La Universidad de Oviedo homenajea a los guajes, los niños mineros asturianos

En los años de mayor esplendor de la minería asturiana, a comienzos del siglo XX, casi el 20% de los trabajadores de los pozos eran menores de edad

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Las fábricas y las minas europeas fueron durante las primeras décadas de la revolución industrial algo así como el Salvaje Oeste recién conquistado: no había normas ni límites en aquel festín de producción y enriquecimiento acelerado. La faz de la tierra y el carácter de las sociedades cambió absoluta e irreversiblemente en cuestión de años, pero suele omitirse el paisaje de fondo de aquella gran transformación. Un panorama dickensiano, de nieblas tóxicas, ríos de agua negra y niños enclenques cubiertos de hollín. En Asturias fueron los washers, los limpiadores de carbón, un término inglés ahormado por el habla popular hasta derivar en el emblemático “guaje”.

La Universidad de Oviedo ha querido homenajear en uno de sus espacios más nobles-la parte alta del claustro del edificio histórico-a esos niños enclenques y cubiertos de hollín que trabajaron por miles y durante décadas en las minas de la región. Hasta el próximo 3 de mayo se puede visitar la exposición fotográfica “Guajes mineros”, elaborada por la Fundación Obra Social del Montepío de la Minería Asturiana y Asociación Plena Inclusión Asturias.

Al acto inaugural de la exposición, celebrado esta semana, acudieron algunos de estos guajes que hace más o menos seis décadas entraron a trabajar en las minas teniendo 14 ó 15 años. Ellos fueron de los últimos, puesto que el trabajo infantil en las minas españolas fue casi erradicado a partir de la década de los 50, después de que las Naciones Unidas hiciesen una declaración al respecto en 1959. Pero solo casi: en 1961 un accidente en la Mina Miravalles, en Aller, causó la muerte de un adolescente de 16 años.

FOTO: Fundación Obra Social del Montepío de la Minería Asturiana

Aunque las primeras fotografías de la muestra se remontan a 1912, ya había menores de edad trabajando en las minas desde al menos 30 años antes. Los miserables salarios que se pagaban en la época obligaban a las familias a tener a sus hijos trabajando para llevar unas monedas a casa. No es casual que el proletario, siguiendo el origen latino de la palabra, sea aquel cuya única riqueza es la producción de hijos con los que nutrir a la industria o al ejército.

En 1885, de las 490 minas activas en Asturias, se contabilizan en total casi 900 niños empleados en el interior o en el exterior de los pozos. Quince años después, casi el 20% de los mineros que trabajaban en Asturias eran niños, y ese porcentaje se mantuvo casi exacto durante décadas. En el año 1920, cuando en Asturias había 34.000 mineros, algo más de 6000 eran menores trabajando en condiciones muy precarias y de gran peligrosidad.

Pese a lo abultado de la cantidad, lo cierto es que Asturias no era una de las regiones con mayor índice de trabajo infantil en las minas. Una investigación elaborada por Miguel Ángel Pérez de Perceval Verde y Andrés Sánchez Picón, “El trabajo infantil en la minería española, 1850-1940”, sitúa a Asturias como una comunidad con “un nivel intermedio” en el empleo de mano de obra infantil. Con los datos citados en el artículo, que analizan las plantillas laborales en explotaciones mineras de todo tipo-carbón, hierro, plomo, zinc…-, se coloca a las provincias de Córdoba, Jaén, Huelva y Vizcaya como las que menos niños emplean, con porcentajes de entre el 10 y el 14%. Esa cifra no superará el 20% en Asturias, pero sí en las minas de Almería y Murcia, donde ronda el 30 e incluso el 40% a finales del siglo XIX en esta última provincia.

FOTO: Fundación Obra Social del Montepío de la Minería Asturiana

En 1873 se aprueba una primera ley que busca erradicar esta práctica, pero solo en sus casos más extremos: se prohíbe trabajar a los menores de 10 años, y hasta los 13 solo durante 5 horas. A las niñas solo se les permitía entrar en la mina entre los 14 y los 17 años, cuando se consideraba que debían volver a casa para dedicarse a las tareas domésticas.

Una nueva ley en 1900 fue un poco más allá, y prohibió que los menores de 16 años desempeñasen cualquier trabajo subterráneo. Aunque la legislación era contundente, se impusieron los intereses de la industria-mano de obra barata- y las necesidades de las familias obreras-más salarios para alimentar a la prole. Lo habitual era que las familias falsificaban las partidas de nacimiento de sus hijos y las empresas hacían como que no se enteraban.

La exposición cuenta cómo sucesivas legislaciones, junto a la movilización del movimiento obrero, fueron erradicando el trabajo infantil en las minas de España, pero recuerda que sigue existiendo en muchos otros países. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un organismo de las Naciones Unidas, en el mundo hay en torno a 1 millón de niños y niñas de entre 5 y 17 años que trabajan en actividades relacionadas con la minería.

En total, más de 150 millones de menores de edad se ven obligados a trabajar en todo el mundo. La mayoría en países de Asia y África subsahariana, aunque el mundo desarrollado tampoco está libre del todo. Esta misma semana, el estado norteamericano de Iowa aprobó un proyecto de ley que contempla permitir a los jóvenes de 14 años trabajar en turnos nocturnos, a los de 15 emplearse en líneas de montaje y que los de 16 y 17 sirvan alcohol. No es extraño que esto ocurra: la mayor fantasía de las élites económicas es regresar al Salvaje Oeste de la desregulación total.

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