Mi candidata se llama Covadonga Tomé

Sigo creyendo, a pesar de todo, en el espíritu de aquella bancada morada de guerrilleras y guerrilleros parlamentarios que en 2015 tomó la parte alta del hemiciclo asturiano

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Fui una de las muchas personas que contribuyó a poner en pie Podemos Asturies, una más de las que en la década anterior hizo la travesía en aquel desteñido desierto político tratando de pintarlo de morado. Me sumé al proyecto cuando algunas compañeras y compañeros ya llevaban meses bregando y fraguando en la sombra un artefacto político que en Asturies y en el Estado español, sin el menor apoyo económico ni mediático, con el discurso y la rabia como principales recursos, llegó a ponerles los huevos de corbata a algunos oligarcas de las finanzas y a muchos vividores de la política clásica. De hecho, cuando Podemos empezó a hacer que temblaran los cimientos de la ‘Santa Cofradía Política del 78’ una parte del IBEX-35 se conjuró para crear “un Podemos de derechas”, como lo tildó finamente uno de sus promotores empresariales: buscaban un engendro político que regateara el descomunal descontento frente al bipartidismo con la vieja idea ‘gatopardista’ de hacer cambios para que nada cambiara. De ahí nació Ciudadanos que en paz descanse.

El caso es que por primera vez la izquierda transformadora amenazaba con convertir el torrente de puños en alto y de voces indignadas que clamaban en las calles, como siempre hicimos sin mucha resonancia institucional (voces en castañéu, dicimos n’Asturies), en una amenaza real si aquello desbordaba en las urnas al bipartidismo y a sus muletas parlamentarias: Izquierda Unida era la muleta que siempre tuvo a su alcance el PSOE para no cojear por la izquierda, para darle una pátina izquierdista a sus políticas, viejunas y gatopardistas.

Podemos Asturies brotó, básicamente, de las flores violetas que sembró la gente del movimiento 15M sobre el asfalto gris de las calles de las ciudades asturianas, y de la gente que defendió, desde el primer hasta el último día, el Centru Social Okupáu La Madreña en Uviéu. Flores que también regamos con nuestra experiencia gentes que veníamos de otros movimientos sociopolíticos tan distantes y tan cercanos como la insumisión, el sindicalismo combativo (el adjetivo no sobra, lo diferencia del sindicalismo amarillo, rastrero, combayón), el ecologismo, el feminismo, el colectivo LGTBI, el movimiento vecinal… Con todo eso se fue gestando una herramienta de acción política con la que anhelábamos asaltar los cielos y, por qué no decirlo, correr a hostias a la gentuza del IBEX 35 y a todo lo que representa. Era utópico, obviamente, pero la utopía sirve para seguir caminando, como decía, con palabras mucho más guapas y más certeras que las mías, el escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Espicha del grupo inicial de Podemos Asturies en un llagar de Xixón. FOTO: Iván G. Fernández

Yo por entonces ya cargaba con unas cuantas derrotas políticas y con varias decepciones ideológicas y, aunque me había prometido que no volvería a pisar ningún charco de partido, me sumé a la mareona, arrastrado por un entusiasmo contagioso. Hice aquella travesía del desierto con personas muy diversas y muy generosas a la hora de entregar su tiempo, su trabajo, su talento, su ilusión, su amabilidad, su solidaridad, su sonrisa (esa energía limpia y renovable), sus ahorros personales incluso… Se llamaban Ana, Xuacu, Emilio, Lucía, Nuria, Xune, Daniel, Laura, Nacio, Isabel, Kike, Estefanía, Andrés, Mar, Manolo, Lorena, Nicolás, Antón, Elena, Héctor, Rosa, David, Isabel, Mario, Covadonga, Pablo, Santiago, Diego, Tania, Orlando, Estefanía, Lluismi, Silvia, Primi, Mar, Julio, Beatriz, Celso, Rubén, Mariajosé, Félix, Fernando, Néstor, Manolo… Hubo infinidad de nombres, pero entre ellos no había ningún Rafa al margen de Rafa Velasco, que estos días anunció en Facebook que abandona Podemos Asturies, y tan respetable es su decisión como son sus argumentos y como fue su militancia. Si de aquella había algún otro Rafa arrimando el hombro, cosa que dudo, estaría a verlas venir en otro lugar, en otro continente, quizás aguardando con impaciencia (seguramente ya le picaba el niki a ese imaginario Rafa) que alguien reclamara su presencia y aclamara su llegada cual Simón Bolívar dispuesto a rebanar cabezas con su sable libertador, con su megalomanía y con ese descontrolado ardor que exhiben, para hacerse respetar, los conversos o los advenedizos de alguna causa.

Antes de que Podemos Asturies alcanzara las instituciones en las elecciones autonómicas y municipales de 2015 hicimos la travesía por el desierto electoral como Somos Asturies, que para mí fue la marca más genuina de este proyecto: asambleas inacabables, rondas de cervezas y botellas de sidra, pinchos de tortilla y pinchos de internet compartidos, la palabra encendida pero cercana, las manos teñidas de pintura de pancarta y de tóner de impresora, gaita asturiana y panderetes en manifestaciones en Asturies y en Madrid, bicicletadas por las calles de nuestras ciudades, ordenadores portátiles iluminando nuestras caras en los chigres donde parábamos y donde gorroneábamos el wifi, mítines multitudinarios que poníamos en pie a base de voluntariado que echaba cientos de horas para que todo estuviera perfecto… Porque de aquella ya estaba claro, según todas las encuestas, que íbamos a ser la segunda o la tercera fuerza política en la Xunta Xeneral pero no teníamos dónde caernos muertos, no teníamos perres ni siquiera para pagar una sede y había que echar mano de los bares amigos, de las tiendas amigas, de las manos generosas para abrir camino a aquel descomunal desafío.

Emilio León y Andrés Vilanova, en un chigre de Uviéu durante la campaña de 2015.

Iván G. Fernández y yo asumimos inicialmente el área de prensa y comunicación, con lo que suponía el verbo ‘asumir’ en tales circunstancias: dedicar más de medio año de dedicación exclusiva y no remunerada para tirar del carro de un proyecto en el que también otra gente había aparcado por completo su vida laboral. La compañera Mar Rodríguez se unió a nosotros y montamos un equipo de prensa que fue el mejor equipo de comunicación de todas las formaciones políticas que concurrían a aquellas elecciones (ahí está la peña de los medios con la que tratamos para atestiguarlo). Estoy orgulloso de haber formado parte de aquel equipazo y de haber formado parte de aquel proyecto político integrado por personas que no eran políticos, ni nunca quisieron serlo, pero que se atrevieron a llevar la política de la calle a las instituciones con descaro, frescura, rebeldía, dignidad, chulería y sin ningún lastre en la mochila.

Podemos Asturies superó los 100.000 votos en aquellas elecciones, nada menos que 100.000 votos (manca la madera, como dicimos n’Asturies). Conquistó nueve de los cuarenta y cinco escaños en la Xunta Xeneral y logró que, por primera y quizás por última vez, la izquierda transformadora lograra representación en las tres circunscripciones: Paula Valero por Oriente, Andrés Fernández Vilanova por Occidente y por la circunscripción central Emilio León, Lucía Montejo, Daniel Ripa, Rosa Espino, Lorena Gil, Enrique López y Héctor Piernavieja.

Diputadas y diputados de Podemos Asturies en la legislatura de 2015-2019. Foto: Iván G. Fernández

Yo, tengo que reconocerlo, pensé que en los primeros debates parlamentarios el Grupo Socialista, que se las conocía todas por zorrería y por gatopardismo, iba a comerse con patatas a nuestra gente, por inexperiencia, por candidez, por falta de picardía… Pero cada una y cada uno de aquellos nueve parlamentarios que salieron de las calles acabaron merendándose en alguna, o en muchas, de sus intervenciones parlamentarias al profesionalizado y parasitario Gobierno de Javier Fernández, con argumentario, con razones, con vehemencia y, cuando todo eso no bastaba, poniendo un par de ovarios o un par de huevos en la tribuna de oradores. “Tenemos una partida guerrillera en la montaña”, le comenté en una ocasión a un periodista de un medio influyente mirando con orgullo a la bancada morada del hemiciclo.

Me sentía representado por aquellos diputados, por aquellas diputadas que en la legislatura anterior defendieron lo que representaba Podemos Asturies, con todos sus matices y con todas sus diferencias (seis acabaron en el sector oficial, tres en el sector crítico, pero todas y todos eran de los míos). En esta legislatura que está a punto de terminar Podemos Asturies representa mucho menos, porque de nueve escaños pasó a cuatro y porque de esos cuatro escaños solo uno lo ocupa una mujer, Nuria Rodríguez, a la que, por cierto, han ninguneado unos y otros a la hora de rifarse las competencias y la portavocía. Pero me siento igualmente orgulloso de esa diputada y de esos tres diputados que ocupan y que defienden la corta bancada morada.

Esa bancada, es evidente, será aún más estrecha a partir de mayo, por la inercia electoral, por errores propios o heredados y por la deriva cainita de este partido. La dirección de Asturies y la dirección de Madrid, que vienen a ser lo mismo, tuvieron la siniestra idea, a poco más de dos meses de unas elecciones autonómicas y a nueve meses de unas elecciones generales, de expulsar del partido al ex coordinador Daniel Ripa, a Jorge Fernández (elegido como número cuatro de la lista electoral para el Parlamento asturiano) y a Andrés Fernández Vilanova, que fue, con Héctor Piernavieja, el diputado más joven de la anterior legislatura y el único diputado por Occidente ubicado a la izquierda del PSOE.

Acto convocado en Xixón por el Conceyu Cívicu d’Apoyu a Covadonga Tomé. Foto: Alisa Guerrero

Lo que está pasando en Podemos Asturies me genera tristeza, dolor y asco. Tristeza por la oportunidad perdida, y ahí son tan culpables unos como otros. Dolor porque hay gente a la que admiro y aprecio en los dos sectores irreconciliables. Y asco por los linchadores que tiran de la soga para colgar a compañeras y compañeros de un partido que no pertenece ni a los verdugos ni a las víctimas de este proceso: pertenece a la gente, y si pertenece a la gente no puede sobrar nadie. Asco porque los patíbulos son abominables, y porque siempre he pensado que quien intenta zafarse de un disidente interno eliminándolo es un débil político, un cobarde o un miserable.

Con Ripa y con Ron las tuve bien gordas (ellos lo saben). Con Rafael Palacios nunca tuve ningún conflicto, todo lo contrario: a Rafa lo admiré desde los tiempos en los que compartí con él militancia en el Bloque de la Izquierda Asturiana y en el Bloque por Asturies. Rafa me parecía un tipo honesto, valiente, sensato y coherente (él lo sabe). A día de hoy pienso que no merece ninguno de esos calificativos. Quiero pensar que lo respeté y lo defendí antes de que se convirtiera en un déspota y en un linchador, aunque también es posible, lo admito, que yo sea un tremendo ingenuo y un perfecto imbécil que no ha sabido reconocer al personaje desde el principio.

Rafael Palacios, ahora investido con los principales cargos de honor de la dirección autonómica y que se considera portavoz plenipotenciario de un partido que en Asturies se puso en marcha con la entrega y con el esfuerzo de muchísimas personas (entre las que nunca estuvo él), llegó a ocupar puestos de salida en la lista de Podemos Asturies gracias a gente que dio la cara por él y a la que fue acuchillando sin el menor reparo en su vanidoso viaje hacia ninguna parte. Se convirtió en portavoz parlamentario por circunstancias más accidentadas que accidentales, no pasó del quinto puesto en las primarias que configuraron la lista del Parlamento asturiano para las elecciones del próximo mes de mayo, pero aún así tuvo la desfachatez de salir anunciando recientemente con voz enfática (tan enfática que a mí me recordó aquel parte de guerra del 1 de abril de 1939 que hablaba de un ejército desarmado y cautivo) la expulsión del partido de Ripa y de Ron, dos tipos con los que tuve el honor de compartir aquella travesía por el desierto, y de Jorge, el número cuatro de una candidatura elegida por las bases democráticamente.

La expulsión de este último conllevaría que Rafael Abelardo Palacios García ascendiera un puesto en la lista y eso sería motivo suficiente para que aquel otro Rafa, el Rafa al que conocí y al que admiré en otros tiempos, se le cayera la cara de vergüenza y decidiera echarse a un lado. Yo creo que no es Ripa sino Palacios el que debería entregar su acta de diputado e irse a casa hoy mismo. Como decía la canción de Joan Manuel Serrat, “niño, deja ya de joder con la pelota”. A Rafa ya le quedan pocos palmeros y día a día le crecen los detractores: “Es el mayor enemigo de nuestro partido”, aseguraron ayer en los medios tres de las cuatro concejalas y concejales de Llangréu, su concejo.

Ricardo Menéndez Salmón, Daniel Ripa, Nuria Rodríguez y Rafael Palacios. Foto: Iván G. Fernández

Me quedo con la gente que no me decepcionó en este proceso, empezando por la diputada Nuria Rodríguez y siguiendo por el diputado Ricardo Menéndez Salmón, con los que tengo conexiones personales al margen de la política. No pertenecen al sector ripista pero salieron en la prensa diciendo, alto y claro, que no contaran con ellos para echar a ningún compañero o compañera de bancada, que no han venido a hacer política para eso. Nuria y Ricardo, que concluirán su etapa parlamentaria en mayo, dignifican sus actas de diputada y de diputado y para mí, en el plano personal, es importante su coraje.

Yo sigo creyendo en el Podemos Asturies del que hablo al principio de este artículo, en el que no sobraba nadie, en el que no había verdugos ni víctimas propiciatorias. Sigo creyendo en el Podemos Asturies que representan a día de hoy Covadonga Tomé, Xune Elipe y Laura Tuero, que fueron los nombres que decidieron los bases para encabezar la candidatura en las elecciones de mayo. No voté por ellos, no voté por nadie en ese proceso, pero me siento representado por ellas y por él, y en las urnas pronunciaré sus nombres con el mismo orgullo con el que le dije a aquel compañero periodista que teníamos una partida de guerrilleras, de partisanos, ocupando el lado indómito de la Xunta Xeneral.

La actual dirección asturiana del partido al parecer ha decidido tratar de asfixiar económicamente la campaña electoral autonómica de su propio partido (el mundo al revés). “Vamos a dejarnos la piel, con recursos propios, artesanales, poniendo lo que sea necesario. Grabándonos a veces audios o vídeos los unos a los otros y haciéndonos fotos caseras, poniendo nuestros coches y nuestra gasolina y nuestras horas parea llegar a todas las partes de Asturies”, dijo Covadonga Tomé este sábado en un acto en L’Arbeyal (Xixón). A ese acto no asistió nadie de la dirección asturiana, ni ninguna de sus correas de transmisión, pero el salón de actos se quedó pequeño, y allí no había solo ripistas ni covadonguistas, sino también gente de los más diversos movimientos sociales que, por una u otra razón, quieren y necesitan que Podemos Asturies siga teniendo voz propia en el Parlamento asturiano.

Yo me he puesto a disposición de esa candidatura para echar una mano en lo que pueda de aquí a mayo (redactando notas de prensa, enviando convocatorias, acudiendo a actos para grabar declaraciones o lo que me pidan), dado que la fantasmagórica dirección del partido en Asturies, representada al parecer por el cadáver político de Rafael Palacios, no está dispuesta a poner recursos humanos ni económicos al servicio del partido, de su propio partido. Ya no es mi partido, pero sigo creyendo en la gente que lo sustenta y sigo necesitando que haya una bancada morada, grande o pequeña, da igual, pero que sea digna.

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