“Cuando hay un sindicato de inquilinos detrás el equilibrio de fuerzas queda menos descompensado”

El sociólogo catalán Joffre López, especialista en vivienda y mercado inmobiliario , visitó esta semana Xixón invitado por IU.

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Redacción Nortes
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Te contamos lo ocurrido centradas en la periferia.

Joffre López Oller es sociólogo por la Universidad de Barcelona y Máster en Políticas
Públicas Sociales por la Universitat Pompeu Fabra. Desde 2003 realiza el
Observatorio Joven de la Vivienda en España (OBJOVI) del Consejo de la Juventud de España. Esta semana estuvo en Xixón para presentar un informe encargado por IU sobre la emancipación juvenil en la mayor ciudad asturiana.

Empezamos al revés: ¿Qué jóvenes logran marcharse de casa de sus padres?

Teniendo en cuenta que no existe una “juventud” como colectivo homogéneo, también es dispar la población joven que logra emanciparse (aunque, numéricamente, sea cada vez menos). Por un lado, hay las personas jóvenes que logran ir a vivir en viviendas cedidas por sus familiares. Esta estrategia está vinculada, claro está, al patrimonio inmobiliario de que disponga la familia de origen. Por otro lado, otra vía de emancipación es compartir vivienda en alquiler (un fenómeno cada vez más emergente). Y, finalmente, la minoría “ilustrada” que cuenta con una sólida capacidad económica, sea por su incorporación al mercado de trabajo (en puestos de trabajo cualificados y bien remunerados) o la que cuenta con el apoyo familiar para pagar el alquiler, movilizar capital social, avalar la compra de una vivienda o sufragar la entrada que implica.

¿Pesan los factores culturales y no solo económicos en estas tasas de emancipación tan bajas?

Totalmente. Las personas jóvenes no actúan como un “homo economicus” que, calculadora en mano, sondean constantemente cuál es el mejor escenario económico para abandonar el hogar de origen. Enrique Gil Calvo subraya que, en países donde el estado de bienestar es débil y delega la mayor parte de la provisión social a las familias, se recurren a las estrategias familiares, distintas según clase social y el territorio, para asegurar que las personas jóvenes logren mantener el status social de la familia. Para la mayoría, eso conlleva alargar la edad de emancipación y, por consiguiente, alterar la relación de dependencia que existe entre hijos menores y padres.

¿Qué hacen bien los países en los que los jóvenes se van pronto de casa?

La principal diferencia tiene que ver con el contexto en el cual las personas jóvenes deben desarrollar sus respectivos proyectos vitales. Ello implica la política de vivienda (en muchos países europeos existe un parque de vivienda social muy superior, que permite encontrar salidas al mercado libre), un mercado laboral no tan dualizado y precario, el papel de las entidades sociales para intermediar en el mercado de la vivienda y la existencia de medidas consolidadas para asegurar la transición al mundo del trabajo y la vivienda.

¿Qué le parecen los datos gijonenses y asturianos en comparación con el resto de España?

En términos de emancipación, entre los 16 y 29 años las diferencias son escasas. Incluso la evolución que ha seguido en los últimos años es muy similar. La principal diferencia es la sistemáticamente menor emancipación de la población de 30 a 34 años que, generaciones atrás, incluso podría considerarse que no es “joven”. En Gijón y Asturias, más del 30% de estas personas todavía residen con sus respectivos padres y madres.

Joffre López en Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez

En términos inmobiliarios, es cierto que Gijón y Asturias las viviendas no alcanzan el nivel de precio de España y ya no digamos ciudades como Madrid, Barcelona o comunidades como Illes Balears o Euskadi. El inconveniente es que las oportunidades que ofrece el mercado laboral para encontrar empleos dignos, cualificados y con salarios suficientes son muy escasas. De hecho, muchas personas jóvenes nacidas en Gijón y Asturias se “emancipan” yendo a trabajar o estudiar a otras comunidades. La cuestión es si, con el tiempo, llegan a regresar al Principado.

¿Está funcionando la ayuda al alquiler joven?

A la vista de la constante caída de la emancipación y del descenso de las personas jóvenes emancipadas que residen en viviendas de alquiler, se podría decir que su impacto es muy limitado. El retraso en la edad de emancipación afecta a tal cantidad de personas, que este tipo de ayudas resultan insuficientes. También se puede cuestionar si realmente llegan a las personas jóvenes con mayores necesidades objetivas pero que desconocen su existencia o el funcionamiento del entramado administrativo. Otro elemento de reflexión es si estas ayudas alimentan la inflación de precios al mercado del alquiler y los beneficios de los propietarios de las viviendas. Desde el punto de la política de vivienda “clásicas”, estas ayudas son una herramienta para solventar dificultades inmediatas para acceder o conservar la vivienda. En paralelo, se deberían desarrollan otras medias a medio y largo plazo para generar un parque de viviendas “a precio limitado”.

¿Por qué fuera de las grandes ciudades los sindicatos de inquilinos apenas existen?

La movilización social no depende de un único elemento. Los sindicatos de inquilinos ya hace años que existen en otros países europeos. Incluso en algunos casos son un actor reconocido en la concertación social. En España son más recientes porque durante mucho tiempo no ha existido realmente un problema social masivo y generalizado de los inquilinos para conservar sus viviendas o encontrar otras alternativas. Hasta 1985, en España todos los alquileres eran de renta antigua. Con la subida de los precios, la aparición de los fondos inmobiliarios y la presión que ejercen las viviendas turísticas, han proliferado las prácticas irregulares, por decirlo así, en la gestión de los alquileres. Los sindicatos de inquilinos han empezado a surgir allí donde el mercado de la vivienda es más salvaje y donde existen más propiedades en vertical (edificios y bloques enteros), muchas veces unidos, al menos inicialmente, a otros movimientos paralelos previamente ya existentes como las PAH o Stop Deshaucios. En el caso de Cataluña, que conozco más de cerca, el punto de arranque realmente fue la ciudad de Barcelona. Pero el movimiento se ha ido extendiendo progresivamente fuera de esta ciudad, empezando por su área metropolitana. Actualmente ya llega más allá y hay asambleas en Girona. Todas ellas actúan de manera coordinada. La chispa inicial suele empezar con algunos afiliados y afiliadas que organizan reuniones puntuales, pidiendo el apoyo de la sede central, o cuando surgen problemáticas graves que suscitan la activación de la movilización colectiva. La experiencia demuestra que, cuando hay un sindicato detrás, el equilibrio de fuerzas entre propietarios y agencias e inquilinos queda menos descompensado en favor de los primeros.

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