Marta del Arco y lo que es sagrado

En el gobierno del Principado había estallado una bomba y nadie, en toda la cúpula de la FSA, se había enterado o fingía no enterarse

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

No es fácil meterse en determinados charcos. Algunos aconsejan evitarlos. Pero también nos pagan para meternos en ellos. A veces, cuando acercas la cara a uno, tus ojos se encuentran con el horror. No está siendo una buena gestión de crisis. El asunto huele mal. En realidad, apesta. El horror es la explotación sexual de cinco adolescentes. El horror es una red de trata de blancas. El horror es el contexto de esas cinco chicas tuteladas por los Servicios Sociales del Principado. Lo que vino después fue la política, que puso de manifiesto la escasa empatía que un gobierno es capaz de exteriorizar ante un hecho tan tenebroso que ha hecho contener la respiración a la ciudadanía desde el pasado martes.

Marta del Arco, la consejera de Servicios Sociales, declaró “tolerancia cero” a cualquier agresión sexual, tras darse a conocer la noticia a través de fuentes policiales. También reiteró su empeño en la protección de los menores y en la ronda de preguntas, advirtió que el contexto era duro, intenso, pero se descolgaba en la última respuesta con un frío “Son cosas de la vida”, una declaración que admitía diversas interpretaciones, una de las cuales, la que había perforado la cabeza de la mayoría de la ciudadanía el pasado miércoles, no era otra que la de la resignación ante cinco chicas condenadas a ser unas pobres descarriadas.

En aquella última frase hubo un tono desdeñoso que empequeñecía un hecho muy grave, para el que la consejera se mostró, al principio, severa. Posteriormente, Marta del Arco se defendió apelando a un problema de comunicación. No se habían comprendido sus palabras. Después, reconoció no sentirse arrepentida de ellas. ¿Por qué debía haberse arrepentido? Pues, porque, tal y como afirmó Ana Roza el miércoles, Secretaria de Políticas Sociales de la UGT, lo que han sufrido esas chicas “no son cosas de la vida”. O sí. Son la parte más jodida de la vida, la que nos negamos a ver, la que sucede todos los días en alguna casa, debió añadir la consejera, esa parte oscura, siniestra, que merece una respuesta contundente y para la que no siempre se tienen los recursos suficientes para que no se produzcan. La sindicalista ha pedido que se investigue el asunto para saber qué falló en el sistema. De momento, el caso está bajo secreto de sumario.

Un momento de la asamblea. Foto: FSA-PSOE

Ese mismo miércoles, Adrián Barbón celebraba su Asamblea Abierta ante los trabajadores, cargos institucionales y orgánicos de su partido en la sede de La Ería. Llamada de corneta y proclamación de su candidatura a la Secretaría General de la FSA y a la presidencia del gobierno del Principado que tendrá lugar en 2027. Conviene saber distinguir lo importante de lo urgente y Adrián Barbón lo hizo. En todo su discurso, algo más de diez minutos, se habló de democracia, periodismo, liderazgo, horizontes. Habló de sí mismo, mucho. Pero no hubo una sola palabra ni tampoco en las de todos los demás que le siguieron después, incluidas la de Adriana Lastra, que sirvieran, si acaso, para lamentar lo sucedido, para consolar a las víctimas o para dar una sencilla respuesta que acompañara a las de su consejera sobre las que estaba flotando el verbo dimitir y que habían helado el corazón de gran parte de su propia militancia y de la UGT. No hay liderazgo si no hay emociones. La compasión cristiana de la que algunos hacen gala permanentemente, brilló por su ausencia.

En el gobierno del Principado había estallado una bomba y nadie, en toda la cúpula de la FSA, se había enterado. Quizá fingían no enterarse. No lo sabremos. En cualquier caso, no fue hasta el sábado, durante la comida en la calle que se celebra cada año en Laviana, cuando el Presidente del Principado se atrevió a decir algo. El resto de los grupos políticos ya se habían pronunciado dos días antes, con bastante sentido común en el caso de Adrián Pumares y también de Covadonga Tomé o Xabel Vegas, pidiendo respeto a las víctimas, que no se las re-victimizara, exigiendo respuestas políticas y ofreciendo una visión de los mecanismos de tutela que se llevan a cabo en la Consejería, adaptados a los tiempos. Las casas de acogida, efectivamente, no son cárceles.

Hasta el sábado, Adrián Barbón no se pronunció. Ante los medios, se defendió, afirmando que el gobierno había actuado con contundencia. Después se parapetó en la revisión de los protocolos y competencias de la Policía Nacional para evitar que se repita, abriendo otra discusión que sonó a conflicto soterrado que Delia Losa, delegada de gobierno, no sabemos hasta qué punto ha conseguido cerrar con los mandos policiales; Barbón también protegió a la consejera de Derechos Sociales y Bienestar, Marta del Arco, que está manteniendo reuniones con el sector para reforzar los protocolos existentes y «ser tajantes». Para rematar, comparó su gestión con la de otras comunidades en hechos similares.

Detengámonos en este último punto, ¿Se estaba refiriendo Adrián Barbón al gobierno de su compañera de partido, Francine Armengol? En enero de 2020, el Diario de Mallorca informaba que una menor de 13 años había denunciado a la Policía que existía un grupo que reclutaba a niñas y jóvenes tuteladas para que mantuvieran relaciones sexuales a cambio de droga y dinero. En el caso asturiano, a diferencia del balear, el sistema funcionó. Los Servicios Sociales de la consejería de Marta del Arco lograron detectar una supuesta red de trata de blancas que utilizaba sexualmente a cinco menores tuteladas. No es, por tanto, el sistema, sino la gestión política de una crisis dentro del sistema, lo que ha fallado. La falta de empatía es una falla en la inteligencia, pues en una misma declaración, la parte socialista del gobierno de Adrián Barbón tensionaba la relación con la UGT, con la Policía Nacional, con los trabajadores de los servicios sociales y, finalmente, con otras comunidades. Desde luego, la respuesta que se ha dado no parece haber satisfecho a nadie.

La investigación de la trama de trata de blancas abre una nueva vía de agua en el gobierno de Barbón. El caso puede terminar muy probablemente convertido en una cuestión política de mayor magnitud que, probablemente, se dirimirá en el parlamento asturiano. Atentos al PP y a Queipo. Han sabido hilar fino.

Detengámonos en el sistema. El Defensor del Pueblo, recuerda La Nueva España estos días, dio un tirón de orejas recientemente a las diferentes administraciones en relación a la gestión de los menores tutelados. “Los casos de agresiones a la libertad e indemnidad sexual de los menores tutelados por la Administración, o en régimen de protección, no parecen haber sido objeto hasta ahora de un tratamiento transparente, ordenado y sistemático, con independencia de que las administraciones destaquen en sus contestaciones, naturalmente, la especial preocupación y la atención que prestan a cada uno de los casos cuando surgen o se manifiestan”. De las palabras del Defensor, sí parece intuirse que algo no funciona.

El Defensor del Pueblo ya había advertido al gobierno que, en cualquier momento, se le podía venir un iceberg encima. Y ha llegado en una de las peores formas posibles. Uno de los más atroces que el sistema advirtió pero para el que no parece estar preparado para evitarlo. Los profesionales del sector han afirmado estos días también que están llegando tarde a estos casos. Los lobos rondan en las casas de acogida. Doble advertencia.

Marta del Arco.

Es importante recordar que Marta del Arco fue directora general de Infancia y Familias hasta que fue nombrada consejera de Servicios Sociales, después de que Melania Álvarez dimitiera y fuera designada senadora por el parlamento asturiano, abriendo una crisis de gobierno entre los socios de la coalición que casi se lleva por delante el acuerdo de progreso reformista firmado entre la FSA y Convocatoria por Asturias hace casi un año. Aquellos fueron días de alta tensión. La FSA apagaba el fuego entonces, anunciando que colocaría en el puesto a una mujer independiente. Tardó una semana en encontrarla, lo que puso en evidencia que los Servicios Sociales del Principado de Asturias son una patata caliente que nadie está dispuesto a afrontar. La crisis se resolvió finalmente con el nombramiento de Marta del Arco quien, por cierto, no era independiente sino afiliada a la FSA.

Resulta curioso que alguien tan religioso como Adrián Barbón no haya sido capaz de reconocer lo sagrado. Hay algo moral que se quiebra en un gobierno cuando lo sagrado se ventila con una declaración desafortunada o se tarda varios días en responder. La vida está diseñada para romperse con facilidad. A veces, obviamos que los lobos rondan por la calle. La política está pensada para evitar que una vida se estropee a la primera oportunidad y, sobre todo, para recomponer los trozos rotos. Son las cosas de la vida. La descomposición orgánica e institucional que sufre desde hace más de un año la dirección de la FSA está llegando a la gestión de lo sagrado que suele ser habitualmente lo más vulnerable, lo que merece más protección, para lo que no estamos siempre preparados, para lo que no queremos estarlo y eso, en ocasiones, se paga.

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