Vaya poema los POEM

Los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo garantizan la sostenibilidad de la acción humana en el mar, pero han provocado ataques de cofradías pesqueras y organizaciones ecologistas.

Recomendados

Juan Chaves
Juan Chaves
Es asesor de Convocatoria por Asturies.

Los océanos cubren el 70% de la superficie del planeta, son responsables de absorber el 31% de las emisiones antropogénicas de CO2 (causadas por la acción humana) y el 90% del exceso de calor generado por el aumento de emisiones. Es decir, nuestros océanos son un gran sumidero al que en raras ocasiones hemos prestado la atención que merece y, aunque su inmensidad le haga aparecer invulnerable, resulta que sufre de achaques similares a los que sufrimos en tierra firme: pérdida de biodiversidad, aumento de temperatura del mar, contaminación por plásticos, químicos y derivados fósiles.

La UE, consciente de la magnitud del problema, señala en sus planes para el desarrollo de la economía azul un aviso a navegantes, inconcebible hace tan solo un par de décadas, al decir que “La salud de los océanos es una condición previa para una economía azul próspera. La contaminación, la sobrepesca y la destrucción de los hábitats, unidas a los efectos de la crisis climática, suponen una amenaza para la riqueza de la biodiversidad marina de la que depende la economía azul. Hemos de cambiar de bordo y desarrollar una economía azul sostenible en la que la protección del medio ambiente y la actividad económica vayan de la mano”.

Pero una vez dicho esto, ¿qué es la economía azul? 

Es el término que se utiliza para concretar la actividad económica desarrollada en el ámbito marino y costero, englobando una amplia gama de actividades, como la pesca, la acuicultura, el transporte marítimo, el turismo costero, la energía renovable marina o la investigación científica y tecnológica.

España, cuenta con más de 1 millón de Km2 de aguas y 10.000 Km de costa, el conjunto de la economía azul genera, según datos de la UE, un valor añadido bruto superior a los 32.700 millones de euros lo que supone un 3% del valor añadido bruto y empleando a casi 1 millón de personas, un 5% del empleo nacional. Estas cifras son, porcentualmente,  superiores a la media de la UE, donde, por ejemplo, el peso de la economía azul en Francia es del 1% y del 1,4% del valor añadido bruto y el empleo nacional, o Italia, donde representa el 1,5% y el 2,3% respectivamente.

Y usted, querido lector, me dirá y con razón que por qué le cuento esto. Bien, esto viene porque hace escasos días el Consejo de Ministros aprobaba los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM), relativos a las cinco demarcaciones marinas españolas: noratlántica, sudatlántica, del Estrecho y Alborán, levantino-balear y canaria, con el objetivo de garantizar la sostenibilidad de las actividades humanas en el mar y facilitar el desarrollo de los sectores marinos incluidas la pesca o la eólica marina que son las protagonistas de esta historia.

El reparto y delimitación de estas zonas marítimas ha sido un proceso largo que comenzó en 2017 y debería haber finalizado en 2022, en el que han participado las CCAA y sectores implicados como el militar, el científico, el pesquero o el energético con el objetivo de garantizar la protección de los ecosistemas marinos, la biodiversidad y las especies sensibles y vulnerables, el resultado de este proceso son las 5 demarcaciones distribuidas por toda la geografía española que alcanzan en conjunto casi 5.000 kilómetros cuadrados, el 0,46% de las aguas nacionales, donde la mayor superficie corresponde a la demarcación noratlántica, con 8 zonas y 2.688,61 kilómetros cuadrados, la mayor parte de ellos en aguas gallegas.

Dentro de las demarcaciones mencionadas hay diferenciación según el tipo de actividad permitida, están las Zonas de Uso Prioritario (ZUP)  donde prima la protección de la biodiversidad, protección del patrimonio cultural, defensa o I+D+i; y las Zonas de Alto Potencial (ZAP), que pueden destinarse a la protección costera, la I+D+i, la actividad portuaria o el desarrollo de la energía eólica marina. Y es este último punto, el de la eólica marina, el que ha propiciado el anuncio de movilizaciones y solicitud de dimisión a la ministra Teresa Ribera por parte de las cofradías gallegas, asturianas, cántabras y vascas. Concretamente, la Federación Provincial de Cofradías de Pescadores de Asturias pide la “cabeza” de la directora general de Energía del Principado, Berlarmina Díaz Aguado, y apuntan también al consejero de Pesca, Alejandro Calvo, alegando que es mentira que las zonas asturianas autorizadas para instalar aerogeneradores hayan sido consultadas con el sector y piden informes científicos que avalen que no habrá impacto ni en la pesca ni en la biodiversidad marina.

Puerto de Llanes
El buque de dragado en el puerto de Llanes FOTO: Coordinadora Ecoloxista

Hasta aquí un episodio más de la batalla entre defensores de las renovables que apuestan por cumplir con los objetivos medioambientales impuestos en el desarrollo energético español y el lógico temor de un sector que entiende que el impacto de instalar aerogeneradores puede hacer peligrar su medio de vida. El acuerdo no es fácil porque cada parte defiende sus intereses, no siempre compatibles, por lo que se antoja difícil alcanzar un entendimiento entre ambas posturas, así que vamos a intentar dar un poco de contexto para que el lector saque sus propias conclusiones.

La eólica marina es bastante desconocida en España y no tiene la misma implantación que en el Mar del Norte, donde los eólicos son la norma. De hecho, Europa y concretamente esa zona son receptores de casi el 90% de los aerogeneradores marinos instalados en todo el mundo.

¿Pero por qué en España no tenemos casi eólicos? una de las razones principales es que la plataforma continental Española es muy estrecha y profunda comparada con la de las aguas del norte de Europa, con lo que los eólicos a instalar en nuestro país deberían ser flotantes (Offshore) al tener una profundidad demasiado grande para el anclaje. El problema es que hasta ahora esta tecnología estaba poco madura y, por lo tanto, no era rentable. Para que nos hagamos una idea, la profundidad media del mar Báltico son 55 metros, y en casi todo el mar del Norte inferior a 200 metros. La plataforma continental Cantábrica, por el contrario, mantiene profundidades entre 200 y 300 metros en sus primeros Km, hasta llegar al talud continental donde cae hasta los 4000 m de profundidad, con la dificultad técnica, aumento de costes y difícil retorno de inversión en la instalación de cualquier eólico. Pero al igual que la fotovoltaica, este es un sector que está en continua mejora tecnológica, y a día de hoy las empresas entienden que ya podría ser rentable instalar eólicos marinos en nuestras aguas a pesar de las dificultades que entraña.

Pero una vez que es viable económicamente la instalación encaramos la siguiente dificultad. Resulta que la flota del Norte (Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco) está compuesta por casi 5000 embarcaciones que tiene su zona de faena casi exclusivamente en esa estrecha franja que es la plataforma continental cantábrica. Para hacer la equivalencia, la flota pesquera combinada de Dinamarca, Bélgica, Países Bajos o Alemania, que viven en los aledaños del Báltico y el Mar del Norte, está compuesta por unos 4300 barcos. Bien es verdad que habría que entrar en la diferenciación del tipo de actividad que realizan cada flota ya que no es lo mismo la pesca artesanal, que es selectiva y respeta los fondos marinos, o la pesca arrastre, que es potencialmente destructiva con los ecosistemas sedimentarios, y que ha sufrido una reciente regulación que ha reducido los caladeros donde operar.

Y, por último, llegamos a la reclamación central, “los eólicos marinos destruyen el ecosistema marino y con ello los bancos de pesca”. Y la realidad es que no hay muchos datos en los que apoyarnos. Como decíamos antes, es una tecnología relativamente reciente, por lo que no tenemos muchos ejemplos vicarios de los que poder sacar conclusiones definitivas. Sí sabemos que la eólica marina tiene impacto, de hecho, toda tecnología tiene impacto, lo tiene un eólico marino, lo tiene un eólico terrestre, una central térmica y una mina de carbón, pero convendremos que la sobreexplotación, la contaminación y el cambio climático tienen un impacto infinitamente mayor que molinos de viento puestos en medio del mar.

Pero claro, si eres un pescador que tiene como modo de subsistencia la pesca en el Cantábrico, te importará poco lo dicho hasta ahora y querrás certezas sobre que esos molinos no acaben con tu medio de vida, pues como decía antes, aunque no hay mucha bibliografía, no quiere decir que no exista. En 2019, la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA) sacó un estudio titulado La energía eólica marina y la biodiversidad: una revisión de la evidencia, donde concluye que los impactos de la energía eólica marina en la biodiversidad marina son en general bajos y que se pueden mitigar con medidas adecuadas.

Greenpeace tirando piedras al mar
Greenpeace tirando piedras al mar | Greenpeace

Puede que aún así los pescadores sigan teniendo dudas razonables que seguramente ningún estudio pueda despejar y que será la propia experiencia la que determine cuál es el impacto real, pero hay que recordar que las zonas asturianas, después de la consulta pública, han visto reducido su tamaño en un 60% entre otras cosas para no invadir zonas pesqueras. También, que según otros estudios las zonas alrededor de los eólicos OffShore ejercen de criaderos naturales al ser zonas libres de pesca y que proporcionan un aumento de la biodiversidad que va permeando a los caladeros cercanos, pudiendo aumentar la pesca en zonas cercanas. De hecho, una de las acciones de protesta de Greenpeace es echar bloques de hormigón en zonas protegidas de UK precisamente para evitar la pesca de arrastre y generar así criaderos naturales.

Dicho esto, y disculpen el chiste malo, no está todo el pescado vendido, y yo, como hijo y sobrino de pescadores que conoce de primera mano los temores del sector, lo que queda es exigir que los estudios de impacto ambiental que determinarán la adecuación de la actividad en esas zonas tienen que ser lo más exhaustivos posibles para calmar ánimos y reducir así posibles errores, probablemente también haya que incluir compensaciones al sector, algo que seguramente contemplará la futura revisión del PNIEC como método de implicar a la población en el desarrollo energético, permitiendo compensaciones directas o incluso participación accionarial en proyectos renovables.

Aún así, y aunque no estrictamente aplicable a este caso, porque aquí si hay suficiente incertidumbre como para exigir la mayor rigurosidad, se ha instalado de un tiempo a esta parte un discurso nocivo, mayoritariamente desde una parte del ecologismo, que se plasma en el ya famoso “Renovables si, pero no así”, frase que cada vez que se dice hace que una mina de carbón sonría, porque en el fondo, lo que se está diciendo con ese lema es que si no quieres renovables así, lo que quieres es que se siga quemando carbón y gas, ya que son vasos comunicantes, a más renovables menos fósiles y viceversa, porque hay una fina línea entre fiscalizar el proceso de transición, siendo especialmente vigilantes con la especulación, el cuidado de los parajes naturales y la biodiversidad y ser Abe Simpson gritando a las nubes.

Actualidad