Las guerras adrianas (Cap. XX): Asturias first

El compromiso de los socialistas asturianos con las elecciones europeas quedará reducido a un eslogan. Después de eso, ¿quién se atreve a pedir trenes a nadie?

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Un fantasma recorre Asturias. Un sondeo vaga por las organizaciones socialistas. Afirma el espectro que la FSA perderá tres diputados si se celebrasen ahora mismo unas elecciones regionales. Un escaño por cada circunscripción. La perspectiva es mala. No se conoce la empresa que ha elaborado la encuesta ni tampoco la ficha, pero el rumor lleva circulando más de un mes por Asturias y ha sido capaz de atravesar montañas y ocupar despachos hasta llegar a los oídos de Adrián Barbón como un susurro exhalado por el mismo Diablo.

El aspecto macilento del Presidente asturiano no sólo se debe a las mensajes que recibe del Infierno. Paranoico, asediado y poseído como el rey Theoden de las tierras pardas de Rohan, Barbón parece sometido por un encantamiento que lo mantiene aislado y enfrentado con los socialistas de los grandes municipios tanto como con los grandes ministerios. Saruman anda cerca y se diría que el Presidente no toma una decisión si sus ordenes no se engarzan antes con las palabras venenosas de Lady Macbeth. La incomunicación con el PSOE, al que se le ha abierto un boquete en Madrid de consecuencias impredecibles, empuja cada día más a Adrián al acomplejamiento, cobijado en su único y estúpido eslogan, el Asturias first trumpista, aislacionista y paleto con el que quiso dar un nuevo giro a esta legislatura.

El Diablo, con sus sortilegios y sus sondeos, le está indicando que “por ahí no”. Pero Barbón cree haber descubierto la llamada de Dios en el trumpismo pese a que su salvación sólo se encuentre en un monasterio. El destino manifiesto se ha desplegado en los sótanos de Fruela gracias a la autoridad divina. Hay quien cree que la semilla del Asturias first se encuentra en la implantación de los primeros colonos que llegaron desde el País Vasco y desde Madrid alentados por el cambio climático. “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino” afirmaba el periodista John O´Sullivan en la revista Democratic Review en 1845. Misma música y similar letra vuelven a escucharse más de siglo y medio después en estos valles. Y no es que Barbón pretenda iniciar una nueva conquista, pero en su último Comité Autonómico, la FSA anunció que no invertirá un solo euro en la próxima campaña a las elecciones europeas que se celebrarán el 9 de junio. No hay dinero, afirmaban, porque se lo habían gastado todo en las autonómicas del 28 de Mayo. Exactamente se dilapidaron 373.565 euros en encuestas, publicó NORTES. Eso es también el Asturias first, una suerte de doctrina Monroe, regionalista que atenaza la autoestima de los asturianos. En la FSA se impone el cortoplacismo y se ignoran los mapas. En las elecciones europeas más decisivas de la historia democrática de nuestro país y de la UE, el compromiso de los socialistas asturianos quedará reducido a un eslogan. Después de eso, ¿quién se atreve a pedir trenes a nadie?

Oscar Puente, ministro de Transportes.

Comunicación deficiente con el Ministerio de Transportes de Oscar Puente. Comunicación testimonial con el Ministerio de Industria de Jordi Hereu. Los trenes Avril se retrasan y Arcelor no garantiza la instalación de la planta DRI. Los dos departamentos más inversores del gobierno de Pedro Sánchez están, en estos momentos, muy alejados de afirmar que exista sintonía con las consejerías de Adrián Barbón quien ha matizado sus críticas redirigiéndolas a la empresa que los fabrica, TALGO.

Los puentes están prácticamente volados. El retraso de los trenes a Asturias es una buena metáfora del diálogo recortado y retardado que hay con Madrid. A pesar de ello, el gobierno asturiano ha ampliado su esquipo de comunicación con la incorporación de un adjunto a la Presidencia y de otra asesora a la vicepresidencia de Gimena Llamedo. El mes de marzo es, sin lugar a dudas, el mes donde se agita la comunicación y la propaganda. Hacer marketing es muy caro pero hacer política no tiene precio. En Gijón, la Alcaldesa Carmen Moriyón lo sabe y lo hace muy bien. Ha duplicado su presupuesto en propaganda porque ha comprendido que sólo con un diablo se apagan los susurros de otro. El poder nace con la vocación de ocupar todos los canales. Asturias first y Gijón first.

El Presidente ha viajado esta semana a Madrid. Afirma en su cuenta de X que le veremos con más asiduidad por allí reclamando lo mejor para Asturias. La última turné de Barbón por los madriles vino acompañada de retrasos en la ampliación de la Variante, cuando el ministerio lo ocupaba Raquel Sánchez. Un veterano socialista asturiano bregado en estos asuntos me confesaba entonces que estas reuniones suelen celebrarse a puerta cerrada, en la intimidad, y con toda la armería puesta encima de la mesa para que los acuerdos queden sellados con un pacto de sangre. La discreción suele ser más efectiva que cualquier otro gesto exhibicionista que, en el fondo, y tal y como está siendo la legislatura, impregnada por el vértigo de la incertidumbre y la catástrofe, no sirven ni comunican nada. O sí. Con tanta palabrería, uno tiene la sensación de que Barbón salió de la visita con la Vicesecretaria del PSOE y Vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, más comprometido, si no estrangulado.

María Jesús Montero y Adrián Barbón.

Cuando un cargo público afirma que tiene un problema de comunicación, en realidad quiere decir que tiene un problema político. La mala conexión o el problema político también se está dando en el seno del Ejecutivo regional. Lo hemos percibido en la Consejería de Industria de Nieves Roqueñí que negoció la mejora salarial de los trabajadores con los representantes sindicales de la ITV hasta donde pudo. En realidad, Roqueñí negoció con las manos atadas hasta donde le permitieron. Pero hasta donde pudo o donde le permitieron no era un término suficiente para el comité de empresa. En el último minuto fue la Vicepresidenta Gimena Llamedo quien cerró un acuerdo con carta blanca y manos libres para comprometer lo que fuera necesario. El ninguneo a Industria traerá consecuencias. En otros departamentos, como Educación, ya han tomado nota y esperan negociarlo todo con Llamedo antes que con la consejera Lidia Espina. Así cualquiera.

Primero fue Juan Cofiño, después la salida de Borja Sánchez y ahora el equipo de Roqueñí. Las dificultades para encontrar a alguien que quisiera ocupar la Consejería de Servicios Sociales fueron patentes. Que Alejandro Calvo está cansado de aguantar con resignación las vicisitudes de este nuevo ejecutivo no es ningún secreto, pero su posible incorporación a la lista europea como salida política es tan sólo un sueño húmedo que sólo empapa las sábanas del dormitorio. Ni se molesten, se ha escuchado decir desde Madrid.

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