Las raíces son importantes

¿Son necesarios los hiperliderazgos para ganar elecciones?

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Tras los resultados de las últimas elecciones gallegas, se ha instalado una discusión interesante que abunda en la importancia de las estructuras políticas de los partidos, en un ciclo en el que creíamos que lo importante eran, sobre todo, los hiperliderazgos. Pues bien, las elecciones gallegas parecen decirnos otra cosa. La primera es que el PP ha logrado mantener la mayoría absoluta con una legitimidad rotunda, a pesar de los sucesivos errores que cometió durante la campaña. A saber: apostar por unas elecciones gallegas en clave nacional, jugársela con un candidato, Alfonso Rueda, solapado constantemente por Alberto Núñez Feijóo e, incluso, la presidenta de otra comunidad, esto es, Isabel Díaz Ayuso. El PP ganó las autonómicas o lo que es lo mismo, la continuidad, porque tras cuatro mayorías absolutas ha demostrado ser un partido granítico en Galicia, capaz de manejar a su antojo una televisión pública y hegemonizar una buena parte de la sociedad civil que, en sentido estricto, no forma parte del complejo político popular pero orbita como satélites alrededor de él. Podemos hablar del papel que juega la Iglesia en Galicia, la función de las cofradías, el trabajo que juega el sector agrario o el empresariado industrial. Todos esos factores han permitido al PP resistir la erosión de una campaña electoral desastrosa, pero tampoco han logrado destruir a la izquierda.

En el mismo sentido y desde la otra banda, podemos hablar del arraigo del BNG. Su implantación territorial a lo largo de los años nos permite reconocer a un partido nacionalista pero no independentista que ha sabido amoldarse a una España que admite ser plurinacional sin menoscabo del escudo social que permita a los gallegos progresar de una manera cohesionada y justa con el resto de comunidades autónomas. Ana Pontón no es Beiras, pero ha sabido construirse un liderazgo adherido a las siglas de su partido, el BNG, sin estridencias ni personalismos. Ha conseguido, en definitiva, un liderazgo tan homologado a las propuestas políticas de Sumar y el PSOE que le ha permitido superar con creces a ambos partidos llegando a obtener 25 escaños. La izquierda, incluso la que no es nacionalista, se ve representada en el BNG. De manera que Sumar y PSdG se lo deben hacer mirar.

Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Rueda.

Al final de la película de Paolo Sorrentino, La Gran Belleza, el periodista Jep Gambardella le preguntaba a una Santa de aspecto veterotestamentario que había aterrizado en Roma de visita, por qué ella sólo come raíces. La monja respondía: “Porque las raíces son importantes”. Frente a la imagen austera y frugal de la Santa, Sorrentino oponía al cardenal, antiguo exorcista, que trataba de atraer y aburrir a los feligreses y a cualquiera que se le acercase con sus recetas gastronómicas. La gravedad de una frente a la frivolidad del otro. La pregunta que suscitan ambos puede ser interesante: ¿Quién es más atractivo de los dos? ¿Quién tiene el verdadero poder? ¿Lo tiene la Santa por sus milagros o el cardenal por sus exorcismos?

Giusi Merli, interprete de la Santa, en La Gran Belleza de Paolo Sorrentino.

Sumar es un proyecto que desde Magariños no logra afianzar sus raíces. A pesar de la beatitud santificativa con la que se desarrolla su discurso político, en realidad se acerca más al recetario del cardenal que oculta sus exorcismos. Sumar arrastra el gen Podemos, la verdadera semilla del diablo que tampoco fue capaz de echar raíces en las comunidades y las grandes localidades. A cambio, ofrece una imagen empática y moderna, ingrávida y divertida que transmite la idea de que no es necesario el pesado orden orgánico de un partido para llegar al poder y transformar la vida de las personas. Como el cardenal, sabe manejarse con eficacia en el rito institucional. Pero tanto Sumar ahora, como Podemos antes, existen o existieron bajo el espejismo de sentirse parte en otras organizaciones que, con el paso del tiempo y las elecciones, se fueron desgajando del proyecto iniciado hace 10 años por Pablo Iglesias. Sumar, es cierto, ha sido un trinomio que cuenta con la estructura de IU, la logística de CCOO y el oxígeno financiero de los Comunes de Ada Colau. Con todo, en IU ya han advertido que Convocatoria por Asturias será la marca de Yolanda Díaz en el Principado. No tardará lo mismo en suceder en otras comunidades.

Los hiper-liderazgos son altamente exigentes y necesitan que no haya contrapesos internos para ser realmente efectivos. Pedro Sánchez reclamaba este lunes mayor liderazgo en las federaciones socialistas, incluso liderazgos que trasciendan más allá del PSOE. Sin embargo, es a consecuencia de ellos que resulta muy difícil que las organizaciones políticas echen raíces, alcancen implantación en los territorios y recojan votos para llevar a cabo trasformaciones. En política, ni los santos ni los milagros existen.

José Ramón Gómez Besteiro, candidato del PSdG el pasado domingo, ante la urna. Fuente: PSdG.

Por este motivo, el PSdG se ha llevado un batacazo histórico. Cuatro secretarios generales y tres candidatos en los últimos doce años han desdibujado a un partido que solo encuentra su principal referencia en los alcaldes de las grandes ciudades. José Ramón Besteiro podría haber sido un gran candidato si realmente hubiera asentado su figura en el partido mucho tiempo antes, si los votantes de izquierda también hubiesen tenido tiempo a reconocerlo, si Besteiro no hubiese sido algo más que el último y como siempre, repentino, candidato del PSdG.

El mismo error que llevan cometiendo los socialistas desde que José Touriño perdió la presidencia de Galicia parece haberlo cometido Sumar con Marta Lois, nombrada candidata tras ser, durante escasos meses, portavoz en el Congreso de los Diputados. A Sumar le falta rock and roll, dijimos hace un año cuando se presentó el proyecto en el polideportivo de Madrid. La formación de las candidaturas siempre es acelerada, vertiginosa, impensada lo suficientemente como para tener tiempo a que los simpatizantes y, sobre todo, los votantes, tengan la capacidad para ser seducidos y entregar su voto concupiscentemente a Yolanda Díaz o a Pedro Sánchez. De eso, se supone, van los hiperliderazgos. La izquierda barbie necesita real politik y eso exige, como en un buen cocido o un buen exorcismo, organización y tiempo. Efectivamente, porque las raíces son importantes.

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