El Senado suele ser calificado como un cementerio de elefantes. Sin embargo, suele infravalorarse el papel que juega dentro del Estado. El segundo parlamento español se ha simplificado a mera cámara de doble lectura que nunca alcanzó a tener desde la aprobación de la Constitución Española de 1978 una verdadera representación territorial del conjunto de las 17 comunidades autónomas. Pero se obvia que el Senado ejerce, además, otro control parlamentario sobre el gobierno, que introduce modificaciones en el Presupuesto General del Estado, que designa a 4 de los magistrados que componen el Tribunal Constitucional y que propone a otros 6 vocales del Consejo General del Poder Judicial. Nada de esto es baladí, en un momento en el que nuestro país vive una grave crisis institucional entre casos de lawfare, el bloqueo del Poder Judicial y la mirada atenta del Comisario de Justicia de la UE. Todas esas funciones señaladas más arriba condicionan las estrategias políticas entre los partidos, delimita el campo de batalla entre unos y otros y, en definitiva, incide en el juego político español, convertido el Senado en otro engranaje más del reloj político e institucional que actúa como peso y contrapeso de los poderes y permite que fluyan o se interrumpan las negociaciones y las tácticas entre las fuerzas políticas y las comunidades. Por cierto, el Senado también aprueba la aplicación del artículo 155. Seguro que de eso ya nadie se acuerda.
Enrique Fernández, ex consejero de industria asturiano, reprobado durante la pasada legislatura del Principado de Asturias, dejará de ser senador por designación y pasará a ocupar la presidencia de Hunosa, a petición de Adriana Lastra. El puesto se traduce en 160.000 doblones de vellón de oro (y un chófer). El Senado no sólo incide en la política institucional, sino que actúa, y de qué manera, en la fluctuante y a veces caótica política interna de los partidos. Desde el Senado, se condicionan voluntades y también se moldea como el barro el devenir de las formaciones políticas. El Senado es un premio, no sólo una tumba. La casualidad ha querido que su escaño lo ocupe Judith Flórez, ex concejal de Avilés y asesora de Adriana Lastra en el Congreso en la pasada legislatura, además de ser una de las personas más cercanas a la diputada nacional y Secretaria de Acción Electoral e Institucional de la Federación Socialista Asturiana.

Lady Macbeth lleva a cabo su último movimiento después de saber que el Sindicato Obrero de los Mineros de Asturias no respaldará su candidatura a la Secretaría de la FSA, si es que decide dar el paso. El líder sindical José Luis Alperi hoy y el SOMA siempre han sido0 una constante en la política asturiana. Su influencia fue determinante en diferentes momentos de la historia del socialismo español desde la llegada del capo José Ángel Fernández Villa. Lo fue para embridar al Presidente asturiano Vicente Álvarez Areces en su primera legislatura, volvió a serlo para blindar a Javier Fernández durante las suyas. Sus votos fueron decisivos en la historia del país para elegir por primera vez a José Luis Rodríguez Zapatero como Secretario General del PSOE frente a un José Bono que habría llevado al partido por otra senda más jacobina. Sin el SOMA, no se podría entender sobre que estructura se apoyó Pedro Sánchez para arrancar el coche y conquistar el partido. El sindicato continúa ofreciendo sus “servicios logísticos”. El SOMA siempre ha estado ahí y aunque su influencia ha ido decayendo con el tiempo a medida que la minería también decrecía en la industria, siempre ha sabido leer el contexto político nacional con acierto y colocarse con astucia en el momento y el lugar adecuados para conseguir que sus votos, por escasos que fueran, decantasen el fiel de la balanza hacia una candidato o hacia otro en los Congresos del PSOE. Esa, en realidad, es la esencia del SOMA, su magia, y José Luis Alperi vuelve a estar en la partida política, ofreciendo su espalda a Lady Macbeth, quien fue lugarteniente de Sánchez y tuvo la osadía de organizar sus oficios funerales antes de haberle asesinado, un craso error que hoy paga condenada al ostracismo.
“No quiero sorpresas, Enrique. Tu labor ha concluido. Por lo tanto, no hablarás. Mantendrás tus labios cosidos y sellados; callarás. Tampoco harás nada, no te moverás. Permanecerás quieto e indiferente como una estatua y silencioso como una lápida abandonada. Sacrificarás tus ojos y tus oídos, tus manos y tu voz. Se borrará tu presencia. Serás tan sólo una sombra de ti mismo, incapaz de ver o de oír, de hacer y de decir. Nadie recordará que un día fuiste alcalde, ni diputado, ni tampoco consejero. Se olvidará que un día ocupaste un escaño en el Senado. Todo eso, que alguna vez pudo significar algún honor, será un pie de página dudoso escrito en los anales de esta historia. Eres un réprobo en los sótanos de Fruela y tu gesto no borra el rastro que deja el escándalo. Nada de lo que hagas en el partido, tendrá valor alguno a partir de ahora. Ciego, mudo, sordo, impedido. A cambio, nadarás en la abundancia, el peso de las monedas romperán tus bolsillos y tendrás el aspecto de un hombre nuevo. No te faltarán camas. Dispondrás de una vida plácida, beberás de los odres de la opulencia y la prosperidad te habrá bendecido como sólo a los dioses les ha sido concedido ese privilegio. No habrá mal que te atormente, serás Odiseo embarnecido en oro y brillarás como Apolo, iluminando la isla de Ogigia. Tu lealtad hacia mí será pagada con creces; también será tu muerte política”. Es la voz de Lady Macbeth. Resuena como el eco de un fantasma por los pasillos del Senado, despierta a los leones antes de que el sol acaricie los vértices del Congreso, hace resoplar nerviosos a los caballos. Macbeth atrae y repele a sus señorías de la Corte, siniestra y espectral, paranoica y esquiva, desesperada y condenada a la solitud que sólo ve fantasmas y todo se le hace pequeño.

Mientras ella piensa, Enrique Fernández pasa a ocupar la lista de presidentes de Ogigia: Tejuca, Secades y Mallada. Su traslado a Hunosa es, sobre todo, el último movimiento de la ex-vicesecrataria del PSOE antes de que comiencen los juegos del hambre, cuando Pedro Sánchez, Secretario General, convoque el próximo Congreso del PSOE. Porque la política es un movimiento perpetuo donde todos ganan mientras sus fichas permanezcan vivas dentro del tablero. Lo decía este martes Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia, en un acto de la Sociedad Cultural Gijonesa. En la política también hay zonas de descanso, puertas giratorias, botines de guerra. Pequeños islotes de silencio y nadería, las Ogigias de nuestro tiempo. Forman parte del relato y del sistema, son consustanciales a él. Hunosa es una cómoda zona de descanso para Enrique Fernández que, llegado el momento, podría inclinarse peligrosamente por otro candidato distinto a Adriana Lastra. La supervivencia política de Lady Macbeth está ligada a la de Adrián Barbón quien pasa los días reforzando el búnker de la presidencia del gobierno antes de que tenga lugar la tormenta. De momento, la calma cabalga sobre el descontento y el descontento sobre la calma. Curiosa fotografía.



























