Salas de cine contra el vaciado de Asturies

La recuperación del Fantasio de Navia demuestra que es viable la reapertura de salas cinematográficas fuera de los núcleos urbanos.

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Xuan García Vijande
Xuan García Vijande
Comunicador, barman, músico. Redactor musical en Cuarto y mitad.

A mediados del siglo XIX, el cinematógrafo llegaba a Asturies. Comenzaron siendo barracas itinerantes vinculadas a las fiestas y pasaron pronto a ocupar infraestructuras tan variopintas como teatros o parroquias. Entonces, la consolidación de esta forma de entretenimiento y el desarrollo técnico que implicó la llegada del audio con el desplazamiento progresivo del cine mudo, obligó a partir de los años 30 a la construcción de espacios dedicados ex profeso a la proyección cinematográfica.

La entrada en el siglo XXI estuvo marcada por distintos factores que hicieron cada vez más difícil el mantenimiento de los cines más humildes. El estallido de la crisis financiera en 2008, el trasvase demográfico desde lo rural a lo urbano y los gastos derivados del paso de la proyección en analógico al digital forzaron la caída de salas de cine, especialmente en los pueblos.

Paradójicamente, y pese a que el dispendio necesario para la transformación digital de los cines colaboró en la quiebra de algunas salas, el resultado se ha convertido en condición necesaria para su supervivencia. La proliferación en la producción cinematográfica hacía virtualmente imposible abastecer de cintas de celuloide a las salas más alejadas de los núcleos poblacionales más densos. No por nada, los anuncios señalaban que el público podría disfrutar de uno u otro estreno “solo en los mejores cines”.

Por esta razón, un cine con menos recursos, más alejado del centro, en una España que todavía tenía mucho que hacer en materia de infraestructuras de comunicación, no podía competir con las multisalas capaces de proyectar estrenos en las mismas fechas que Madrid o Barcelona. El cambio al digital, pese a exigir grandes inversiones en maquinaria, hace viable que se pueda ver una película recién salida al mismo tiempo en todas partes.

Hoy, algunos de esos territorios ven cómo sus antiguas salas de proyección pueden tener una segunda vida. El Fantasio de Nava, el Colón en Cangas de Onís o el Cinemar de Llanes son algunas de las salas en las que no se vieron estrenos durante años e incluso décadas.

Cinemar en Llanes
Cinemar de Llanes. Foto: Llanes.

Los naviegos recuperaron el Cine Fantasio de mano de Joaquín Fuentes. Él, con su empresa Proyecfilm, ha sembrado con el tesón de quien tiene un sueño la semilla cuyo fruto recogen casi una veintena de localidades españolas. La comarca del occidente asturiano forma parte de esos territorios que, tras perder sus cines, pudieron volver a sentarse en las butacas para ver pasar frente a sus ojos las historias que nos conmueven.

Fuentes creció amando el cine. Su acercamiento a la industria comenzó cuando aún era un niño. Como contó a El Confidencial en una entrevista de perfil, su padre era ayudante de cámara y vivía en la sala de máquinas del cine. Su madre dio a luz en esa misma habitación. Como si se tratara de una profecía, el destino de este empresario quedó inmediatamente ligado al de la gran pantalla en el mismo instante de su nacimiento. Pasó su infancia arrastrando un proyector en ese cine itinerante para el que una sábana era una pantalla y el público tenía que llevar sus propios asientos. Ríete tú de la cultura DIY (‘hazlo tú mismo’, por sus siglas en inglés).

Navia cumplía los requisitos que los promotores tienen a la hora de abrir una nueva explotación: que la localidad sea capital de concejo; que sea pequeña, pero no demasiado pequeña, entre 5000 y 15 000 habitantes —Navia cuenta con casi 9000—; y estar tan lejos de la capital, en este caso Oviedo, como para que nadie quiera abrir un cine. Además, es fundamental la colaboración público-privada materializada en un acuerdo de explotación con el Ayuntamiento para que el negocio sea viable.

Tras años de dimes y diretes, vueltas y más vueltas, como si alguien hubiera doblado un mapa de Asturies por la mitad y sus alas se vieran frente a frente, el Oriente también recuperará un espacio referencial para la cultura. Llanes, un concejo “de película”, como rezan rótulos en varios rincones de la villa costera, vio como el Cinemar cerraba sus puertas en 2002, tras 43 años. Su primera proyección fue el western Jubal, y la oscuridad se cernió sobre la sala llanisca tras los créditos de Darkness, de Jaume Balagueró. Desde entonces los estepicursores que atraviesan arenosas y desérticas carreteras salieron de la ficción.

Cine Colón | Foto: Turismo Cangas

Los cines de la calle Manuel Romano fueron adquiridos por la Corporación municipal para su transformación en un espacio polivalente, cultural y de congresos. Una situación similar atraviesa la antigua Colón, en Cangas de Onís. Para el gobierno local, el espacio que otrora fuera cinematógrafo puede convertirse en una fuerza tractora del turismo de congresos, lo que compatibilizarían con su condición de equipamiento cultural.

Sensación agridulce para los amantes del séptimo arte, ya que, si bien los edificios podrán ser salvados, su destino final no será la proyección cinematográfica. Comparten suerte con muchos de los 25 cinematógrafos que el Principado catalogó en 2015 para su protección. Muchas de las instalaciones se encontraban por aquel entonces en estados ruinosos, de algunas solo se conservaba la fachada, y otras perecieron tras su derrumbe, como ocurrió con el Teatro Cine Apolo en Pola de Lena. Otras fueron conservadas, aunque cambiaron radicalmente las actividades que se desarrollaban dentro de sus muros, como ocurrió con el Cine Helenias de Boal, ahora convertido en alojamiento rural.

La desaparición de un cine es una noticia triste. Implica el despido de personal, una aminoración de la oferta cultural, y es también un símbolo de la muerte de un territorio. Por eso, el encendido de un proyector en cualquier rincón de nuestra cada vez más esquilmada tierra nos saca cada vez más del atolladero demográfico que ensombrece el futuro. Parece obvio, pero en la configuración del reto demográfico debemos tener en cuenta la importancia de que las personas relacionen su tierra con el disfrute.

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