Una protesta low cost

Convendría que las fuerzas sociales y los partidos de izquierdas modularan sus llamadas a la movilización.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Han transcurrido casi 12 meses desde las últimas elecciones locales. El tiempo ha volado desde entonces y en Gijón se vuelve a hablar de economía. El PSOE, a través de su concejala, Marina Pineda, ha rescatado del baúl de los recuerdos la regla del techo de gasto financiero. En España, afortunadamente, ya no hay hombres de negro, pero desde las instituciones españolas, el ojo de Saurón vigila atentamente el crecimiento económico y el gasto de los 25 principales ayuntamientos. España es el país que más crece de la UE. Se prevé un 1,4% de crecimiento del PIB, muy por encima del resto de las principales economías de la Unión.

La regla de gasto, el prólogo a los presupuestos generales del Estado, puede ser un problema político para Sánchez a finales de este año si no logra aprobarla en el Congreso con el apoyo de PNV, Bildu, ERC y Junts En los Ayuntamientos, además de un problema político, la regla de gasto puede ser un verdadero problema económico para llevar a cabo las inversiones en sus respectivos municipios. Si se fijan, el Ministro de Transportes, Oscar Puente, lleva dos meses cerrando grifos o, cuanto menos, reordenando las infraestructuras comprometidas durante el gobierno anterior. Uno de los ejemplos más evidentes lo hemos tenido en Gijón. Los números no dan. De 270 millones se ha pasado a una alternativa tasada aproximadamente en 70. Adiós al vial soterrado. Otro ejemplo lo hemos vuelto a percibir esta semana en boca de su Secretario de Estado de Transportes, Santano quien, con otras palabras más tibias, les ha transmitido a la Alcaldesa, al Consejero y a cualquiera que lo propusiera un idea muy sencilla: un parque en El Solarón está muy bien, siempre que sean ustedes quienes lo paguen. 49 millones de parque es como para pensárselo dos veces.

Un momento de la plantación en el Solarón. Foto: David Aguilar Sánchez

Durante este primer año de mandato, en Gijón hemos protagonizado y estamos protagonizando la conquista del Oeste. Umicore y el acceso al vial de El Musel, el plan de ordenación de El Natahoyo, el Plan de Vías. Ese sería el capítulo de inversiones privadas y públicas. En cambio, al fondo de ese paisaje, una acería podría anunciar en breve que no continuará con el plan de descarbonización previsto. Sin la instalación de una planta DRI, se calcula una perdida de empleo que podría afectar 1000 .trabajadores. 1000 familias. El indio Mittal mira a los indios del Canadá, donde todo es más barato y la luz es más antigua que el amor. Este es el horizonte más próximo de la ciudad. Si me permiten, no está resultando especialmente alentador.

Curiosamente, el clima político no ha recibido una reacción social proporcionada. La protesta es un pequeño hilo de voz. Es una protesta low cost. Quiere decirse que la gente sigue en su casa aunque las expectativas no sean muy halagüeñas. La olla parece que está fría. En la calle, nadie habla de economía. En Gijón, nadie habla de Arcelor. En Asturias nadie habla de Umicore. En la ciudad más importante de la región nadie ha montado un pollo con el vial de Jove, más allá del ruido del movimiento vecinal. La ciudad de primera tampoco habla ya del Mundial. ¿Se acuerdan? Una ciudad de primera… Todo lo que pretende ser trascendental se diluye en un titular, forma parte de un espectáculo deportivo. La política es hoy la pelota que entra o no entra en la portería. “Los estadios -escribió el filósofo alemán Peter Sloterdijk– se han convertido en las catedrales de una nueva religión fatalista”. Gijón es estos días un estadio viejo y vacío con serias dudas de pasar a la zona de play off. Son escasas las personas que han salido a la calle a protestar contra la alternativa del vial de Jove presentada por el Ministerio, con permiso de Manuel Cañete y la FAVV, con permiso de la Alcaldesa, del PSOE y del resto de fuerzas políticas. Todavía no se ha movilizado a nadie para reivindicar que Gijón sea sede de un mundial, ni ha salido a la calle con fuerza, arrastrando a miles de personas, por El Solarón, contra Umicore o por el DRI. Me pregunto si la desactivación de los movimientos sociales es propia de Gijón o si forma parte de algo más estructural.

El 1 de mayo ha perdido mucho fuelle, en contraposición al 8 de marzo que saca a la calle a miles de jóvenes y, sobre todo, mujeres

Si proyectamos la vista hacia atrás, observaremos que el pasado 1 de mayo, UGT y CCOO no movilizaron a más de 2500 personas desde La Felguera hasta Sama. El 1 de mayo ha perdido mucho fuelle, en contraposición al 8 de marzo que saca a la calle a miles de jóvenes y, sobre todo, mujeres. El pasado domingo, en la manifestación por la democracia que salía desde Atocha hasta el Congreso de los diputados, no tomaron las calles de Madrid más de 4000 ciudadanos. El sábado, durante el Comité Federal del PSOE, no había más de 12.000 afiliados y simpatizantes ocupando Ferraz y alrededores. Volvamos a Gijón. La tertulia sobre el vial de Jove que aconteció el viernes de la semana pasada no logró llenar siquiera la mitad del pequeño salón de actos del Ateneo de La Calzada y la gran mayoría de los asistentes peinaban canas. Las personas que participaron en las marchas contra el vial de Jove hasta hoy se cuentan por decenas. Las marchas, las manifestaciones, el tejido social, ha descubierto que también puede expresarse como una protesta low cost.

Foto: Kike Gallart

La impresión es que este país y esta ciudad no perciben la necesidad de salir a manifestarse. En los medios de comunicación y las redes sociales, se canaliza la pulsión de la ciudadanía. Pero encendamos el scanner y aumentemos la imagen a una escala internacional. Es curioso que en las Universidades de los EEUU se hayan producido encierros, vigilias y concentraciones contra el genocidio israelí en la franja de Gaza mientras en España y el resto de Europa, los universitarios no hayan seguido la senda pacifista de sus coetáneos de la Universidad de Columbia o la UCLA. Mientras hago estas anotaciones, la gendarmería francesa entra en el Instituto de Estudios Políticos de París, donde 150 de estudiantes protestan contra la guerra de Gaza.

A pesar del ruido de las redes y los medios de comunicación, los partidos de la izquierda están actuando desde las instituciones como un poderoso coagulante en el circuito sanguíneo del conjunto de la ciudadanía. Convendría que las fuerzas sociales y los partidos de izquierdas modularan sus llamadas a la movilización y dosificaran adecuadamente las emociones, esa extraña energía que define el estado de una sociedad. Actualmente parecen escasas, intermitentes y tenues. Se diría que los vecinos de Gijón no están para demasiadas aventuras. Algunos veteranos líderes del movimiento vecinal me dicen que el asociacionismo ha envejecido, se ha esclerotizado, no encuentra relevo. Se ha impuesto la razón en el movimentismo antes que la emoción y eso conduce al desanimo. Pedro Sánchez sólo hay uno. En Gijón, de momento, ninguno.

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