Anatomía del capitalismo que no existe

Juan Ponte presenta su primer ensayo, un estudio filosófico que aborda las raíces y el horizonte del capitalismo y una critica a la izquierda rojiparda

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Definir las raíces y la gramática del capitalismo. “El libre mercado es una contradicción en sus propios términos No existe, no ha existido ni existirá. Necesitan de estados imbricados. En ese sentido, las derechas y las izquerdas se equivocan”. Esta es la tesis prinicipal que el Director de la Agenda 2030, el ensayista Juan Ponte, defiende en su libro “El capitalismo no existe. Necroteología del mercado”, editado por Trea.

Para que exista un mercado, se necesitan infraestructuras, carreteras, aeropuertos, la educación, la sanidad, ayudas económicas. “Lo vimos con la crisis económica de 2008 o la pandemia de 2020: detrás de cualquier avance científico siempre están los estados. Siri, la pantalla táctil, las vacunas, el mercado, al margen de los estados, serían inexistentes”.

A través de “El capitalismo no existe…” se aborda una revisión de los orígenes del capitalismo hasta la eclosión de la I.A. El capitalismo, como diría Carlos Marx, surge chorreando sangre y lodo, “del cercamiento de los bienes comunales, de tierras que eran comunes, que después fueron expropiadas y privatizadas. No hay capitalismo sin expropiación y privatización de la extracción de materias primas. Las primeras ocasiones que hubo de desarrollar el libre mercado se produjeron con la esclavización de negros, para disponer de mano de obra de manera libre. Eso fue también el origen del mercado libre”, afirma Ponte, minutos antes de presentar su libro en la Centro de Cultura Teodoro Cuesta de Mieres, acompañado de la periodista Aitana Sánchez Castaño y la diputada de Convocatoria por Asturias, Delia Campomanes. En el acto estuvo el coordinador de IU, Ovidio Zapico, el secretario del PCA, Francisco de Asís, el alcalde de Mieres, Manuel Ángel Álvarez, y el portavoz de IU de Gijón, Javier Suárez Llana.

Público asistente al Centro Cultural Teodoro Cuesta. Foto de David Aguilar Sánchez.

La expropiación de datos es la nueva fase del capitalismo. Los datos son el mineral del siglo XXI. Ante la posibilidad de que se produzca una emancipación de la máquinas como consecuencia del desarrollo de la Inteligencia Artificial, Ponte afirma que “es falso que las máquinas vayan a controlar a los hombres. Detrás de las máquinas hay otros hombres”. El ensayista aborda desde una perspectiva epistémica el desarrollo del realismo capitalista a través de la extracción de datos que voluntariamente se entregan desde aplicaciones y redes sociales. “Cuando abrimos nuestra red social, bienes y servicios que previamente deseamos, se crean burbujas epistémicas, cámara de eco. Leemos aquello que nos gusta”. Como consecuencia de ello, se produce una segregación social determinada por nuestra ideología y nuestros hábitos de consumo. “Los algoritmos son conservadores, perpetúan desigualdades”, afirma Porte, para quien es importante su configuración, una que elimine los sesgos más nocivos para el ser humano. “Lo que defiendo en el libro es que la I.A tiene usos positivos, como la lucha contra el cáncer, el cruce de datos para compartir bienes y servicios grupos de exclusión social, mercado de la vivienda, usos alternativos.

Ponte quiere huir en su libro de una visión neutra de las tecnologías. Vienen cargadas desde su configuración. El director de la Agenda 2030 pone como ejemplo los puentes de Coney Island cuta altura estaba pensada para que no pasaran autobuses que desplazaban a la comunidad afroamericana y sólo para que pudieran acceder los coches de la clase media norteamericana. Otro ejemplo es el eleva-platos inventado por Jefferson, uno de los padres de la Constitución Norteamericana. “No estuvo hecho para aliviar la carga de trabajo de la clase obrera, sino para no mezclar a las personas que cocinaban con las personas blancas. Los artefactos siempre son ideológicos”.

La inteligencia artificial no es inteligente, defiende Ponte. “Los algoritmos tienen una gran sintaxis. Logran cruzar datos en tiempo real pero no tienen semántica, no tienen capacidad de comprender. No pueden; solo los humanos podemos porque somos seres afectivos. La Inteligencia es animal y en nuestro caso, humano”. A juicio de Ponte, la inteligencia artificial nunca se podrá emancipar del control humano” pero sí puede estar ne manos de estados o de corporaciones y en esta liga, el filósofo de Turón entronca con el falso espejismo de la libre competencia de los mercados, supuestamente defendida por los capitalistas. Para los neoliberales, “la competencia es para perdedores. Un neoliberal sólo puede defender oligopolios o monopolios. La mayor parte de las empresas privadas no creen en la competencia, creen en las prebendas y los privilegios. La concurrencia competitiva sólo es posible siempre que no partan de una igualdad de oportunidades. Como dijo el futbolista Mark Viduka: “no me importa perder todos los partidos, siempre y cuando gane la liga”

Delia Compomanes, Juan Ponte y Aitana Castaño, durante la presentación del libro, en el Centro de Cultural Teodoro Cuesta. Foto de David Aguilar Sánchez.

Finalmente, el libro aborda una crítica a la izquierda partiendo de una premisa: el capitalismo no es sinónimo de individualismo. El individualismo no existe, es una posición ideológica con consecuencias materiales. Estamos insertos en grupos siempre, en el orden educativo, social, cultural, empresarial! Por lo tanto, desde ese falsa premisa, cierta izquierda ha querido ver en la lucha obrera la “restauración del cuerpo místico de Cristo”, un combate contra el capitalismo cuyo único propósito es restituir una comunidad primitiva inexistente que, en realidad. nunca existió. “Frente a esa izquierda rojiparda que piensa en la vida comunitarista, se construye otra que plantea la alternativa como una superación del capitalismo desde el capitalismo: “Somos marxistas y no premarxistas, defiende Ponte para quien el capitalismo no se rompe, “sólo crea nuevos lazos sociales, genera nuevos modelos de famila, de empresa”.

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