Un empresario asturiano tras el fondo buitre que tiene en pie de guerra al movimiento por la vivienda de Madrid

Elix Rental Housing pretende comprar varios inmuebles en la capital y los inquilinos temen ser expulsados de sus viviendas

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Prefieren trabajar en la sombra y caer sobre sus presas sin previo aviso, como buitres silenciosos. No ha sido así esta vez. Los vecinos de la calle Tribulete 7, en el barrio madrileño de Lavapiés; los de Boldano 5, en Ciudad Lineal; los de Salvia 1, en Tetuán, y los barceloneses del Paseig Vall d’Hebron supieron por una filtración a la prensa que el fondo inmobiliario Elix Rental Housing había aprobado en junta de accionistas la compra de los edificios en los que viven, pero aún no había sido ejecutada. No tuvieron la misma suerte los inquilinos del 22 de la calle Galileo: Elix compró el edificio por cuatro millones de euros y sus cincuenta vecinos han empezado a recibir notificaciones que les informan de que deberán abandonar sus casas cuando venza su contrato de alquiler.

Los residentes en los bloques que aún no han caído en las garras del fondo están plantando batalla junto al Sindicato de Inquilinas para evitar la compra de sus hogares. Elix Rental Housing es un fondo propiedad de AltamarCAM Partners dedicado a la compra, rehabilitación, alquiler y venta de viviendas. Los medios que han informado sobre sus maniobras destacan que el fondo está participado por Claudio Aguirre, primo de la expresidenta Esperanza Aguirre, en su calidad de presidente de Altamar. Pero la fundación y dirección de Elix es cosa de Jorge Benjumeda y del asturiano Jaime Lacasa, licenciado en ingeniería por la Universidad de Oviedo. Lacasa forma parte de la delegación en Madrid de Compromiso Asturias XXI, una asociación empresarial que persigue “el interés y el progreso de Asturias” y cuyo primer presidente fue Diego Canga, candidato del Partido Popular en las últimas elecciones autonómicas.

Elix fue fundada en 2017 bajo la modalidad jurídica de una socimi, es decir, una compañía dedicada a la tenencia de muebles. Este tipo de sociedades adquirieron su forma actual en 2013, cuando una reforma del gobierno de Mariano Rajoy introdujo facilidades fiscales-no pagan impuesto de sociedades si reparten al menos el 80% de sus beneficios– y normativas para estas compañías. Las socimis son el vehículo preferente para la especulación inmobiliaria, y lo son muy especialmente en Madrid, donde se concentran el 80% de las socimis existentes en España. Solo en la capital, y siguiendo los datos de la Dirección General del Catastro, el número de propietarios con más de cinco inmuebles ha crecido en un 43% en la última década.

“Esto es un virus que hay, y es peor que la pandemia”, maldice Paco, uno de los vecinos de Tribulete 7 que conoce bien el modus operandi de estos fondos: hace unos años tuvo que dejar su casa en Argumosa 11, en el mismo barrio de Lavapiés, después de que una de esas empresas comprase la finca. “Sé cómo trabajan, y lo vamos a tener muy crudo”, lamenta, “nos pondrán unos precios excesivos sin ninguna alternativa, como hicieron en Argumosa, que subían el alquiler hasta 1000 o 1300 euros”.

“Esta zona es un caramelo, una mina, y por eso nos quieren echar a todos a la calle”, prosigue, “ese es el poder que tienen, el de la pela, ¿y qué derecho tiene el inquilino? Ninguno”. Sea como sea, y aunque asume que será difícil ganar este pulso, advierte que van a luchar “hasta que el cuerpo aguante: bomba va y bomba viene”.

FOTO. Bernardo Álvarez

Lo mismo sostiene Ivanka, otra vecina que da por hecho que la intención del fondo es “subir alquileres, echarnos a todos, arreglar lascasas y poner pisos turísticos. En el barrio hay otros edificios en la misma situación”. En la actualidad, explica, las 50 familias que viven en el bloque pagan alquileres que oscilan entre los 300 y los 700 euros, aproximadamente. “Vamos a aguantar todo lo que podamos”, anuncia, “los vecinos estamos muy unidos”.

La partida empezó, por casualidad, con una ligera ventaja a su favor. Jaime, otro vecino bloque, lo explica así: “Nos enteramos de la compra antes de que se produjese, cuando la mayoría de los bloques se enteran después, por un burofax en el que les dicen que les van a rescindir el contrato. Estos fondos quieren tener un perfil bajo y hacer estas compras por lo bajini. Y si ellos quieren silencio, lo que vamos a hacer es ruido”. El pasado sábado el edificio acogió diversos conciertos y actuaciones con el objetivo de visibilizar la situación e intentar paralizar la compra: “Que vean que, si nos quieren echar, lo van a tener complicado, que no va a ser tan fácil como pensaban”.

En el edificio hay vecinos “con pensiones obreras o rentas mínimas de inserción que, viendo cómo están los precios del alquiler en Madrid, se tendrán que ir a la calle”. Todavía les queda un último cartucho: este martes 13 de febrero se concentrarán ante la sede de Elix en la calle Serrano, coincidiendo con su junta de accionistas, para manifestar su rechazo a la compra de los cuatro inmuebles.

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