Asturianismo para una Asturies al final de una época

Conceyu Bable va a nacer en la última "década dorada" de la economía asturiana, previa a la gran reconversión de los 80.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El 16 de noviembre de 1974 aparecía en el número 284 de la revista Asturias Semanal la sección Conceyu Bable. Esta sección en la revista de referencia del antifranquismo cultural asturiano, algo así como la versión local de Triunfo, el gran referente de la prensa democrática española, sería la semilla de una asociación cultural que no se legalizaría hasta 1976, y cuya influencia sería determinante en la Asturies postfranquista. Impulsada por un grupo de jóvenes universitarios, Conceyu Bable aportaría a las vanguardias democráticas asturianas un discurso y unos símbolos para algo sobre lo que apenas habían reflexionado hasta entonces: la cuestión autonómica.

Conceyu Bable obligaría a los partidos de izquierdas, fundamentalmente centrados hasta entonces en la lucha obrera y por las libertades democráticas, a posicionarse sobre temáticas que hasta entonces apenas habían sido objeto de su discusión como la lengua asturiana, la autonomía o la identidad como pueblo. “Había un pack democrático que venía de Catalunya, el Libertad, Amnistía, Estatuto de Autonomía, pero poco más”, señala David Guardado, autor del ensayo “Nunca vencida”.

Asturias Semanal

A pesar de lo reciente de su fundación, en el verano de 1976 Conceyu Bable ya tendría el suficiente tirón y legitimidad como para lograr colocar en Xixón a toda la oposición democrática tras una pancarta que defendía “Bable a la escuela” y “Autonomía rexonal”.

No se trataba de un fenómeno aislado, sino de la llegada a Asturies de unas reivindicaciones culturales y de autogobierno que habían logrado saltar de Catalunya, el País Vasco y Galicia a otros territorios con mucha menor tradición, como el País Valenciá, Aragón, Andalucía o la propia Castilla, donde las izquierdas estaban reinventando el mito de los Comuneros. Conceyu sería en Asturies el agente local de esta primavera autonomista a la que unos partidos se sumarían con más entusiasmo que otros.

Manifestación en Xixón en julio de 1976

David Guardado apunta como otros hitos de este proceso de florecimiento asturianista la multitudinaria marcha en agosto de 1977 por las calles de Uviéu para denunciar el robo cometido en la Cámara Santa de la Catedral, la publicación de los libros “El regionalismo asturiano” (1976), de Pedro De Silva, “Los heterodoxos asturianos” (1977), de Juan Cueto, y “El nacionalismo asturiano. Críticas y propuestas” (1979) de Amelia Valcárcel y Ramón Cavanilles Navia-Osorio. Asimismo, en esos años, además de la propia actividad de Conceyu Bable van a aparecer otros focos de actividad cultural asturianista como el Nuevu Canciu Astur y la literatura del Surdimientu.

El asturiano y el autogobierno entran en una agenda política en la que hay que dotar a la palabra autonomía de contenido, ya que todo el mundo da por hecho que el modelo autonómico se va a extender fuera de las llamadas “nacionalidades históricas”, Catalunya, Euskadi y Galicia, los tres territorios que llegaron a plebiscitar estautos de autogobierno en la Segunda República.

Actividad de Conceyu Bable

El activismo cultural asturianista coexiste sin embargo con el fracaso político. Incluso se convierte a veces en el refugio al que aferrarse ante las malas noticias que llegan del frente electoral. Unidad Regionalista, la candidatura promovida por el Movimiento Comunista de Asturias y otros partidos ilegales, con participación de miembros de Conceyu Bable, sólo consigue el 1,9% de los votos en las elecciones de junio de 1977. La lista del Partido Socialista Popular, en la que participaban otros miembros de Conceyu, obtiene por su parte un 7,3%, significativo, pero insuficiente para obtener representación institucional.

Al contrario que otros proyectos fallidos en su primer intento, como el Partido Socialista Galego o el Bloque Nacional Popular Galego, que también fracasan en las primeras elecciones democráticas, en el caso asturiano no habrá segunda oportunidad. Unidad Regionalista opta por la autodisolución, sin esperar a las generales y municipales de 1979, y el PSP, como en toda España, se integra en el PSOE.

“La reactivación del discurso de la renuncia”

Cuando en 1978 se constituya el Consejo Regional de Asturias, con la participación de PSOE, Unión de Centro Democrático, Partido Comunista de Asturias y Coalición Democrática, la movilización autonomista está en reflujo, y la capacidad de presión sobre los partidos encargados de elaborar el Estatuto se encuentra bajo mínimos. Ningún tipo de movilización por la autonomía acompaña o influye en los debates de la comisión redactora.

Unidad Regionalista opta por la autodisolución, sin esperar a las generales y municipales de 1979

Si bien PSOE y PCA habían defendido una posición autonomista de máximos al principio de la Transición, los socialistas pronto se descolgarán, y tras ellos los comunistas. Guardado atribuye al viejo socialista Rafael Fernández un papel clave en la apuesta del hegemónico PSOE por abandonar la exigencia de un Estatuto de “vía rápida”, en lo que define como “la reactivación del discurso de la renuncia” y el “orgullo de no molestar”, cuya traducción institucional será la denominación como Principado de la futura comunidad autónoma.

Gabino Díaz Merchán y Rafael Fernández.

La actitud del PSOE y el PCE contrasta con la de sus homólogos en Andalucía y Galicia, comunidades donde abanderan frente a la UCD la reivindicación de un Estatuto de máximos, al nivel del catalán y el vasco, triunfando además en ambos casos.

Movilización por la autonomía andaluza.
Movilización autonomista en Vigo.

Seis años después de la campaña de Bable nes Escueles el Estatuto de Autonomía señalaba en su artículo 4 que “El bable gozará de protección”, si bien su concreción se dejaba a una futura ley. La otra conquista del asturianismo cultural en la Transición sería la fundación en 1980 por el Consejo Regional de la Academia de la Llingua Asturiana, en la que se integran buena parte de los fundadores de Conceyu Bable, que a partir de esas fechas comienza a languidecer.

Transición democrática y crisis económica

El nuevo asturianismo nacía casi al mismo tiempo que la gran crisis económica de 1973 y el proceso de reestructuración capitalista que iba a sacudir en los años siguientes al mundo en general y a Asturies en particular.

Los años 70 serán la última “década de oro” del siglo XX, con casi 25.000 personas trabajando en la empresa pública de minería, y otras 26.000 en la de siderurgia. Cifras imponentes previas a la gran “reconversión” industrial de los años 80. A pesar de la resistencia que la economía asturiana muestra en un principio a la crisis mundial, los primeros síntomas de agotamiento del modelo están empezando a notarse, y en febrero de 1978 una multitudinaria manifestación recorre Avilés bajo el lema “Salvar ENSIDESA es salvar Asturias”. Unos años antes, habían tenido lugar grandes movilizaciones en Mieres contra el desmantelamiento de su histórica siderurgia. Las luchas a la ofensiva del tardofranquismo y la Transición comenzaban a coexistir con las primeras movilizaciones defensivas típicas de los años 80 y 90.

Pegatina en defensa de ENSIDESA en la Transición.
Huelga general en Xixón en los años 80. Foto: Luis Sevilla

La defensa de Asturias, entendiendo como tal la protección de su industria y su minería frente a la adversidad del libre mercado, se consolidará a lo largo de los años ochenta a golpe de huelgas y conflictos laborales como una idea de sentido común, muy aceptada, convirtiéndose a menudo los sindicatos en los portavoces oficiosos de “los intereses asturianos” frente al Estado, así como en los agentes de un cierto “regionalismo de clase”, como había teorizado el PCA en la Transición. Lemas como “Por Asturias”, banderas asturianas y el “Asturias patria querida”, se convertirán en parte del repertorio habitual de las grandes movilizaciones convocadas por UGT, CCOO y sus aliados durante las luchas contra la reconversión.

Cartel del CNA

La coincidencia en los años 80 entre el nacimiento de la autonomía y el estallido en toda su plenitud de la crisis de la asturiana, también en el campo, enfrentado a la reconversión impuesta por la CEE, va a consagrar la cuestión económica como el auténtico tema central de la nueva política autonómica, eclipsando los debates abiertos al inicio de la Transición por el asturianismo, que van a quedar pronto relegados, excepto en momentos muy puntuales, a un segundo plano.

Podría haberse articulado en esta década un nuevo movimiento asturianista, más vinculado a las cuestiones socioeconómicas, pero esto apenas sucedió, o sólo de manera muy minoritaria, en pequeños sectores sin demasiada proyección e influencia. Así, del mismo modo que en otras comunidades la lengua o el reconocimiento de la identidad nacional van a ocupar la centralidad del debate político, la inquietud con respecto al incierto futuro, así como las posibles salidas a la crisis estructural, acapararán en la Asturies de los años 80 ese mismo lugar privilegiado en la agenda y la discusión públicas.

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