Ultracuerpos lingüísticos y racismo sin discurso

En su jerga, la libertad es la eliminación de toda cortapisa para los poderosos, es decir, la anulación de derechos de la mayoría.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

La informática personal empezó en serio a finales de los ochenta. Dejamos las máquinas de escribir cuando entraron en nuestras casas los PC con aquellas pantallas negras del MSDOS que solo tenían un cursor parpadeando a la espera de que escribiéramos algo para empezar a hacer cosas. Mirábamos de reojo los extraños y caros Macintosh de Apple, que no eran compatibles. Tenían ratón, una frikada por entonces, y la pantalla era gráfica, con iconos, no se tecleaban órdenes. Se decía que era otra «filosofía» (qué palabra tan sufrida). La cosa se desbordó muy rápido y Microsoft empezó a llenar de iconos y gráficos las pantallas de los PC con Windows. Así mantuvieron a Apple por debajo del 10% de mercado unos años. Los comentaristas decían que Apple debería sentir orgullo. Windows era la manera en que Microsoft conceptualmente se rendía y reconocía que la «filosofía» de Apple era la buena. Con la democracia pasó algo así. Después de muchas andaduras, triunfó conceptualmente. Mientras la URSS no fue un imperio, se atacaba la democracia diciendo que era mala, que traía desorden, que daba la palabra y la decisión a una plebe que no sabía nada y que ponía en cargos a indocumentados ignorantes. Así se atacó a la República y con ese discurso se pretendía la legitimidad del Caudillo. Cuando empezó la transición, arreció lo del desorden y los indocumentados. Los profesionales de carrera veían a los concejales electos como unos mindundis malcriados. Ese discurso nunca se abandonó del todo y ahora florece en el discurso ultra, que finge rebeldía abominando de los «políticos». En películas americanas rutinarias, como Godzilla o La Roca, los militares son siempre la cabeza serena y responsable y los políticos los chisgarabises ruidosos.

En la Guerra Fría la democracia zanjaba cualquier duda entre capitalismo y comunismo. Ahora ya no hay imperio comunista y la democracia está siendo atacada con intensidad. Pero, decía, triunfó conceptualmente. Nadie se atreve a decir que una dictadura es mejor que la democracia y nadie se atreve a sostener que no hay que votar porque la gente es ignorante. Solo Alfonso Guerra dice en estos días que las dictaduras liquidan la libertad, pero son más eficaces en el terreno económico. No hay que darle importancia, escuchar a Guerra y al resto del PSOE caoba es como hacer güija para oír psicofonías de difuntos.

Conceptualmente ganó la democracia, con sesgo izquierdista. Los ultras llaman progre a un tejido que los asfixia y que es el puro ambiente de libertades logradas que respiramos. Para combatir ideas invencibles tienes que mentir, denigrar a quienes las sostienen y tienes que hacer algo muy importante: negar que las estés combatiendo, ser tú su portavoz «auténtico» (viva la libertad, carajo). El PP va a convocar una manifestación por la libertad de prensa y la independencia judicial. El triunfo conceptual de la democracia es tan contundente como el de Apple: atacan la democracia coreando dos de sus pilares. Es tan contundente el triunfo conceptual que no hay más lenguaje útil que el de la democracia. Las invencibles ideas progresistas se combaten apropiándose de sus palabras para decir lo contrario de lo que significan: libertad, igualdad, independencia judicial, prensa libre, voluntad popular. En su jerga, la libertad es la eliminación de toda cortapisa para los poderosos, es decir, la anulación de derechos de la mayoría. La igualdad es una palabra que usan poco y solo lo hacen cuando se puede confundir con uniformidad o cuando permite diluir grupos marginados. La igualdad entre los españoles del PP es la uniformidad lingüística en torno al castellano o la anulación de políticas de igualdad de género. La independencia de los jueces es la impunidad de los jueces para dictar sentencias ideológicas siempre conservadoras. La prensa libre se refiere a libelos que forman parte de estructuras mafiosas de distintos pelajes. La voluntad popular se aplica a los efectos globales desregulados de muchas decisiones individuales ajenas de una en una a tales efectos. Por ejemplo, en una economía de mercado, detrás de los precios solo hay decisiones libres de vendedores y compradores. Eso no significa que la carestía de la cesta de la compra o los precios inalcanzables de las viviendas sean la decisión libre de la población, que la vivienda es inasequible porque es lo que libremente desea la gente. Utilizan esta patraña demencial para decir que el creciente control de la educación a por la Iglesia través de la enseñanza concertada y el correspondiente aumento de la segregación social son efecto de la libertad de los padres. Precisamente en la enseñanza utilizan la palabra «adoctrinamiento» para referirse a los valores de la enseñanza pública, basados en los derechos humanos y la Constitución y solo eso, y llaman libertad al adoctrinamiento de los centros religiosos, muchas veces conflictivos con esas dos referencias.

Si el gobierno es ilegítimo, si ataca a los jueces, si quiere amordazar a los periodistas, ¿qué es legítimo hacer para derribarlo?

La apropiación tóxica del lenguaje de la democracia tiene varios efectos. Uno es táctico, porque vacía las palabras con que los progresistas deberían oponerse a sus propósitos reaccionarios. Ya no puedes oponerte a la manifestación por la independencia judicial porque ya dijeron ellos que se manifiestan por la independencia judicial, con lo que entraríamos en ese rifirrafe en que parecen todos iguales. Otro es la legitimación de modos antidemocráticos. Si el gobierno es ilegítimo, si ataca a los jueces, si quiere amordazar a los periodistas, ¿qué es legítimo hacer para derribarlo? Aparentemente, todo. Y otro efecto es la alteración del suelo ético. Los ultracuerpos son una variante cinematográfica singular de los ataques alienígenas. En esas películas los extraterrestres son los propios humanos infectados por organismos alienígenas que pasarán a tener la voluntad y la conducta controladas por la infección invasora. Las palabras de la democracia, con el significado mutado en los discursos de la derecha, son una infección que altera el suelo ético de la convivencia, las convicciones que no están en juego en cada elección y que en democracia son tan importantes como las que los ciudadanos cambian con sus votos. En democracia es crucial que el que pierde no lo pierda todo, que haya cosas que no estén en juego, que sea aceptable perder: que haya un suelo ético. En la convocatoria del PP por la prensa libre y la independencia judicial, las palabras son ultracuerpos con el sentido infectado y será en realidad una manifestación a favor de la corrupción judicial y las mafias que articulan bulos con usos judiciales corruptos; una alteración del suelo ético, un pellizco a la democracia.

“La invasión de los ladrones de cuerpos”

Hay áreas, sin embargo, que aún no fueron infectadas con ultracuerpos lingüísticos y una de ellas resplandece estos días en la campaña catalana. Es el odio racial, con todos sus sabores y dialectos. El lenguaje del odio sigue sin doblez. Todavía no tienen amañada una forma de hablar que parezca que el odio racista sea respeto y convivencia. No hay discurso para eso, tienen que recurrir al bulo y la mentira de toda la vida. A ello se apuntó Feijóo con entusiasmo. Recordemos el abecé del odio racial y sus parientes. Se aplica a grupos humanos reconocibles. Se deshumaniza a los individuos, porque se les reduce a un estereotipo de grupo (es decir, si eres maricón o negro, ya no eres otra cosa). Deberíamos suponer que, por mera empatía o sentido de lo justo, repugnaríamos el odio grupal. Pero, si la solidaridad parece buenismo santurrón, deberíamos recordar otra parte del abecé que se suele olvidar. Se cultiva el miedo y el odio a las minorías para someter a las mayorías, se predica la existencia de brujas y poseídos para poder acusar a cualquiera de brujería o tratos con el Maligno. El odio grupal crea sensación de urgencia y peligro que sirven para ortodoxias intransigentes, para perorar patrias en peligro, o para delirar traidores. Si no es por solidaridad, por puro egoísmo debemos sentir el hostigamiento a las minorías como una amenaza, que además es bien visible porque no hay discurso infectado para enmascararla. Alguna vez habrá que hablar muy en serio con Barbón del arzobispo.

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