El sueño de Odin y Pedro Sánchez

La izquierda tiende a autoafirmarse, no frente a la derecha, sino frente a otra izquierda

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

La atención lo es todo. La atención es el esfuerzo cognitivo que se nos dedica, los ciclos de computación que los demás gastan en procesar nuestras palabras y nuestra conducta. Los recursos son limitados, así que cuanta más atención consigamos menos recursos quedan para los demás. El foco que consigan nuestras palabras deja en la oscuridad las palabras de otros. No es la razón ni la verdad, es la atención lo primero de todo, sin eso no hay razones ni verdades que entren en ningún cerebro. El problema de la atención es que las mentes atentas reclaman una justificación de los recursos que estamos acaparando. Podemos llamar a esto expectativa. Si nuestras palabras o conductas no satisfacen la expectativa creada, caerá sobre nosotros el ridículo, la banalidad o la impertinencia (dejemos el humor para otro día). Si paro a alguien, tengo su atención y, si le pregunto si tiene hora, mi pregunta encaja con la expectativa. Si en un restaurante me subo a la mesa y tintineo en la copa con una cuchara, como en las bodas, sería raro que al hacerse el silencio preguntara si alguien tiene hora. Conseguí atención, pero no satisfice la expectativa. Habré parecido ridículo o idiota.

No importa cuánto haya habido de franqueza o de táctica en el resonante gesto de Sánchez. Posiblemente hubiera un estado real de hartazgo y congoja manejado tácticamente. Lo que importa son las consecuencias. Sánchez desde luego logró una atención inusitada del país. Como acaparó toda la atención, apenas quedó nada para lo demás, arrancó la campaña catalana a oscuras, Puigdemont se quedó sin clientes y la bilis rugida por las derechas llegaba a la gente con sordina. La atención lo es todo. No es lo mismo decir que hay que enfrentarse a la mentira y el fango, algo que se dice continuamente, que decirlo con una atención tan alta, con una actividad computacional tan fuerte que dispare esas palabras a todas las consecuencias deducibles. Esa atención inoculó esas palabras con tanta fuerza en nuestro sistema nervioso, que Pablo Motos sintió agitado su pequeño estercolero y tartamudeó que Sánchez no irá a su programa, Cayetana Álvarez de Toledo deliró asaltos y dictaduras y Ana Rosa se desquició más que Ana Rosa. El dios Odín dormía cuando se debilitaba. Durante el sueño era vulnerable, pero no estaba ausente, lo oía y lo veía todo. Y cuando despertaba, lo hacía con todo su poder recuperado. Sánchez durmió cinco días el sueño de Odín. La debilidad fue evidente y puede que no se recupere de ella en la alta política europea. Estaba débil pero no ausente. Oyó al PSOE movilizarse como nunca. Vio a la izquierda paralizada y dependiente de él. Vio a la derecha soltar bufidos erráticos sin argumentario. Leyó su nombre en todos los periódicos del mundo. Y al despertar sus poderes habían crecido.

Grupo parlamentario popular. Foto: PP

A Sánchez lo hacen grande sus enemigos, más que su altura propia. Sánchez crece más por lo que evita que por lo que hace. Los cinco días que durmió proyectó atención sobre ese parásito de ultraderecha que carcome nuestra convivencia alimentado por dinero público. Los focos iluminaron con intensidad su falsedad y su infección en la judicatura, las instituciones y los medios. Cuanta más luz sobre las derechas, más urgencia se siente de que Sánchez lo evite y menos de analizar lo que hace, lo que tolera y lo que no hace. Se despertó más fuerte. La eficacia de la publicidad no depende de que nos guste. Los anuncios de detergentes de los 70 eran infumables, pero afectaban contundentemente al consumo. No importa mucho si son más los que reprueban que los que aprueban el gesto de Sánchez. Sánchez se despertó del sueño de Odín más fuerte. Pero puso las expectativas muy altas, su tintineo en la copa acaparó nuestros ciclos de computación. Ahora toca cumplir con la expectativa o caer en la banalidad y el ridículo. En realidad, la atención lo es todo, pero no es tan difícil tenerla. Pruebe a subirse a un banco y hablar a la gente desnudo. Tendrá toda la atención, pero hará el ridículo. Lo difícil es tener la atención y cumplir las expectativas.

Sánchez concentró la atención sobre el fango. El cerebro humano es hackeable. En determinadas circunstancias, el individuo se disuelve en la masa. En situaciones con estrés de combate, real o simulado, se masifica y la conducta la mueve más el sistema límbico que la corteza superior, más las emociones que la razón. Las emociones son rápidas y ven el mundo en baja resolución. Con pánico, podemos confundir una manguera con una serpiente. Las emociones más vivas son las que tienen que ver con la alerta y el peligro, las negativas. El fango consiste en tener a la gente con estrés de combate, indignada, irritada y enfrentada. El fango tiene una función encubridora y otra de eficiencia low cost. Encubre quien tiene que ocultar. Detrás de las motosierras, las conversaciones con perros muertos, los arrebatos taurinos y los embelesos ante la bandera, siempre está la supresión de impuestos a los ricos, la eliminación de servicios básicos («privatizar» es de la misma raíz que «privar», que en latín es despojar), la anulación de derechos, la desregulación laboral y todos los afanes de las oligarquías. Enfanga quien necesita que la gente luche contra molinos de viento y no por sus derechos. La derecha se corrompe más que la izquierda porque se cree con derecho a ello. Si les pillan trapicheos de mascarillas, los libelos que financian inventan historias para que algún juez de los suyos abra causas y parezcan todos lo mismo. Si se mueren en condiciones indignas 7291 personas, atacan a sus familias y se cagan en sus muertos. Enfangan para ocultar. Pero también es una manera barata, low cost, de alcanzar objetivos. Los bulos y el fango les eximen de presentar propuestas. ¿Cuáles son las del PP y Vox? ¿Por qué no hablan de economía? Y además el odio y la mentira son combustibles más reactivos y baratos que la inteligencia. La deshumanización y destrucción del adversario, tratarlo como enemigo, requiere menos liderazgo que presentar propuestas y análisis. En la guerra es fácil que los tuyos estén contigo, aunque seas un memo. Si tienes a la gente en estado emocional de urgencia y guerra, no necesitas razonar ni política de estado. Los algoritmos de las redes sociales no estimulan el contacto y la comunicación, sino el choque y el relato crispado, las formas más seguras de enganchar a la gente. Tenemos pocas defensas ante las artes de quienes tienen mucho dinero para enfangar, hackearnos y alterarnos. Milei señala el camino para bajar más esas defensas: no hay ministerio de educación ni de cultura, pero hay uno de interior, otro de seguridad y otro de defensa.

Caravana electoral de la La Libertad Avanza.

La encuesta en caliente del CIS tiene poco valor, pero sí alguno. El pico de movilización de la izquierda se traduce en un pico electoral. Feijoo está pasado de vueltas porque sabe que la movilización es su enemigo. La izquierda tiende a autoafirmarse, no frente a la derecha, sino frente a otra izquierda; no se reafirma como izquierda, sino como izquierda «auténtica», frente a esa de ahí al lado. También es barato. Son más fáciles batallas cortas de poca monta que se pueden ganar que batallas largas y complejas en las que hay renuncias y cesiones. Luchar por la redistribución de la riqueza es complejo. Luchar por que las minorías marginadas tengan una vida normal es complejo. Buscar patas de mosca en lo que dijo o calló no sé qué diputado o sindicalista y «desenmascarar» su inconsistencia y falsedad es una forma rápida y barata de reafirmarse como izquierdista «auténtico». Es más barata la trinchera contra otros progresistas, aunque el resultado sea una ristra de chuminadas que no tienen que ver con los problemas. Es la actitud que lleva a las eternas divisiones espurias. El CIS mostró cuánto puede la movilización del PSOE y cuánto cuesta la división de la izquierda. El sueño de Odín vuelve a dejar a Sumar invisible entre el potente liderazgo de Sánchez y el potente simbolismo de Podemos, que no le dará diputados, pero restará muchos de Sumar. Sumar tiene que subir el voltaje. No puede haber dos izquierdas para el mismo espacio. Durante el sueño de Odín, las izquierdas tuvieron las mismas pesadillas. Y Sánchez consiguió una sonora atención desnudándose en la vía pública y tintineando en la copa de cristal. Logrado. Ahora toca cumplir las expectativas y que eso no sea ridículo.

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