Vox tiene un nuevo tema de conversación: se llama centros de menores

Conviene recordarlo: en el caso de las menores prostituidas lo que menos importan son las menores prostituidas.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Vox tiene un nuevo tema de conversación. Se llama centros de menores. El descubrimiento de que cinco menores tuteladas por el Principado estaban siendo prostituidas ha dado a la ultraderecha alas para introducir en la conversación pública una consigna que lleva tiempo tratando de meter en la agenda: el Estado debe desmantelar los centros y devolver a los menores a las familias.

Vox, recordemos, es un partido con una misión: la liquidación de los derechos sociales y el Estado del Bienestar, y su sustitución por un mix de autoritarismo político y liberalismo económico en el que la familia sea el único “escudo social” de los individuos. Le sobran pues los centros de menores porque le sobran en general los servicios públicos. Si las familias se hacen cargo de los chavales perfecto, si resulta imposible, cosa que parece más que probable cuando el Estado ha tenido por algo que hacerse cargo de su tutela, ya habrá policías, “reformatorios” y cárceles de menores para ocuparse de los que sean revoltosos y den problemas de convivencia. Que nadie busque coherencia: los ultras pueden decir una cosa y la contraria sin despeinarse. Para los que sean migrantes, deshumanizados y demonizados bajo las siglas de MENA, el plan de Vox es conocido: un billete de avión de vuelta al infierno del que llegaron huyendo.

No son planes secretos. Está escrito en su programa y en leyes como la de Ley de Infancia de la Comunidad de Madrid, aprobada con el PP de Isabel Díaz Ayuso. El discurso de Vox Asturias es el mismo de Vox en todas las comunidades autónomas: los mismos mantras, la misma demagogia. Estos días se ha echado de menos en los medios de comunicación asturianos que alguien pusiera más el foco en esto, y no en retorcer hasta desfigurar y hacer irreconocibles unas declaraciones de la consejera Marta del Arco.

Marta del Arco, primera por la derecha.

Para destruir primero hay que desprestigiar, y Vox necesita sembrar dudas en la opinión pública sobre el sistema asturiano de acogida y tutela. Un sistema que podrá ser susceptible de muchas reformas y mejorías, pero que, no olvidemos, ha evolucionado de los macrocentros a los hogares de acogida más reducidos. Un modelo mucho más humano y cercano que permite generar un clima de confianza entre educadores y menores. Un clima que, como señala un profesional con larga trayectoria en el mundo de lo social, “permite que situaciones como la de las menores prostituidas afloren y sean detectadas por los educadores”.

Y es que una casa de acogida, como recordaba estos días el diputado Xabel Vegas, “no una cárcel”. Es un lugar del que los chicos y chicas salen y entran con naturalidad. No hay celdas con barrotes, como parece a veces reclamar la derecha. La labor de los educadores es tutelar, preparar para una vida adulta y autónoma, no ejercer de carceleros. Y en esta labor de tutelaje se detectó que varias jóvenes estaban siendo prostituidas. Es decir, las garantías del sistema funcionaron, por mucho que Vox se empeñe en sembrar dudas y hablar de caos y descontrol. Que el PP se haya sumado a esta campaña liderada por la ultraderecha da pistas sobre una oposición que no hace ascos a los lodazales. Qué más da. En el caso de las menores prostituidas lo que menos importan son las menores prostituidas.

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