Los últimos pastores: el retorno a la trashumancia en el cine

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

El director asturiano Samu Fuentes ha rodado el documental ‘Los últimos pastores’, que compite en la Sección Oficial Retueyos del 61 Festival Internacional de Cine de Gijón, para mostrar a “modo de homenaje” la realidad de una forma de vida que persiste en la alta montaña de los Picos de Europa desde hace más de 5.000 años pero que está condenada a desaparecer. Rodada durante un año en sólo quince jornadas, la película tiene como protagonistas a los hermanos Fernando y Manolo Mier, ambos septuagenarios que llevan toda la vida ejerciendo de pastores trashumantes en la Majada de Tordín y en las cabañas Vierro, a las que se desplazan con su ganado según sea verano o invierno.

En una rueda de prensa tras el estreno mundial en el Festival de Gijón este sábado, el director ha dicho haber quedado sorprendido por la nobleza y humanidad de los hermanos Mier, que en condiciones muy duras son “felices con muy poco” y, según ha subrayado, esa felicidad simple es la que quiso trasladar a la gran pantalla. El equipo de rodaje, formado por Alejo Sabugo, director de fotografía, Maialen Sarasua, montaje, y la creadora de la banda musical, Paloma Peñarrubia, convivieron con los protagonistas durante las jornadas de filmación y llegaron a entablar una relación próxima que les facilitó la tarea, aun en momentos en los que la climatología no acompañaba.

Imagen de Los últimos pastores, de Samu Fuentes.

Los últimos pastores se filmó en tecnología digital pero cuidando una textura que la asemeja a las tradicionales películas de 35 milímetros, en las que el paisaje adquiere una relevancia muy destacada como si fuera “un personaje más”, ha destacado el director de fotografía. Fuentes ha dicho que “era importante” captar la belleza del paisaje en todas las estaciones del año, como un elemento complementario de la imagen de felicidad que transmiten los hermanos Mier en su actividad cotidiana en la montaña.

La niebla acompañó muchas de las jornadas y una providencial nevada, ya avanzado el rodaje, evitó que la película se quedara coja “sin imágenes de la dureza del invierno”. El director ha destacado que el problema del lobo, que ataca a los rebaños y es uno de las causas de la pérdida de la ganadería tradicional de alta montaña, “está presente” pero “como un tema puntual” del documental, que pretende ser precisamente “un homenaje” a los últimos pastores que van quedando en la Cordillera Cantábrica.

Fuentes ha dicho que el lobo es un animal que le “fascina”, pero si tiene que elegir entre el lobo y los pastores se queda con los pastores y ha criticado a las organizaciones ecologistas que defienden la idea de que para evitar los ataques de los lobos se deben acompañar los rebaños con perros mastines, lo que considera como “una contradicción”.

“Las riñas de gallos, las peleas de perros son maltrato animal, pero exponer a los perros pastores y al ganado a los ataques de los lobos ¿no lo es?”, ha afirmado. Ha recordado que ahora el queso Cabrales, el producto de mayor fama internacional de la zona ya no se produce a más de mil metros de altitud sino a sólo cien metros. Fuentes, que tras una larga trayectoria como asistente de dirección debutó como guionista y director en 2018 con “Bajo la piel del lobo”, ha dicho que le gustan los dos géneros, la ficción y el documental, pero con este último disfruta un poco más porque requiere de un trabajo “más intuitivo” en el que el azar juega un papel determinante.

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