Pedro Sánchez: renacido

"O decimos basta, o la degradación de la vida pública determinará nuestro futuro condenándonos como país",

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

El PSOE es un partido con más de 140 años. Tiene la extraña virtud de arrancarse el corazón, de exponerlo sobre la mesa, también de que lo apuñalen y, después del martirio, aún conservar fuerza para colocarlo nuevamente en el pecho y que vuelva a latir. El poder catártico del PSOE no tiene parangón en el sistema español de partidos. Pedro Sánchez, el último samurái del socialismo europeo, ha practicado a las 11 de la mañana, en un día frío y soleado, lo que iba ser un seppuku pero, tras retirarse la catana, ha resucitado después. No hay más ritual que una declaración institucional, sin preguntas, sin ruido, después de cinco días de silencio. El Presidente ha renacido, ennoblecido por la solemnidad de su cargo, la gravedad de las circunstancias, despejado de las acusaciones de unos y cobijado en el coraje de todos los demás.

La Ministra de Sanidad, Mónica García, el Secretario de CCOO, Unai Sordo y el Secretario del PCE, Enrique Santiago, este domingo, en la minfestación “por amor a la democracia”. Foto de Twitter.

Mientras tanto, en Madrid, un suponer, se cavan trincheras y se escuchan disparos en Puerta del Ángel. Me lo dice Israel Merino este lunes, con esa voz que sólo tienen los poetas de la calle, capaces de convertir en cadentes palabras el aire contaminado por la ira de Madrid. Al tiempo que Pedro Sánchez mantenía su encierro en La Moncloa este domingo, una mani salía desde Atocha hasta el Congreso, recorriendo esa calle mineral que va de la estación de tren hasta el corazón de la democracia. Sánchez ha conseguido convertirse en un quincemayista que ha puesto sobre el tapete político el compromiso y el amor que los ciudadanos guardan a su democracia. La del domingo parecía el 15M abrazándose a las instituciones y sin embargo, fue un fracaso, con 4000 personas en una ciudad de más de cuatro millones de habitantes. No es un dato menor que invita al activismo capitalino a una seria reflexión. A esa misma hora, por Ferraz, un centenar de orantes ultraderechistas rezaban a la Virgen María y en las redes, un video de Isabel Natividad, con ojos de mujer narcotizada, circulaba a mayor gloria de su pueblo. Madrid es una película de Alex de la Iglesia en la que el Anticristo parece haberse hecho de derechas.

Con todo este paisaje, el Presidente ha dicho este lunes, a las once de la mañana por qué merece la pena gobernar. Ha propuesto una agenda nueva. Un giro de guion que sitúa la regeneración democrática en el centro de la vida de los ciudadanos. Sánchez y sus socios de gobierno deberán hacer una apuesta fuerte por la reforma del Consejo General del Poder Judicial, la derogación de la Ley Mordaza y una Ley de Prensa. Ha dicho que vuelve con más fuerza, con el ánimo indemne, situando su cargo en el filo de la navaja y reforzándolo con la confianza de los ciudadanos que lo votaron y la de aquellos que no.

“Los tiene cuadrados”, me decía un veterano periodista catalán este jueves por la tarde. Sus palabras delataban que no tenía la menor duda sobre la continuidad de Sánchez pero, incluso él, que ha conocido mejor que nadie la España del pacto y la furia, dejaba entrever que con Sánchez podía pasar cualquier cosa. Lo cierto es que el PSC, tal como pronosticaba, sale reforzado en la campaña electoral catalana y apuntala a la izquierda en las próximas europeas. Hay partido. Este jueves y sobre todo, el sábado, llegamos a pensar que se abrirían las aguas de la democracia como en un relato veterotestamentario pero lo que ha sucedido es un nuevo impulso para la democratización de nuestro país. Ha sido una jugada maestra que deja a Alberto Núñez Feijóo convertido en una miniatura.

Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. Foto: Twitter de Alberto Núñez Feijóo

En política, cada día cobra mayor relevancia la inteligencia emocional. Tras los atentados de Atocha, el gobierno de Aznar no la supo tener hace 20 años. Fue incapaz, aún lo sigue siendo, de reconocer el clamor ciudadano que salió a las calles en la víspera de unas elecciones, reclamando verdad. La historia no admite muchos guiones perfectos. Cuando menos lo pensamos, un Presidente anuncia que debe parar y reflexionar. “O decimos basta, o la degradación de la vida pública determinará nuestro futuro condenándonos como país”, dijo desde La Moncloa. A su vez, el líder de la oposición, lejos de mantener la calma, ha tratado de hacer leña del árbol caído. No ha sido capaz de detenerse y ver qué tonos, qué clima, qué ambiente está intoxicándolo. Tengo la sensación de que la derecha española ha encogido desde este lunes, que sus voceros han perdido campo de onda, que hay un antes y un después en este día de San Pedro Mártir. Estaremos atentos con la inteligencia emocional activada.

El PSOE ha intuido, ocho meses después de las últimas elecciones, que debe iniciarse una regeneración democrática, un cambio de “las reglas del juego”, independientemente de las convicciones políticas de cada ciudadano, una nueva alianza fraguada en las instituciones políticas y la calle, cuando las palabras “verdad”, “mentira” y “legitimidad”, atraviesan la acción política de los ciudadanos en todas las escalas. El PSOE y el resto de fuerzas políticas han definido perfectamente también una línea de resistencia alrededor del sistema que concierne a las instituciones políticas, al poder mediático y al conjunto de la ciudadanía. La base de un Estado social son sus instituciones liberales. Como decía el catedrático de Derecho Constitucional Francisco Bastida hace una semana: “El triunfo de la democracia liberal es el triunfo de la minoría. Y la primera minoría es el individuo”. La división de poderes, el imperio de la ley y el respecto de los derechos civiles y políticos conforman los pilares de una democracia liberal erosionada por medios de comunicación, pseudosindicatos y una corriente de pensamiento ultraderechista que ha hegemonizado el poder judicial. Son días de rabia e ira que necrosan la democracia.

ADENDA:

Pedro Sánchez y Adrián Barbón. Foto: Gobierno de Asturies.

En Asturias, los zombis despertaron. Alguno salió de su tumba, atraído por el confuso aroma de la carne. Lady Macbeth ha intentado capitalizar la voz de las agrupaciones socialistas durante las cinco jornadas de silencio. Ofrecían falsas pistas de por dónde podía salir el Presidente. El Secretario de la Federación Socialista Asturiana, Adrián Barbón, pudo haber convocado a los Secretarios de las Agrupaciones Socialistas el jueves o el viernes, haber aprovechado la oportunidad de hacer una declaración conjunta, haber dado síntomas de unidad y fortaleza, más allá de sus actuales discrepancias. Pero no, su falta de inteligencia emocional les empujó a acaparar el foco, con estridencias, desde un personalismo que acentuaba la impostura, dentro y fuera del Comité Federal del pasado sábado. Se han equivocado otra vez. Un veterano asesor político me lo decía de otra manera, más afilada esta mañana de lunes: “Menos Falange y más Avance”

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