A vueltas con ¿Agustín García Calvo? 

Los días 24, 25 y 26 de mayo la Sociedad Asturiana de Filosofía organiza unas jornadas sobre el filósofo.

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Soledad García Ferrer
Soledad García Ferrer
Cuando era una adolescente se encontró con un libro de filosofía. Profesora, investigadora, traductora, en 2007 eligió vivir en una aldea del occidente de Asturias.

Los días 24, 25 y 26 de mayo la Sociedad Asturiana de Filosofía organiza unas jornadas sobre el escritor, gramático, poeta y tantas otras cosas en la biblioteca central de Asturias “Pérez de Ayala” (Oviedo). Estarán precedidas por una exposición sobre su obra también organizada por la SAF en el mismo lugar. Ambos acontecimientos, dedicados al público en general, pretenden abrir un lugar de lectura y discusión sobre los interrogantes abiertos por su pensar. 

La noche del 21 de enero de 1995 hubo un encierro en la facultad de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Acudió muchísima gente, el paraninfo estaba repleto. El motivo del encierro era protestar por el arrinconamiento de la filosofía en la reforma de los planes de estudio que imponía la LOGSE, una de las muchas leyes de educación que lo han venido poniendo en práctica en las últimas décadas. Ya se sabe: las leyes lo intentan, las de filosofía salimos a protestar y al poco todo vuelve más o menos a su cauce. En aquella ocasión habíamos constituido una plataforma por la defensa de la filosofía y una asociación, Ad Hoc, que, como indicaba su nombre, estaba formada a propósito para la ocasión. Organizábamos clases en la plaza mayor de Madrid, vendíamos camisetas, repartíamos folletos, participamos en la feria del libro del Retiro arropados por alguna librera afín… lo que se nos ocurría. Aquel encierro era la culminación de toda una serie de actos de protesta. Alguien propuso invitar a Agustín García Calvo, aquel antifilósofo admirador de Heraclito y de Sócrates y enemigo de los exámenes. Para nuestra sorpresa, acudió con sus múltiples camisas y fulares. Y ¿qué nos dijo a los allí congregados? Que lo más importante era lo que estaba pasando allí esa noche, el que estuviéramos todos allí reunidos diciendo NO en común a lo que querían la ley y el poder. Y lo que era menos o nada importante es que se fuera a modificar una ley o a cambiarla por otra o lo que fuera que consiguiéramos mediante nuestra asamblea. Eso no tenía ninguna importancia porque pertenecía al futuro y se calculaba como resultado, en términos de éxito o fracaso, como finalidad u objetivo. Sin embargo, lo que estaba pasando allí tenía valor por sí mismo, no como medio para conseguir algo. Por supuesto, como cabía esperar, su discurso suscitó reacciones en contra; pero creo que muchas de las que nos encontrábamos allí comprendíamos que la razón hablaba por su boca, que lo que en verdad queríamos era formar esa comunidad, estar ahí todos juntos hablando y que, aunque no consiguiéramos nada más con eso, aunque no nos llevara a ninguna parte, como se suele decir, por lo menos eso nadie nos lo podía quitar. El futuro, con su cohorte de miedos y esperanzas, con sus cálculos y sus previsiones, no deja que pase lo que pase, cierra las posibilidades actuales, las aplana al orientarlas hacia una meta; y nuestra tendencia a interpretar el tiempo desde ese futuro que proyectamos va devorando lo que en verdad pasa y nos pasa. 

Pues bien, esto que nos decía AGC aquella gélida noche de enero en Madrid hay que aplicarlo también a lo que intentamos hacer en las jornadas que estamos organizando para mayo en Oviedo. Lo que queremos hacer con su pensar es revivirlo y para ello es necesario repensarlo o, más bien, pensar desde él. Para explicar esto vamos a utilizar sus propias palabras referidas a los textos y al pensamiento de Karl Marx: 

“Puede que un texto de Marx, por ejemplo, hable de la Realidad y que esté ejecutando un análisis o disolución de sus estructuras, mientras sea el texto de Marx el que está hablando; un estudio sobre ese texto de Marx, por el contrario, estará integrando a ese texto, como objeto histórico, filosófico o literario, en el contexto de la Realidad. El hablar de lo posiblemente negativo lo convierte con certeza en positivo; el examinar objetivamente la actividad de destrucción del Estado es una actividad de reconstrucción del Estado; y hablar de la revolución es por esencia reaccionario. […] 

No será por tanto de eso de lo que aquí hablemos: con lo que en los escritos de Marx haya de virulencia, de negación viva del Estado, no se podrá hacer otra cosa que leer, oír, penetrarse de ello, ejercitarse en ello: entender, no a él, sino con ayuda de él a la Realidad; aprender, no a él, sino de él; hacerse al método de análisis y al ataque, y ejercerlo y prolongarlo en una dedicación a las nuevas fuerzas y formas del Estado que se presenten” (“Apotegmas a propósito del marxismo” (1970), recogido en Contra el tiempo y el poder y otras intervenciones políticas, Pepitas ed., Logroño, 2020, pp. 18-19). 

Leer, oír, penetrarse de ello, ejercitarse en ello… entender con su ayuda la Realidad y las nuevas formas en que se nos presenta el poder, ponerlo en acción. Esto es lo que queremos hacer con el pensamiento de AGC en las jornadas que vamos a celebrar este mes de mayo en la biblioteca Pérez de Ayala de Oviedo. Y no remitirlo o encasillarlo en un nicho de la historia del pensamiento español reciente. Esto último lo que conseguiría es dejarnos tranquilas pensando que este hombre tuvo su tiempo, su situación, su influencia, que en realidad ya ha pasado y no nos incumbe a nosotras a no ser como curiosidad histórica. “Lo pasao, pasao”, que dicen algunos. Sin embargo, nosotras pensamos que lo que pasa no termina nunca de pasar, que no pasa nunca del todo, y que somos nosotros los que nos empeñamos en silenciarlo, en matarlo, al referir todo a un futuro y al tener fe en ese futuro y en sus ideas. “Todo pasa y todo queda”, como decía paradójicamente Antonio Machado. O también: “…ni el pasado ha muerto, ni está el mañana —ni el ayer— escrito”. El ayer no está escrito, aunque así nos lo queramos creer. Es preciso rescatar los hechos fijados, liberar la memoria viva, recuperar de los hechos registrados las sin fin posibilidades (Contra la realidad, estudios de lenguas y de cosas, Lucina, Zamora, 2002, pp. 22-24). 

Pero sobre todo pensamos que lo último que deberíamos hacer con el pensamiento de AGC es convertirlo en algo que nos dejara tranquilos. Él se pasó la vida combatiendo contra el matrimonio, contra el automóvil, contra el estado de bienestar, contra la pareja, contra los exámenes, contra el tiempo… Acercarnos a sus textos tendría que ser un FARI FIENDO, un hacer hablando, un hablar hacendoso, que renuncie a la creencia de que una cosa son las palabras y otra muy distinta la acción. Pues  hablar de las ideas dominantes no solo es someterse a su tiranía, sino que también —y esto es lo importante— produce en ellas un desgaste, aumenta su inseguridad, les produce desperfectos, deja al descubierto sus grietas. Por eso hay que hablar de esas ideas que nos dominan, preguntarse por ellas y analizar su significado, para que la fe que se les tiene empiece a resquebrajarse y entonces… entonces no se sabe lo que puede pasar. Ahí está la gracia: en que no se sabe. En “Algunas cuestiones de lenguaje, acción, ideas” (Contra el tiempo y el poder y otras intervenciones políticas, ed. cit., pp. 208-111) distingue AGC entre hablar con ideas, hablar de ideas y hablar para (llegar a ciertas) ideas. Lo primero es inevitable, lo tercero consiste en hablar con un fin, para llegar a un resultado o a una conclusión, y eso en sí mismo es un aburrimiento y una inutilidad, como nos decía en el encierro de Madrid.  

“Pero sin eso, libre de eso en la medida en que de ello librarse pueda, el hablar puede tener tal vez posibilidades de ser —placentero a la vez que útil— creativo, esto es, negativo contra las ideas dominantes, capaz de hacer de verdad algo. Qué sea lo que pueda hacer el hablar, eso no se sabe, y ya veis vosotros lo lógico que es que no se sepa; pero justamente por no saberse tiene gracia y nos trae un cierto aliento de confianza de que las cosas puedan vivir, liberarse de sus ideas y nosotros de nosotros mismos”. 

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