Derecha xenófoba: más estrategia y menos lloriqueos

Sobre Ayuso, el racismo y el tráfico de odio cultivado por fachas.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

«Utilizar la inmigración con fines partidistas para sembrar cizaña en la sociedad es una absoluta irresponsabilidad. […] En tanto que partido con sentido de Estado, el PP debe atajar de raíz una estrategia tan irresponsable.» … Zzzzz … qué muermo. El editorial es de El País, pero podría ser de muchos otros medios y podía ser la declaración de un sinfín de políticos. Tienen razón, claro. Pero ese discurso tan aseado, lleno de tópicos y con olor a colonia y a domingo por la tarde no es forma de enfrentarse a una propaganda bien diseñada y financiada. Los asesores de Ayuso le dicen que proteste por que el Gobierno trate a los inmigrantes como fardos y los vaya soltando por el país de cualquier manera. Y solo con eso ya consiguen más que los acicalados discursos plañideros llenos de humanidad de la gente de bien. Ayuso sabe bien (permítanme la licencia de abreviar «los asesores de Ayuso» en «Ayuso» a secas; Ayuso no sabe nada, pero es más corto decirlo así), sabe bien, decía, que lo único que se oye y se recuerda de esa frase son las palabras «inmigrantes» y «fardo» y sabe bien que eso es lo que reproducirán los titulares. Y es justo lo que quiere, denigrar a los inmigrantes llamándolos fardos. Pero la hojarasca de palabras que no se recuerdan y que no salen en los titulares no se dijeron en balde. Puesta ante su responsabilidad pública ella puede decir que lo que dijo es que es el Gobierno quien trata como fardos a los inmigrantes (y quién sabe si se le caerían lágrimas por esos pobrecitos, como cuando no pudo contener el llanto el 26 de abril de 2020 por las víctimas de la COVID, un mes y tres días después de haber ordenado el protocolo de dejar morir sin asistencia a 7.291 personas, eso sí, todos ancianos, que su crueldad tiene un límite). Esa frase es un acto político eficaz que gana impacto cada vez que sus detractores la repiten escandalizados en discursos engolados en los que son aburridas hasta las preposiciones.

La xenofobia y el racismo son aspectos del tráfico de odio que los fachas cultivan en la indignación popular. Se basa eminentemente en la propaganda, no en la acción. No se genera odio pegando a inmigrantes, ya vendrá eso. Se genera odio envasando la ira en el odio a grupos humanos que tienen todo lo necesario para ser odiados: 1. Son visualmente identificables. 2. No tienen individualidad, son fácilmente deshumanizables: los chinos, los negros y los indios son todos iguales, como cualquier grupo que no seamos nosotros. 3. Son reductibles a estereotipos y bulos. 4. Su existencia debidamente injuriada ahoga todo tipo de descontento y protesta social en las injurias (violencia, robo, violación, bronca) que la propaganda les asocia; su existencia convertirá la represión en actuaciones contra el desorden de grupos amenazantes. 5. Fundamental: son débiles. Es importante que el don nadie, el pringado, de pronto se sienta fuerte, un héroe low cost defendiendo el fuerte. Tiene que sentirse a la vez amenazado y fuerte frente a la amenaza.

Santiago Abascal. Foto de Víctor Guillot.

Esto no se combate haciendo llamamientos a la cordura ni leyendo en voz alta párrafos de la Constitución. Detrás de esto hay dinero, hay oligarquías que cultivan la ira y luchan contra la democracia liberal, conservando su fachada exterior. Detrás de esto hay una propaganda que tiene estudiada la reacción biempensante y tiene anticipada su caricatura. Induce en los propios la convicción de que el grito expresa energía y de que la energía expresa convicción, de que el que grita tiene las ideas claras y no se deja manipular. En la mugre que gotea en la red social podemos ver a ejércitos de bobos que creen que encadenar insultos es razonar y sienten al acabar que le dieron un repaso a alguien a quien pusieron en su sitio. Esto se combate con método, no con lloriqueos alarmados.

Para empezar no se puede ser la caricatura asustadiza y santurrona que pretende la propaganda. La propaganda es provocativa y busca escandalizar. Me gusta enredar con las palabras del diccionario. El escándalo que busca el aparato de Ayuso y Vox, valga la redundancia, es el de la cuarta acepción del DRAE: asombro, pasmo y admiración. En la primera acepción del verbo escandalizar, el DRAE no anda fino. Dice que es causar escándalo, pero no es raro que un verbo derivado de un sustantivo exprese la acción correspondiente a una de las acepciones del sustantivo de partida, no todas. Escandalizar a la gente no es atiborrarla de ruidos, sino provocarle (por ruidos o por otras razones) asombro y pasmo. Ayuso y Vox quieren dejar a la izquierda en pasmo, aturdida, asombrada ante el atrevimiento, bloqueada y sin saber por dónde empezar. Quieren a la izquierda escandalizada y balbuceando responsabilidad, convivencia y sentido de estado. Y es lo último que la izquierda y los demócratas deben hacer: escandalizarse. El escándalo necesita la sorpresa, sin imprevisto no hay pasmo ni estupor. Nadie debe incorporar la sorpresa a la performance con que responda a cualquier desfachatez de la derecha. Ni la debilidad.

Se debe seleccionar el mensaje adecuado. No vale un mensaje verdadero y digno. Tiene que ser el adecuado. El mensaje de choque no es la tolerancia, el respeto y la igualdad. Esos mensajes de reafirmación de principios vienen después. El punto de choque no debe basarse en el mensaje antagonista, sino en quien lo emite, y debe encapsular la emoción negativa que da atractivo al mensaje xenófobo. El mensaje debe ser que Ayuso y los fachas te quieren convencer de que hay brujas para poder acusarte de brujería cuando rabies por no pagar el alquiler o cuando te quiten el médico; que si se rieron de 7.291 ancianos que murieron arañando las paredes, más te van a despreciar a ti; que el que te lo quita todo nunca es un débil y que cuando gurgutes serás tú el débil amenazante. No hay que repetir el mensaje xenófobo y ninguna de sus palabras, ni siquiera para denigrarlas: hay que ir hacia el emisor y denigrarlo como lo que es, como lo que son: los perros que sueltan las oligarquías para quitarte el médico y echarte de la vivienda. Así de expeditivo.

Mario Vargas Llosa durante su discurso de ingreso en la Academia Francesa. Foto de la RAE.

Están cultivando el clasismo desabrido sin contención. Vargas Llosa reitera que hay ricos y pobres porque hay «distintas capacidades individuales, imaginación, inventiva, concentración, diligencia, ambición, espíritu de trabajo, liderazgo». José Bono nos aburrió con la fábula de los dos hermanos que muestra que el que tiene dinero es porque lo ahorró y el que no lo tiene es porque lo gastó, a qué viene freír a impuestos al ahorrador. En la muerte de Emilio Botín, se lee en una columna firmada por Salvador Sostres en el diario El mundo que la muerte de un pobre solo importa a su familia, que la tragedia para un país es la muerte de un rico. «Lo fundamental en un país son sus ricos y la turba es intercambiable. Lo que da identidad, elegancia y distinción a un Estado son sus millonarios». Y de ahí debe arrancar el mensaje de choque. Eres turba y no importas porque eres lerdo, perezoso, falto de concentración y diligencia, porque no ahorraste. Esto es lo que creen y dicen de ti y así es como te tratan, y sueltan a desokupas descerebrados y mueven los labios de Ayuso para insultarte. Lo que dicen de los inmigrantes lo dicen de ti. La propaganda anti xenófoba tiene que ser de confrontación y denuncia, basada en análisis y principios correctos y debe empatizar con las emociones negativas de la desorientación y la pérdida de cada vez más gente. No se puede enfrentar una corriente marina que te aleja de la orilla nadando contra ella. Tienes que dejarte llevar y buscar tu oportunidad. Hay una ola de irracionalidad, mal gusto, ruido y la peor versión del atrevimiento que aleja la vida pública de la democracia y el entendimiento. No se puede enfrentar esa corriente nadando contra ella, oponiendo los principios y la racionalidad al ruido y la estupidez amplificada. Hay que enfretarla con confrontación y propaganda, añadiendo ruido al ruido, dejándose llevar por la corriente para no perder el timón. Es la manera de remontar esta ola maligna hacia la razón y de devolver la política a su etimología, el tratamiento de los asuntos de la ciudadanía.

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