La segunda mejor croqueta de jamón ibérico se hace en la cuenca minera asturiana

Fundado en 1931, Casa Chuchu se ubica en el valle de Turón, Mieres, un lugar que durante el apogeo de la minería llegó a tener 25.000 habitantes.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

La mejor croqueta de jamón ibérico está en la carta y los dos menús degustación del restaurante Ababol, en Albacete, cuyo propietario y cocinero, Juan Monteagudo, se ha proclamado este lunes ganador del popular concurso organizado por Madrid Fusión tras una final con siete participantes en la que la segunda posición ha sido para Natalia Menéndez, de Casa Chuchu, en Turón (Mieres).

El año pasado un artículo en El Periódico definía al establecimiento asturiano como “la gran cocina en el lugar inesperado”. Y es que Casa Chuchu es un chigre de toda la vida ubicado en el antaño valle minero de Turón, un lugar que en el momento de esplendor de la minería llegó a tener 25.000 habitantes, y que ahora ronda los 3.600 habitantes.

Croquetas de Casa Chuchu. Foto: Les Fartures

Con una historia industrial que se remonta al siglo XIX, el valle conoce un espectacular despegue en los años de la Primera Guerra Mundial y entra en decadencia en los 90 del siglo XX, con una fallida reconversión que amortiguó los efectos del fin de la minería, pero no logró generar una fuente de empleo alternativa.

Pozu Espinos, en el valle de Turón. Foto: Toño Huerta.

Tras el cierre de las minas Turón trata de reinventarse como espacio para el turismo de naturaleza, patrimonio y gastronomía. De su riquísimo pasado minero se ha recuperado el antiguo Pozu Santa Bárbara como espacio cultural, y también pueden visitarse el Pozu Espinos y el Pozu Fortuna. Una senda verde permite recorrer los 14 kilómetros del valle admirando los castilletes, bocaminas y otras infraestructuras de un conjunto histórico y natural que el Ayuntamiento quiere convertir con el tiempo en una suerte de museo al aire libre de la historia minera del concejo.

Casa Chuchu. Foto: Les Fartures

A pesar de la decadencia económica y demográfica, los habitantes de las cuencas mineras no han perdido el gusto por alternar y comer bien. De ahí que cada vez los restaurantes de las comarcas mineras estén adquiriendo mayor reputación dentro y fuera de Asturies. La reciente estrella Michelín para Monte, en San Feliz, Pola de Lena, este reconocimiento al buen hacer de Natalia Menéndez en Madrid Fusión, o Mario Argüelles, del mierense TC28, entrando en la final de pinchos del evento madrileño, hablan del nombre que está empezando a coger la gastronomía minera.

Natalia Menéndez con su hijo Rafa. Foto: Les Fartures

David Castañón, crítico gastronómico y fundador de Les Fartures, destaca de esta casa de comidas, donde lo mismo pueden comerse unos tradicionales callos con patatas fritas que un rabín de gochu relleno de foie, con un coulis de albaricoque, que ha sabido aunar una parte de cocina tradicional asturiana con “innovación y nuevas ideas”. También su carta de vinos, “de las meyores de Asturies”, y como lo uno no está reñido con lo otro, “una sidra muy bien echao“. Para este defensor a ultranza de la gastronomía asturiana, el reconocimiento de Madrid Fusión solo confirma que Asturies es uno de los mejores lugares de España para comer croquetas y que se nota la escuela croquetera creada por Esther Manzano. El relevo está asegurado con Rafa, hijo de la pareja que regenta este local, y que se está formando en el País Vasco para coger con el tiempo las riendas de este negocio familiar que sigue combinando el menú degustación con una parroquia de siempre que sigue acudiendo todos los días a tomar una botella o unos vinos.

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