Cataluña: la lucidez y el espasmo

Conquistar el optimismo. Es probable que ese sea el mayor interés de los partidos independentistas en estos momentos

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Este jueves se ha aprobado la proposición de ley de amnistía en la corte de los Leones. Así comienza la próxima campaña electoral en Cataluña que culminará con las elecciones del 12 de mayo. En cuatro días, la política española ha reordenado sus cartas, ha revisado sus movimientos, ha tensionado los discursos, afilado las navajas y cambiado el escenario. Parece otra legislatura. Madrid es hoy un polvorín nihilista y Cataluña alberga desde ayer un horizonte algo más esperanzador que hace una semana. Con todo, se podría decir que hay cierta sensación de ligereza, una especie de alivio de luto, si uno observa el futuro iluminado con los faros de larga distancia. En las entrañas del reloj político, varios engranajes han encajado por fin y se tiene la sensación de que la legislatura se encuentra un poco más asentada. Las estrategias que los partidos políticos pergeñan hoy son completamente distintas a las de la semana anterior. Ocho meses después del 23 de julio, ciertamente la situación política se ha vuelto más difícil, más agresiva, más áspera, pero será una legislatura, al fin y al cabo, con estación términi en 2027. Y eso cambia completamente las cosas.

El gobierno de Pedro Sánchez ha encontrado su principal carta de triunfo en la amnistía. Convencer a los españoles sobre esta cuestión ha sido su mayor logro desde el 23 de julio. Una vez aprobada la ley, lo más probable es que sea sometida al juicio del Tribunal Constitucional, a instancia del PP. Pero a medida que transcurran los meses, Alberto Núñez Feijóo, en una posición más incómoda debido a la situación de la Presidenta de Madrid, la terminará asimilando. Los anticuerpos del PP no tienen otra alternativa que aceptar una ley que, a largo plazo, beneficia sus intereses políticos. Sólo necesitan comprender, si no lo han hecho ya, que la amnistía es, hoy por hoy, la única puerta abierta a la alternancia política del gobierno y también, hasta la fecha, la única ley que garantizará una mínima estabilidad institucional para poder gobernar durante los próximos años.

¿Solo con la ley de amnistía se podrá gobernar? Tampoco. Será necesario conocer qué resultado obtendrá cada partido y qué gobierno emergerá de las urnas tras las elecciones del 12 de mayo y, sobre todo, qué posición ocupará el PSOE tras el escrutinio de las europeas. Es posible que un triunfo socialista en Cataluña sirva de impulso para que el PSOE logre mejorar sus resultados en los comicios del 9 de junio. El nuevo escenario del Parlamento Europeo inaugurará una fase política entre los diferentes estados que no terminará de estar completamente definida hasta que se celebren las elecciones en los EEUU.

Conquistar el optimismo. Es probable que ese sea el mayor interés de los partidos independentistas en estos momentos. Con Puigdemont como candidato o sin él, nos encontraremos a un independentismo más movilizado. En cambio, Salvador Illa se ha instalado en otro discurso mucho más pragmático: pasar la página. Para el independentismo tan importante es asumir ese concepto, como darle la vuelta. Pasar la página, sí, pero. ¿Cómo la pasarán Junts y ERC?. Un independentismo derrotista fulminaría a Puigdemont y a Oriol Junqueras. El discurso del cuanto peor mejor ya forma parte de otra vida. No sirve para estas elecciones. Ahora Cataluña está a otra cosa y el problema es definir a qué otras cosas quiere estar Cataluña. De momento, parece que eso sólo lo saben Illa, Pere Aragonés y Los Comunes (PSUC). Los últimos han visto en la sequía de estos meses toda una ontología sobre la que articular una alternativa política a las otras izquierdas. El gran reto de Junts es saber combinar el optimismo del futuro con el martirologio del pasado. El gran reto de ERC es articular el pragmatismo de su gestión en el gobierno con un idealismo socialdemócrata, o sea, limitado. Llegados a este punto, habrá que ver qué más demanda la sociedad catalana y si sólo el PSC está capacitado para representarla. Lo que, de momento, parece bastante claro es que los independentismos no afrontarán el futuro con un rencor hostil ni con el aire de la venganza hacia la historia. El procés estaba más guiado por Rousseau que por Montesquieu. Parece, finalmente, que la lucidez se ha impuesto sobre el espasmo. Lo veremos en las próximas elecciones.

Actualidad

1 COMENTARIO