Las guerras adrianas (V): acercarse a Foro es debilitar al PSOE de Gijón

Algunas fuentes internas, más de una y de dos, hablan de divergencias, de anomalías que no se acaban de comprender bien en el funcionamiento interno habitual de la FSA

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Retrocedamos unos días al pasado. Exactamente al día 4 octubre, fecha en la que Carmen Moriyón anunció la falsa salida de Vox del gobierno del Ayuntamiento de Gijón. Hubo reacciones muy diversas. Virulentas como las de Monchu García, secretario de la Agrupación Socialista de Gijón, parecidas como las de Adriana Lastra, Secretaria de Acción Política e Institucional de la FSA y complacientes y cercanas a Foro, como las de Adrián Barbón, Secretario General de la FSA, quien celebraba la ruptura y aproximaba posiciones a Carmen Moriyón de un modo inusitado, antes de saberse que Oliver Suárez (ex-Vox) continuaría detentando su acta de concejal y seguiría siendo presidente de Divertia. El volumen, la intensidad, la frecuencia en la que modularon cada uno de ellos su discurso fue diferente, representaba intereses distintos y expresaba objetivos divergentes, unos políticamente más honestos que otros.

Un segundo acto, nos lleva al momento en el que se produjo el gesto tránsfuga de Oliver Suárez. Entonces, la denuncia de Monchu García y Luis Manuel Floro también se intensificó. La de Adriana Lastra le fue a la par. En cambio, Adrián Barbón se mantuvo en un discreto silencio. Curiosamente, entre el primer acto y el segundo acto, se desarrolló un interludio llamativo, por no decir estridente, imposible de no tener en cuenta en esta reflexión. Aprovechando la ruptura del tripartito de Gijón, el Presidente del Principado le guiñaba un ojo al Secretario General de Foro, Adrián Pumares. Tras la salida de Vox del gobierno de Gijón, el uno le ofrecía al otro la posibilidad de pactar los presupuestos generales del Principado de Asturias. Y el otro, o sea, el diputado forista, a la postre Secretario General de Foro y único diputado en Fruela, se dejaba querer. El poder en Gijón, de pronto, pasó a ocupar a centralidad del tablero político asturiano. Se había convertido en una vulgar moneda de cambio.

Luis Manuel Flórez “Floro” y Monchu García, durante su comparecencia en el Ayuntamiento de Gijón

Pero la jugada era fina. Se puso en juego la política de hechos consumados, pero ese modus operandi dejaba tras de sí varias preguntas que los acontecimientos que se sucedieron después solaparon. Ahora, de un modo más tranquilo, conviene volverlas a formular. ¿Por qué Adrián Barbón se acercó antes a Foro que a Podemos y Covadonga Tomé? ¿Qué le impedía ofrecer a Podemos lo mismo que a Foro si hay más afinidad y sin que Gijón fuese moneda de cambio? ¿Por qué Barbón lo hizo sin tener en cuenta a su socio de gobierno, Ovidio Zapico? ¿Por qué no preguntó a la dirección socialista de Gijón que posición política mantendrían en esa coyuntura al respecto antes de acercarse?

Cuando la FSA se acerca a Foro en la calle Fruela, siempre se pretende debilitar la influencia de los socialistas de Gijón en la Plaza Mayor y, por lo tanto, en la FSA. Esa será una ley de la termodinámica de la política asturiana y gijonesa en los próximos cuatro años tan válida como el teorema de Pitágoras o el principio de Arquímedes. De manera que, a efectos orgánicos, después de lo acontecido, entre las agrupaciones locales de la FSA se tiene la impresión de que Barbón se apoya en su poder institucional para debilitar políticamente a sus organizaciones más poderosas, entre ellas, la ubicada en la calle Argandona. ¿Y por qué? Alguna explicación tendrá que dar en el próximo comité regional de la FSA.

Adrián Barbón y Adriana Lastra. Foto: FSA-PSOE.

Que Adriana Lastra y Adrián Barbón hayan mantenido dos discursos paralelos que no llegaran a tocarse ni siquiera en el umbral marcado por el horizonte pone de manifiesto que las cosas en la ejecutiva de la FSA están cambiando. Algunas fuentes internas, más de una y de dos, hablan de divergencias, de anomalías que no se acaban de comprender bien en el funcionamiento interno habitual de la FSA. La primera distorsión es la propia presencia de Adriana Lastra en la dirección de los socialistas asturianos, vetada como está por la Ejecutiva del PSOE con Santos Cerdán a la cabeza. Y eso explica que Lastra, en el órgano de dirección de la FSA comience a ser un problema para Adrián Barbón. Quizá el tiempo de Macbeth y Lady Macbeth juntos se acaba. También explicaría el acercamiento de la ex-vicesecretaria riosellana del PSOE a las posiciones políticas del secretario local del PSOE en Gijón o de otras agrupaciones que nunca fueron de su palo, mientras estas, sencillamente, se dejan querer. Lastra busca refugio, busca influencia, busca poder.

Esbozado el panorama y a la luz del proceso que pueda sobrevenir inmediatamente después de que Sánchez sea investido presidente de Gobierno, no es descabellado pensar que dentro de la FSA se esté conformando una nueva mayoría en la que el poder sindical por una parte (SOMA y UGY) y las agrupaciones territoriales, por otra, conformasen una nueva mayoría que sirviera de contrapeso al poder institucional que está ejerciendo dentro del partido el propio Secretario General. Estaremos atentos. Las guerras adrianas sólo acaban de comenzar.

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