa y colaborativa.

Han pasado ya unos meses de su fallecimiento pero aún se siguen organizando eventos para recordar a Karin Ohlenschläger en diferentes ciudades e instituciones artísticas o culturales de toda la península. El último de ellos este pasado viernes en LABoral, el centro del que fue directora durante cinco años.

Su amplia trayectoria, paralela a la historia contemporánea de la unión del arte, ciencia y tecnología en nuestro país, la hace una persona clave en muchas de las iniciativas y transformaciones que fueron diversificando y ampliando la mirada artística hacía campos que hace décadas, el mundo del arte o la cultura consideraba en general ajena a sus prácticas o pretensiones.

De entre todas esas organizaciones culturales en las que estuvo involucrada en sus últimos años, lo/las artistas de la región tuvimos la suerte de tenerla al cargo de LABoral centro de Arte, donde desarrolló una labor que pretendía integrar el trabajo cultural local con los retos sociales y tecnológicos de nuestro tiempo, a través de la mirada mucho/as artistas internacionales y relevantes del momento.

Un momento del homenaje.

Con rotundidad no le favoreció el momento, ni por el tiempo en suspenso de pandemia ni por el acompañamiento en su gestión por parte de una consejería de cultura tradicionalmente menguada y de escasa relevancia en los planes de gobierno de la región y ciudad. Desde donde a veces todavía da la impresión de que considera LABoral, como hipoteca de un pasado al que se entiende que no se quiera volver, pero desaprovechando año tras año las oportunidades sobre el trabajo de una institución cultural pública relativamente reciente pero que se ha proyectado internacionalmente, como pocas instituciones culturales asturianas lo han hecho. Tampoco se es profeta a veces, fuera de su tierra, sin duda. Aún con la esperanza de que eso cambie.

Pero eso a Karín nunca le echo atrás y quienes tuvimos la oportunidad de trabajar con ella, sabíamos que ella seguía desarrollando su labor con esa tenacidad y ese amor que con el tiempo había desarrollado por Asturias. En sus palabras siempre amables, dirigidas a cualquier conversación con gente cercana, uno deducía rápidamente que ya consideraba este paisaje y paisanaje, su casa, independientemente de su destino LABoral.

Quienes la consideramos también vecina, no solo en el barrio, si no en la ciudad, también sabíamos que Karin era una persona peatonal, que su bagaje incorporaba una forma de vivir la ciudad y la vida con constancia pero sin acelerarla, algo a probar siempre. Alguien al que podías encontrar en cualquier rincón de la ciudad mientras ibas andando, en bici o practicando deporte y con la podías pararte a charlar de cualquier cosa y aprender en esos momentos, de su porte y formas elegantes, de su proceso de la conversación pausado y discreto. A la vez también me resultaba culturalmente enigmático, quizás por su carácter ante todo alemán, del cual desconozco totalmente sus puentes gestuales.

En definitiva, una persona sabia y sensible, con una gran vida que estoy seguro que mereció la pena ser vivida. Una gran pérdida para el tejido social y cultural de la ciudad y región.

Gracias por todo. 

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