“Soy un madrileño al que le gustaría vivir en la Republica Confederada Ibérica”

Ramoncín habla de lo divino y lo humano en vísperas de su próximo concierto el 3 de febrero en la sala Tribeca de Oviedo.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

La historia de la literatura española sólo admite cuatro ramones. El teatro de Don Ramón (Valle), las greguerías de Ramón (Serna), la poesía pura de Juan Ramón (Jiménez) y los versos malditos, metálicos y nocturnos Ramoncín, a secas. José Ramón Julio Márquez Martínez “Ramoncín” (Madrid, 1955) comenzó a deslumbrarnos en los ochenta. Forma parte de nuestra infancia y nuestra adolescencia, siempre ha estado ahí y desde ahí, ha tomado una dimensión catódica que nos reconcilia con el paso de los años. Ha tocado todas las disciplinas, atrapó la atención lírica de Torrente, fue la vanguardia surrealista de los ochenta, el rigor académico del cheli en los noventa, camarada de Paco Umbral, con la mirada rebelde de todas las tertulias de España, cuando el foro político comenzaba a desplazarse de la corte de los leones a los estudios de televisión. Esta entrevista comienza con una imagen guardada en los archivos de RTVE. La pantalla desprende el fulgor de otra época. El escritor Terenci Moix, la actriz Rosa María Sardá y el músico, actor y poeta Ramoncin comparten la primera fila de un cine falso en un plató de televisión. Se trata del programa de entrevistas Más estrellas que en el cielo, una auténtica orgía de celebridades, por donde mayormente se pasean las divas y los amigos del novelista, cinéfilo y fetichista catalán que entonces ya era algo más que un escritor, algo más que un periodista y, por supuesto, mucho más que una estrella. Ramoncín acude a la invitación un año después de haber estrenado La rubia del bar, su tercera película, dirigido por Ventura Pons, recientemente fallecido a la edad de 78 años. Volvemos a la imagen de Ramoncín que ya ha publicado por entonces ocho discos, un par de poemarios y una cuantas pelis, entre ellas El aire de un crimen para celebrar un estilo, un oficio, unas cuantas amistades y, sobre todo, para festejar su próximo concierto el próximo 3 de febrero en la sala Tribeca de Oviedo.

La imagen nos lleva a otra época. Ha querido la casualidad que esta entrevista se produzca cuando ha fallecido hace unos días Ventura Pons. Qué te evoca ese encuentro entre Terenci, la Sardá y tú, sentados en las butacas de un cine.

Ventura se nos ha muerto esta semana. Era un momento muy especial que estaba pasando muy bien haciendo cine. Cuando me llamó Ventura, yo ya había visto Ocaña, un retrato intermitente. Pons quería ser ese tipo de director muy independiente que rodaba una película cada año. Era una persona encantadora y adorable. Cuando me llamaron los de Laurent films para interpretar a Ortega no lo pensé mucho. Se trataba de un personaje curiosísimo, un charnego y, además, yonki, en Barcelona. Rodamos junto a Enric Majó.

Que por entonces era pareja de Terenci Moix.

Efectivamente, y luego, además, teníamos a Nuria Hosta, a Loles León y a Gato Pérez haciendo la música. Se juntaron grandes artistas en un momento estupendísimo. Rodamos todo en El Rabal y el Arco del Teatro, lugares muy particulares, nada turísticos y algo más peligrosos de lo que los conocemos ahora. A partir de entonces, me hice muy amigo de Ventura y nos hablábamos con cierta frecuencia. Nos felicitábamos los cumpleaños, nuestros estrenos. Ha sido una pena. Se ha muerto atragantado, algo que me inquieta y me quita el sueño, la verdad. Pero la vida sigue, la vida siempre es una carrera de obstáculos que siempre termina mal.

Sardá, Terenci y un madrileño en la primera fila de un cine. ¿Cómo fueron tus años 70 y 80 en Cataluña?

Es que yo tuve mucha relación con Cataluña desde siempre. Tenía una familia de amigos, la familia Gálvez, que venía mucho a Madrid. A mi me tocó la mili en San Clemente de Sasebas, Girona, y después en Barcelona. Aunque yo sabía que iba a volver a Madrid muy pronto porque ya era papá, Barcelona ya se había convertido en mi segunda ciudad. No tiene ningún secreto para mi. Mi pasión por Barcelona es extraordinaria. Cuando rodamos Una rubia en el bar, se publicaba entonces una revista excepcional, bastante importante, Vivir en Barcelona, donde sólo se sacaba en portada a celebridades catalanas. Hubo dos excepciones. La primera fue con el jugador Bernhard Schuster. Después de Schuster no había salido nadie que no fuera catalán hasta que salí yo en portada junto a Enric Majó y Nuria Hosta. Barcelona es mi segunda ciudad.

Ramoncín, foto de Amalia Villa.

A Alberto García Alix le he escuchado decir que La movida había sido mucho más moderna, fresca y menos violenta en Barcelona que en Madrid.

Lo primero que quiero decir es que no creo en La movida. Fue una marca, un sello comercial que nunca me interesó, nunca, jamás. Lo digo porque ha habido gente a la que nunca le ha interesado y cuando ya se ha hecho respetable no les ha importado que los incluyeran en ella. Yo no, yo lo digo: no soy de La movida ni pertenecí nunca a ella. Ni fue una cosa espontánea, ni nada que se le pareciera. Simplemente, se ha utilizado comercial y políticamente. La movida no fue nada que no ocurriera en el resto de España, en Andalucía, Galicia, Cataluña. En Sevilla había una cantidad de músicos importantísima. En Galicia exactamente igual y en Cataluña, qué te voy a contar. Cuando en los 70 ibas a Barcelona te dabas cuenta de que estabas más cerca de Europa, y no geográficamente, que lo que estabas Madrid y el resto del Estado. En Cataluña había otra cosa y se producía de otra manera. El ambiente musical era extraordinario. Pau Riba había hecho los mejores discos psicodélicos que se habían grabado nunca, con bandas que tenían un carácter muy mestizo que sumaba soul, blues y jazz mediterráneo. Era música urbana con una banda de jazz mediterráneo increíble. En una ocasión, tocaron para Chick Corea. Tras escucharlos, Corea pidió que Carlos Benavent tocara con él. Lo que se vino en llamar el Primer festival punk de España, 1977, lo hicimos nosotros en Barcelona. Mortimer, Peligro, La Banda Trapera del Río y yo. Había algo que se estaba moviendo mucho antes que en Madrid. Hubo un tiempo en que los catalanes nos tomaron ventaja en todo: los dibujantes de cómics estaban allí, las editoriales de cómics estaban allí, las compañías de discos estaban allí. Yo firmé mi primer disco en Barcelona porque EMI estaba allí. Pero no solo eso, las editoriales literarias también estaban allí. En Barcelona estaba pasando algo pero, efectivamente, Madrid también tuvo la capacidad para adelantarse en un momento determinado. Ocurrió algo extraordinario, apareció un gobierno con un alcalde muy particular. Tierno Galván comprendió que había que apoyar a la gente de los barrios porque el movimiento vecinal era muy potente en aquellos años ochenta en Legazpi, en Vallecas, en Carabanchel. Los barrios se movían de una forma muy poderosa y entonces las cosas empezaron a trasladarse a Madrid. Comenzaron a aparecer fotógrafos, diseñadores gráficos, músicos. Fue una cosa maravillosa.

Que sucedió en Madrid y en otras ciudades.

Efectivamente. Mis primeros dos discos son del año 79. Para cuando se inventa La movida ya es el año 83 y yo ya había grabado cuatro discos. Y ya había otros grupos. Me refiero a Leño, Asfalto, Topo, Ñu. No te digo ya antes: Los Bravos, Brincos, Canarios. Ocurrió una explosión distinta a lo que había sucedido anteriormente. Tienen lugar las primeras elecciones locales democráticas y prácticamente toda España se trufó de ayuntamientos progresistas que creían en la cultura, en el arte, la discusión y eso propició una explosión creativa tremenda. Y ocurrió muy paralelamente a lo que sucedía en otras partes. Pero aquí se convirtió en una marca comercial. Yo suelo decir que hubo quien se agujereó el carrillo para ponerse el imperdible y hubo quien se ponía el imperdible sin agujerearse nada. Hubo gente de verdad y gente que no lo fue.

Alix afirma también que esa ventaja cultural de Barcelona sobre el resto del país se desvanece cuando accede la derecha nacionalista al poder en Cataluña, tras el regreso de Tarradellas.

Yo no tengo mucho más que añadir a esto. La gauche divine, la izquierda divina de Barcelona, se reunía en la Plaza de Francesc Maciá y en Calvo Sotelo los domingos por la mañana. Eran el germen cultural de gente que estaba muy feliz. Hubo una parte del nacionalismo catalán que, de alguna manera, los expulsó a otro sitio donde parecía que se respiraba un aire distinto. Yo diré que, siendo madrileño, nunca noté la presión del nacionalismo en mi persona, jamás, salvo cuando fui a cantar al Camp Nou hace unos años, no muchos, en un concierto por la defensa del derecho a decidir. Y yo creo en ese derecho a decidir de los pueblos, por lo menos el derecho a ser consultado. Recuerdo que cuando me subí al escenario ante cien mil personas para cantar la L´estaca de Lluis Llach, al dirigirme en castellano al público recibí un abucheo de un grupo de gente. Pensé, “coño, esto es la primera vez que me sucede, ésta no es la Barcelona que a mi me acoge”. Fue una anécdota, tampoco logró que diera un paso atrás ante algo que no me gustaba ni mucho menos ha perjudicado mi relación con la ANC o con Omnium Cultural.

¿Quién es Ramoncin entonces?

Yo soy un madrileño castellanoparlante al que le gustaría vivir en la Republica Confederada Ibérica. Estaría encantado de convivir con los portugueses y los andorranos. Tengo la mente abierta. No soy pequeño.

Jaime Miquel, ex asesor de la mayoría de partidos del arco parlamentario y del gobierno de Pedro Sánchez, acuñó el concepto de La perestroika que viene a definir un nuevo ciclo político en nuestro país en el que finaliza el bipartidismo y el poder se redistribuye también con los partidos periféricos. ¿Tienes la impresión de que estamos viviendo ese ciclo en el que cambian las dinámicas parlamentarias en el Congreso y se establecen nuevos puentes para la convivencia?

En plena Perestroika, durante la Gladsnosk, yo toqué en Moscú. La Transicicón se produce en diciembre de 1978 con la Constitución Española aprobada tres años después de la muerte de Franco. A mi me jode mucho… Una gran parte de nosotros vivimos suficiente tiempo en la dictadura para saber lo que era una dictadura. Yo viví lo suficiente para saber lo que era una dictadura y otros veinte años después para saber que he vivido una auténtica democracia. En 1975 cumplí 20 años y como yo, tantos otros músicos, productores, diseñadores, actores, pintores, mucha gente, y no digo ya la generación que había dado con sus huesos en la cárcel. Entonces, tenemos la suficiente conciencia para saber lo que es una dictadura. Cuando Díaz Ayuso y algunos otros políticos de la Comunidad de Madrid hablan de dictadura me dan ganas de vomitar porque no saben lo que es. No saben lo que es ir a la Universidad con un pendiente en la oreja y que te den dos hostias o que te encierren una noche entera en el calabozo. No saben de lo que hablan. Después de la muerte de Franco pasaron tres años hasta el 78 y llegamos a una democracia de pleno derecho. De eso hace 45 años y el tiempo no pasa porque sí. Deja un rastro, deja una huella y en esa huella ha sucedido de todo. Decir que antes había más libertad… No, mire, entre la muerte de Franco y la Constitución Española, la extrema derecha mató gente en las calles, unos fascistas subieron a un despacho de abogados, los pusieron contra una pared y los fusilaron; mataron a un chaval de un tiro en la espalda por estar escribiendo “pan, trabajo y libertad”, secuestraron y mataron…;costó mucho convertir una dictadura en una democracia, con los fascistas que quedaban todavía en los juzgados, en las comisarías y en los puestos políticos, costó mucho convertir todo eso en una democracia, costó muchísimo; no fue un cambio espontáneo. Ese proceso costó vidas, sangre, sacrificios, un esfuerzo intelectual de la hostia, un millón de cosas y todavía, dos años después, hay un tipo que entra pegando tiros en el Parlamento. No se puede conducir sin espejo retrovisor y no se puede vivir sin espejo retrovisor.

Nada que ver con el nuevo ciclo político.

Dicho esto, vivimos en un tiempo cambiante. Acostumbrados a la alternancia política, cuando todo era PP y PSOE, PSOE y PP, llega Convergencia y Unió y les enseña a los dos partidos mayoritarios a apretarse el cinturón. En el 93 Felipe González gobernó con ellos y después se fue al garete tres años más tarde. Con el Partido Popular de José María Aznar se pasó del “Pujol enano, habla castellano” a “Pujol guaperas, habla lo que quieras”. El fin del bipartidismo comenzó a prender ahí. Con Podemos se llena de ilusión a la gente más joven, surgen nuevas caras, las asambleas ciudadanas son masivas, con unas ilusiones y esperanzas enormes en aquello. Era tremendo. Podemos secciona el mundo político, que dejó de ser el centro derecha y el centro izquierda, y se convirtió en un arco más amplio al que también se apuntó Ciudadanos, un partido de derechas con una formula fracasada. Es muy difícil ser socialdemócrata y neoliberal al mismo tiempo. Ese es el fin de este partido

Ramoncín en los 80.

Pero de eso ya han pasado más de cuatro años.

La tristeza es que hoy Podemos lucha por sobrevivir. Ha quedado claro que para gobernar este país hay que juntarse con otros grupos, hay que escuchar otras cosas y hay que entender que hay un arco parlamentario amplísimo. Desgraciadamente, hay unos cuantos millones de españoles que votan a Vox, la carcunda, una cosa alucinante, pero están legitimados. La gente te legitima cuando te vota. Esta es una España distinta, diferente, en la que pensar en una mayoría absoluta es muy difícil, casi imposible. El PSOE está cediendo en algunas cosas, está cediendo para que los desfavorecidos en materia laboral, gracias a las reivindicaciones, primero de Podemos y ahora de Sumar, ganen más. El avance está ahí.

¿Qué impresión te ha producido conocer que el decreto que aumentaba en 90 euros el subsidio de desempleo fuese rechazado con los votos de Podemos?

Me produce preocupación y desasosiego. El mismo desasosiego cuando leo a través de la historia que había que luchar contra el fascismo y en las calles de Barcelona se mataban entre sí anarquistas, socialistas y comunistas. De modo que esto que ha sucedido lo veo con el mismo desasosiego, con esa sensación de que a la izquierda le cuesta mucho acordar sus objetivos mientras a la derecha no le cuesta absolutamente nada. PP y Vox se apañan para todo sin ningún problema. Vox hace cosas que son ultramontanas como prohibir obras de teatro o conciertos, esas cosas que me cuesta trabajo creer que sigan ocurriendo. En relación a este asunto concreto, tiene mucho más que ver con las querencias pasionales que con un pensamiento político racional. Eso que me preguntas es causa del Gran Timonel, Pablo Iglesias, que sigue desde su navío dirigiendo a una serie de personas y que tiene el ombligo tan grande como el planeta Júpiter. Sigue siendo quien toma decisiones y pienso que debería pensárselo mejor porque no beneficia a nadie. Si consiguen colocar a uno o dos diputados en las próximas europeas, ya podrán estar contentos; y es tristísimo que eso ocurra porque Podemos fue una pura ilusión. Lamentablemente, se han ido deshaciendo y cuando ha llegado un momento como este, han votado con PP y Vox. Me parece inexplicable, es inexplicable, de la misma manera que es intolerable escuchar a Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo las cosas que han dicho en esta última votación en el Parlamento. Nadie le dice “todo esto está muy bien, porque es su política, pero usted también debe reconocer que ha votado en contra de mejoras para la vida de los ciudadanos, en contra de la gente que más lo necesita”. Pues en ese espacio emocional y político, Podemos ha votado con ellos también.

Ramoncín en una actuación.

Es un pulso con Yolanda Díaz.

Es un pulso que se resume fácilmente: “Tu no me has metido en el gobierno, tu eres el bicho malo, tú que eras mi voz, mis ojos, mi pensamiento, tú que te has apartado del vientre materno, lo vas a pagar de esta manera”. Pues no, no lo paga ni Yolanda ni Sánchez, lo pagan los ciudadanos que cobraban el subsidio, que han perdido 90 euros más al mes. Pero este es el mundo que vivimos. Sale un señor de la patronal con un sueldo de 400.000 euros al año que no quiere que otro señor con un subsidio de desempleo gane 90 pavos más al mes. Ese es el mundo en el que vivimos. Por lo tanto, la gente tendrá que saber qué vota, lo que vota y cómo vota. ¿Tu crees que un tío que cobra el subsidio va a cambiar el sentido de su voto? Cuántos, en qué porcentaje; deberían ser todos, todos los que estén apuntados en esos partidos, en Podemos, en PP y en Vox, todos ellos no deberían de votarles en las próximas elecciones.

Francisco Umbral fue uno de los prosistas que comenzó escribiendo en los sesenta en un extremo de la izquierda y a partir del 2000 inició lo que él mismo llamó “su largo viaje a la derecha”, algo que a tus 68 años, hemos comprobado que no necesariamente se tiene que cumplir.

Efectivamente. A algunos, incluso, ese viaje les sucede a muy temprana edad.

En el año 83, Umbral publica el Diccionario cheli, un ensayo magistral en el que inaugura la letra R del diccionario con una entrada, la de Ramoncín, donde te sitúa como el máximo exponente de La movida y en el extremo opuesto de “la pegamoidad”. Umbral te reconoce como un “Leonardo” de cuero negro en Vallecas, “que representa una generación completa por sí mismo”. ¿Llegó a conocerte lo suficientemente bien como para saber que tu vocación artística estaba muy lejos de la movida de la que hablábamos antes?

Claro. Llegamos a ser amigos de verdad. Esta amistad no es como la de “La noche que llegué al Café Gijón” donde todo el mundo ha afirmado alguna vez que estuvo ahí. No es verdad. Con Umbral, con su novela, sucede lo mismo que con el primer concierto de Bruce Springsteen en Barcelona, donde todo el mundo también afirma que estuvo allí; pero no, es mentira, aquel primer concierto estaba medio vacío. Paco y yo éramos muy amigos. Su diccionario era un ensayo. Recuerdo el día que me llamó y me dijo “acabo de firmar por teléfono un contrato para hacer un diccionario cheli. Pero vamos, que simplemente les he vendido el título. ¿Me echarás una mano? Por supuesto, Paco”. Umbral convierte eso, el Diccionario cheli, en un ensayo con diversas entradas como la mía y estuvo muy cerca de mi cuando yo publiqué el Tocho cheli (1993). Paco me decía que me iba a perder entre tanta ficha porque era imposible hacer ese trabajo solo y cuando lo hice, me dijo que había hecho un trabajo que deberían haberlo desarrollado varios académicos aplicados. Lo suyo es un ensayo y lo mío es otra cosa. En cuanto al asunto musical, Paco era muy amigo de Berlanga y su familia. Los llamaba los niños nenucos y un día me confesó que Berlanga lo había regañado: “estás todo el día defendiendo a Ramón y te metes con los que son como mi hijo”. Paco era así. Paco era Paco. Se acostaba por la noche después de haber cenado con quien fuere y por la mañana publicaba un artículo demoledor que destrozaba a cualquiera. Cuando entró en el Abc, yo le llamé y le dije “ya no eres un columnista, ahora eres un quintacolumnista”. Y cuando El Mundo lo enterró en billetes, tomó la decisión que tomó.

La de ser el columnista mejor pagado de este país.

Así es, pero yo me imagino a Paco hablando del 15M y estoy seguro de que se habría ido a la Puerta del Sol por mucho viaje a la derecha que hubiera dado. Le habría fascinado el panorama, ver a todas esas personas. Habría definido a Iglesias, a Errejón, a Yolanda, a Pedro Sánchez. No era un hombre especialmente de derechas, era un tipo de su tiempo que se había vuelto conservador y era, sobre todo, el mejor prosista español de la segunda mitad del siglo XX.

Un quinqui con chaqueta de Pierre Cardin.

“Anatomía de un dandy” fue un gran documental, hablando con su niño. Ese era el Paco que yo conocí. Uno es amigo de alguien de verdad cuando sabe tanto de él y ha vivido tanto con él y, sobre todo, sabe que que no lo va a contar. Quizá cuando pasen muchos años, yo sí diré alguna cosa de Paco que no he dicho pero que solo pueden decir los buenos amigos. No es nada grave.

Yo he visto a Umbral llorar, hablando con una emoción desbordante de sus amigos, de Cela, de Hierro.

Claro. Paco era muy emocional, siempre enfermo desde que sufriera una tuberculosis de niño. No se creía que iba a morir, fue una cosa inesperada. Algunos fueron a verle al hospital; yo no. Los que lo hicieron se conmocionaron mucho al ver a ese hombre convertido en nada.

“Yo quiero oírlo todo, me preocupo por entenderlo todo”

Hablar de Umbral es hablar del estilo. Era un zahorí que encontraba estilos a su alrededor. Uno fue el tuyo. En tus canciones, ciertamente, se encuentra una voz y un estilo muy literario que encaja con el punk pero también con el rock y la modernidad de los ochenta. Viejo como el dolor, especialmente, era una canción que podía haber cantado Bruce, pero que es puro Ramoncín.

Cuando te vas haciendo mayor, vas perdiendo la vergüenza. Siempre he sido modesto o humilde y no porque quedara bien. He distinguido entre ser auténtico y ser de verdad. Hay mucho auténtico de mentira por la vida. Parecer auténtico, en realidad, es muy fácil. Hay muchos disfraces para serlo. Pero no hay ninguno para ser de verdad. No existe. Por lo tanto, he hecho lo que he querido y como me ha dado la gana. Lo que hacemos nosotros en el escenario, no lo hace nadie. Hay cosas parecidas. Las letras de mis canciones, las frases de mis canciones, es algo que sólo hago yo. Combino las notas de mi guitarra como lo puede hacer todo el mundo, pero suenan a mí y ese es mi valor. Hago algo único sin haber inventado nada. La manera de desarrollar las melodías y escribir, eso es un estilo, es lo que hacía Umbral con su escritura. Y un estilo te permite hacer una serie de cosas. Cuando compuse Viejo como el dolor supe que sería una canción muy propia de ese mundo, del mundo springstiniano que tiene que ver con la gente que escribimos sobre los sentimientos e imágenes que nos proyecta la vida en la que estamos. Eso es lo que yo quiero, creo y lo que a mi me gusta. Ángel de cuero, en cambio, está escrita por un chavalín.

Como también lo era el autor de Marica de terciopelo

Es una canción compuesta por el mismo chaval de 17 años. Una poesía en métrica libre de más de 70 versos que convenció a Umbral para escribir el prólogo de mi primer libro de poemas y a Torrente, un escritor conservador pero que, cuando lo leyó, afirmó que había leído un poema en métrica libre que no había visto desde los tiempos de Baudelaire. El examen final empieza ahora con esta edad, que no se cuando terminará y será con mis próximas canciones.

Cuando leí lo de Torrente me sorprendió. A fin de cuentas, no dejaba de ser un hombre que había estado toda su vida en la derecha.

Gonzalo venía a los conciertos que tocábamos en Salamanca. Venía con los hijos y los nietos, incluso, ya muy mayor. “Como te quiere el abuelo…” me decían. Y yo no me lo podía creer. Pero así era.

Ramón. Foto By María.

¿Tienes la percepción de que una carrera tan diversa en el cine, la literatura, la música y la televisión te han alejado del cogollo del meollo del bollo del rock nacional?

Cuando desarrollas una carrera que está mucho mas allá del sexo, drogas y rock and roll es muy difícil que conectes con un determinado tipo de gente. Hago cosas que el fundamentalismo del rock no permite. Ahora preguntan mucho si ha muerto el rock. Vete a un concierto mío y lo descubres; pero si se acabara el rock, la culpa la tendrían los rockeros, sus seguidores y la prensa de los rockeros por tratar de distinguir a los auténticos de los que no, por tratar de imponer una línea que marca una pauta de conducta, según la cual, un rockero debe estar peleado con la ducha y sólo debe vivir del sexo, las drogas y el rock and roll. Todo eso está muy bien, pero entonces será muy difícil encontrar a un músico que haga televisión, escriba un diccionario y más cosas.

El Tocho cheli es el diccionario de jergas más extenso conocido en una lengua.

Si yo lo hubiera escrito en Francia o en EEUU, ya habría sido doctor honoris causa hace mucho tiempo. El Tocho cheli es una cosa única, lo valoras tu como escritor, lo valora Terenci en su último libro. Lo valora Umbral. El que se entiende como un rockero en la barra de un bar poniéndose ciego, no lo entiende y no te entiende, no entiende que seas un dandy, que te guste vestir bien, que huelas bien, que vayas a un desfile de moda, que vayas a la presentación de un libro, que aparezcas en una película, todo eso que no forma parte del mundo musical es lo que yo he estado haciendo, a mi bola, a mi rollo, con mi gente y mi público, entendiendo que al que le gusta mi rollo, le gusta el Tocho, las pelis y le gusta verme en la tele el viernes en Más vale tarde. Ese es el público al que yo me dirijo. Y el resto no me interesa, no quiero saber nada de él. Por eso mis amistades son las que han sido y por eso tengo mis amigos, en el cine, en el teatro, en la literatura, en la música. Como suelo decir, tengo compañeros y luego están los coincidentes laborales con los que no tengo nada que hacer.

¿Crees que los músicos del indie, de la última hornada, la de estos diez últimos años de indie, perdieron la capacidad para contarse y contar qué pasa fuera de sus canciones? A veces, cuando los entrevisto, tengo la impresión de que el mundo intelectual de la música española se ha empobrecido bastante y rehúye del compromiso de contarse o, prefiero equivocarme, simplemente no sabe.

Yo quiero que Love of Lesbian sean REM y de hecho, en algún momento he dicho “son mi REM”, y se lo he dicho también a ellos, a Santi Balmes, “sois mi REM”, y les he ido a ver y les he escuchado en un concierto pequeño para 60 personas y he tratado de entender ese universo. A mi ese mundo no me dice nada o muy poco y no pasa nada, igual que a ellos no les dirá nada el mío. Tocamos el año pasado en el Festival de la Luz en Boi Morto que organiza Luz Casal en Galicia. Tocamos con Viva Suecia. Nosotros tocamos 45 minutos y después lo hizo Viva Suecia. Entonces, me salí del back stage porque sonaron unos teclados que me llamaron mucho la atención. Yo quiero oírlo todo, me preocupo por entenderlo todo, los tiempos de la gente, lo que quieren hacer, pero yo no voy a escribir letras siderales. Cuando escribo una letra imposible, ininteligible, siempre tengo en el repertorio El ojo de un dios, que cada uno la interpreta como quiere porque es la canción más rara que yo haya escrito en la vida.

Es una canción completamente abstracta.

Completamente abstracta, pero creo que en tu pregunta anterior está también incluida la respuesta. Que haya una generación de músicos a lo largo de una década que no hayan dicho nada es muy llamativo. No querían decir nada. Musicalmente han sido y son siempre lo mismo. Viven preocupados de asegurarse que tocarán todos los años en los festivales. Es una manera de hacer que respeto pero que no es la mía. Yo he tocado para diez y para cien mil personas. No puedo decirte que tocar para cien mil me haya emocionado más que para diez. Depende. Ahora tocamos en salas. Y lo que yo hago, canto y cuento, lo siento más cerca cuando la gente me mira, me oye, corea y entiende las canciones. Y también puedo cantar Litros de alcohol delante de cien mil personas y que se pongan todos como motos. Ahora estoy preparando el nuevo disco. En los conciertos anticipo un tema, No volarán. Dice muchas cosas. Ese es mi concepto. En cambio, el concepto sideral… Yo no me veo escribiendo esas letras, yo no tengo ese concepto como letrista y artista musical pero es lo que hay… Y joder, diez años sin contar nada, hostia qué putada. Y algunos lo hacen que te cagas de bien. Mira a Vetusta Morla, es un ejemplo de lo que hacen y me imagino que de muchos chavales. Pero me gusta su filosofía respecto del negocio. Se lo hacen todo ellos, se lo trabajan ellos. Yo lo he hecho también toda mi vida.

Para terminar, hablábamos antes que Ramoncín era un estilo intransferible que hacía suyo todo. Pero también has sido una esponja que ha disfrutado con la música de otros y que, de alguna manera, estaban presentes en tus temas. Tu has pasado por el punk, por el rock y te has impregnado de la modernidad de cada época, de Springsteen a Bowie. Por citar solo dos nombres.

De Lou Reed a la The Velvet Underground, de Bowie también algunos discos. Pero también de Stephen King y lo que hace John Mellencam que es bastante mejor que la mayoría de los últimos discos de Bruce Springsteen. El peor tema del último trabajo de Mellencam es, curiosamente, el que hace con Bruce. A mi ese universo me maravilla, me fascina, yo me enamoro de Chuk Ragan y estoy oyendo sus discos tres meses seguidos sin parar. El matrimonio Tedeschi me asombra. Cuando muere David Crosby hago luto. Y eso es sólo una parte. Luego está otra, la parte de la ciudad más acida de canciones como Marica de terciopelo que están residenciadas en el Berlin de Lou Reed. Esas imágenes, el diseño de la portada, los espejos, las letras, eso es la hostia. Tengo un universo musical y es maravilloso y me ayuda a todo.

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