Gijón también izará una gran bandera española. PP y Foro han aprobado este miércoles la primera iniciativa de Vox de este mandato con el apoyo del concejal tránsfuga incluido. Se trata de la instalación de un enorme mástil con la bandera constitucional en la Plaza del Humedal, nombrada Plaza de los Mártires Caídos hasta 1980 (con las banderas nunca hay casualidades) y la incorporación al callejero gijonés de una plaza con el nombre del país. Foro se alinea de esta manera con el tándem Fejóo-Abascal y puede ser interpretado como un guiño inteligente de la Alcaldesa de Gijón al conjunto de las derechas. Por otra parte, si nos detenemos a pensarlo detenidamente, es también un intento por hegemonizar el mandato, incorporando el nacionalismo español de PP y de Vox al discurso regionalista de Foro. Si hay una derecha españolista en Gijón, que sea Foro quien la encabece. Si Carmen Moriyón no puede o no debe ir a la Plaza de Colón, que sea Colón quien se haga la foto en la ciudad que regenta la cirujana de hierro.

El objetivo de Carmen Moriyón es hegemonizar el mandato. Los resultados electorales de las últimas locales y autonómicas no fueron buenos para el partido fundado por Francisco Álvarez Cascos que anticipan su cantonalización en la ciudad más populosa de Asturias. Fuera de Gijón, Foro no es nada ni nadie, por lo tanto, el imaginario político local comienza a decantarse hacia una idea peligrosa: Foro es Carmen Moriyón y Carmen Moriyón es Foro. También lo es Fernando Couto García Blanco, aunque de una manera más discreta, silenciosa y sombría que no pudo ocultar su auctoritas manifiesta en el acto de cierre de campaña de las últimas elecciones locales celebrado en uno de los pabellones de Laboral Centro de Arte. La ovación que recibió el ex dirigente forista al comienzo de aquel mitin fue algo más que el aplauso merecido a uno de sus fundadores. Fernando Couto seguía estando ahí y todavía parece que sigue estando ahí.
El objetivo de Carmen Moriyón, insistimos, es hegemonizar el mandato. Carmen Moriyón es Foro pero Carmen Moriyón también podría ser otra cosa: el PP. En relación a esto, la Alcaldesa de Gijón nos envía otra señal con el cese fulminante del gerente de EMULSA producido oficialmente este miércoles. La salida de Esteban Álvarez Lázaro fue una decisión tomada por la Alcaldesa de Gijón. La Alcaldesa de Gijón no sólo tiene auctoritas. También goza de potestas y por eso fue también una decisión tomada con un poder que estaba muy por encima de las facultades que el concejal del PP, Rodrigo Pintueles, ostenta o podría llegar a ostentar durante todo el mandato. Una decisión, la de Moriyón, que no emborrona la relación que el concejal de Medio Ambiente y presidente de EMULSA ha mantenido con Álvarez Lázaro desde hace siete meses y que fue calificada por algunos trabajadores de la empresa “como buena y muy buena”. Por lo tanto, excluido Pintueles de la ecuación, sólo Moriyón o “alguien con más auctoritas que Carmen Moriyón en Gijón” pudo forzar este cese.

Hegemonizar el mandato, volvemos a decir, es el objetivo de Foro pero, de alguna manera, será también la meta del PP y Pablo González tendrá algo que decir al respecto. ¿Acaso no resulta llamativo que el cese del gerente de EMULSA no haya hecho tambalear el acuerdo entre los dos partidos? Recuerden que en este gobierno hay una derecha que trata de hacer política (Foro) y otra que trata de despachar una agenda con otros intereses no exactamente políticos. Se trata de una segunda generación, la generación perdida de “los hijos de”, que han llegado a las instituciones sin la habilidad para los negocios de sus padres y sin la astucia política de sus predecesores para medrar con su cargo como concejal. Han pasado de la banderita en la muñeca, a la banderona en el mástil. Dentro de tres años, habremos visto cosas que no creeríamos, quizá una derecha refundada que en estos momentos resulta difícilmente maleable pero que habrá clavado una enorme estaca en el corazón de todos los gijoneses. Quien ganó elecciones por mayoría absoluta en la ciudad se enfundaba en otra bandera, la de Gijón. Nunca encontró mayor honor en su vida. Se llamaba Vicente Álvarez Areces.



























