Ocho retos para un ocho de septiembre

Recuperar nuestra tradición de organización y lucha es imprescindible para afrontar los cambios que necesita Asturies.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

1. Hacer la sanidad pública asturiana grande otra vez

A la buena gestión de la Covid19 siguió un reguero de protestas de profesionales y usuarios por el deterioro de la calidad en la atención primaria. Un problema nuevo que se une a otros viejos, como las interminables listas de espera para operaciones y consultas con especialistas, así como el de la ausencia de la salud mental y la bucodental en la cartera de servicios que ofrece el sistema público.

El hecho de que Asturies siga estando muy arriba en los rankings de inversión pública per capita en salud no debería hacer olvidar los problemas estructurales que cada vez más lastran lo que no hace tanto era uno de nuestros motivos de orgullo colectivo.

La penetración de los seguros privados, aunque menor que en otras comunidades, ha crecido en los últimos tiempos entre la población asturiana, que con sus impuestos sufraga además en buena medida a la sanidad privada a través de los conciertos que el Principado establece con las empresas sanitarias. Reforzar la calidad de la sanidad pública y evitar una fuga de las clases medias a los seguros privados resulta estratégico para garantizar la cohesión social y evitar la evolución que se está produciendo en otros territorios hacia una sanidad pública low cost, asistencial, destinada únicamente a atender a los más pobres.

Hospital de Cabueñes. Foto: David Aguilar Sánchez.

2. Establecer una fiscalidad justa y progresiva para financiar un Estado del Bienestar avanzado

Las dificultades para lograr una plaza en una residencia pública o en una escuela de 0 a 3 años, los retrasos en el cobro de las ayudas al alquiler o el creciente problema para acceder a la vivienda, nos hablan del desajuste entre las demandas de la ciudadanía asturiana y la promesa autonómica de un Estado del Bienestar avanzado.

Asturies no goza de un nivel de bienestar suficiente como para seguir presentándose acríticamente como esa escandinavia cantábrica de la que los gobiernos socialistas tanto han presumido. Mejorar los servicios públicos asturianos pasa por ordenar prioridades presupuestarias, por ejemplo invertir en educación pública y desinvertir en concertada, explorar las posibilidades de una reforma tributaria que asegure una fiscalidad más justa y progresiva, así como orientar en la medida de lo posible los fondos europeos a proyectos destinados al común. Los servicios públicos, recordemos, no sólo generan igualdad y calidad de vida, sino también miles de empleos de interés social.

Escuela de El Quirinal, Avilés. Foto: Tania González

3. Luchar contra un cambio climático para el que no hay refugios ni subterfugios

El cambio climático lo cambia todo, y antes que especular con miradas cortoplacistas como la de ver en qué medida nuestra comunidad puede beneficiarse de ser un “refugio climático” ante las olas de calor que azotan a otras partes de de España, la sociedad asturiana debe comprometerse con el esfuerzo global de reducir sus emisiones contaminantes, tradicionalmente altas por el papel de la industria pesada en nuestra economía.

Foto: Iván G. Fernández.

Luchar contra el cambio climático obligará a modificar nuestra economía, nuestras ciudades, nuestra movilidad y nuestra vida cotidiana. Tendremos que renaturalizar nuestras calles con más árboles y vegetación, poner límites al automóvil, mejorar el transporte público, y en concreto nuestra desaprovechada red de cercanías ferroviarias, desplegar mucho más las renovables, reducir el consumo de energía y materias, así como consumir alimentos producidos más cerca.

Quienes viven de las industrias contaminantes no pueden pagar los platos rotos del imprescindible cambio de modelo

La descarbonización de nuestra economía puede convertirse en una oportunidad, como de hecho ya está ocurriendo con el pujante sector de la fabricación de estructuras para las energías renovables. La agricultura y la ganadería ecológicas, el transporte público, la industria del reciclaje o un sector de la construcción reorientado a la rehabilitación deberían ser sectores de futuro apoyados desde las administraciones.

El proceso obligará a hacer ajustes, y quienes viven de las industrias y sectores contaminantes no pueden pagar los platos rotos del cambio de modelo económico. Las comarcas y sectores laborales afectados por la descarbonización deben obtener a cambio alternativas y compensaciones para que realmente podamos hablar de una transición ecológica justa.

Trabajadores de Windar Avilés. Foto: Tania González

4. Cerrar de una maldita vez la brecha salarial entre asturianos y asturianas

Como media, un trabajador asturiano gana un 30% más que una trabajadora. Asturies está a la cabeza en España en brecha salarial. Acabar con esta desigualdad exige una intervención pública fuerte, por ejemplo mejorando las condiciones salariales en los sectores laborales más feminizados que dependen de las administraciones locales y autonómicas, como los servicios de ayuda a domicilio.

La parcialidad es una de las principales razones que están detrás de la desigualdad salarial. Las mujeres asumen muchas más medias jornadas para cuidar a sus familias. El 21% de las trabajadoras asturianas lo hacen a tiempo parcial frente a sólo el 5% de los hombres. Mejorar los servicios públicos de cuidados, como la ayuda a la dependencia, los comedores escolares o las escuelas de 0 a 3 años, revierte en que más mujeres opten a empleos a jornada completa.

No usar los presupuestos públicos para invertir en los sectores que generan más empleo femenino pone también de manifiesto que las políticas públicas nunca son neutrales desde el punto de vista de género.

Foto: Iván G. Fernández

5. Regular el boom turístico antes de que sea demasiado tarde

Asturies está de moda. Desde la pandemia las cifras del turismo se han disparado. Este verano, la tendencia, que viene de antes de la Covid19, ha llegado a su máximo histórico. Un éxito de décadas de políticas turísticas, al menos desde aquel emblemático Asturias, paraíso natural, y al mismo tiempo una amenaza. Y es que el turismo, como cualquier otra industria, genera riqueza, pero también problemas. Lo que los economistas llaman “externalidades negativas”. Toca regular ese flujo de visitantes antes de que sea demasiado tarde.

Limitar accesos a determinados espacios, frenar la proliferación de viviendas vacacionales, sobre todo en las ciudades, o aplicar una ecotasa a las pernoctaciones, siempre proporcional a su precio, son algunas de las estrategias ya ensayadas en otras latitudes para racionalizar el boom turístico o al menos compensar sus perjuicios. Existen más. Los poderes públicos deben poner coto a la industria del turismo para que está actividad esté al servicio de Asturies, y no a Asturies al servicio del turismo.

Campaña del Principado.

6. Cuidar el patrimonio que nos hace (un poco) diferentes

El pasado mes de julio moría en París el antropólogo Marc Augé, creador en 1992 del concepto de no-lugar. Un término acuñado por él para definir aquellos espacios que son casi idénticos a otros en cualquier lugar del mundo: aeropuertos, autopistas, hospitales, centros comerciales… La globalización ha supuesto la proliferación de los no-lugares y Asturies no ha sido ajena a esta tendencia uniformizadora. En este contexto las políticas públicas de protección de la diversidad cultural se hacen imprescindibles para limitar esta tendencia a la homogeneización.

La promoción del asturiano, cuya oficialidad sigue pendiente, la protección de la arquitectura popular, la rehabilitación de nuestro ingente patrimonio histórico e industrial o el cuidado de nuestros paisajes rurales y urbanos, pero también de su memoria campesina y obrera, serían diferentes facetas de ese combate por evitar la despersonalización de Asturies, es decir, su transformación en un aburrido y monótono no-lugar.

Manifestantes en una concentración en defensa de la ovetense fábrica de La Vega. Foto: Alisa Guerrero.

7. No convertirnos solo en un país para viejos

Somos la segunda comunidad española con más proporción de población emigrada. Muchos licenciados universitarios y muy poco empleo para ellos. ¿Estamos en los presupuestos autonómicos invirtiendo realmente en generar empleos ajustados a nuestra producción de titulados?

Asturies únicamente gana población entre los mayores de 60. Nos hemos convertido en un país para jubilados del mundo o asturianos que tras ganarse la vida en otros lugares deciden volver con su pensión a terminar sus días en su terruño.

Asturies debe ofrecer a sus jóvenes alternativas laborales interesantes, pero también vivienda asequible, servicios públicos de calidad, y pueblos, villas y ciudades con los suficientes atractivos de ocio y cultura como para quedarse a vivir en ellos. Emigrar puede ser una cuestión no solo de falta de expectativas laborales, sino también de ausencia de horizontes vitales deseables.

Jóvenes en La Felguera. Foto: David Aguilar Sánchez

8. Recuperar nuestra tradición de organización y reivindicación colectivas

Si algo caracterizó a la sociedad asturiana en el siglo XX fue su capacidad de autoorganización y lucha colectiva. Por cierto, ningún museo recuerda la historia de nuestro movimiento obrero y social. ¿Cómo es posible que no exista un espacio así en un lugar donde tuvieron acontecimientos de resonancia internacional como la revolución de 1934 o las huelgas del 62?

Cabeza de la manifestación del 8M en Mieres. Foto: Iván G. Fernández

Recuperar esa tradición de construcción en común, de asociacionismo, cooperación, sindicalismo y reivindicación sociopolítica, se hace imprescindible para empujar procesos de cambio que necesitan para llegar a buen puerto algo más que gobernantes con buenas intenciones.

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