Atención primaria en Asturias: no es el momento de ponerse medallas

Un 28% de la población que tiene que esperar 7 días o más para ser atendido.

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Carlos Ponte
Carlos Ponte
Es médico y presidente de la Asociación en Defensa de la Sanidad Pública de Asturias.

No sin sorpresa hemos recibido la noticia de que la oficina europea de la OMS y el Ministerio de Sanidad han designado a la Atención Primaria de Asturias como un referente y un modelo a emular. Es cierto que nuestro modelo sanitario, y la Atención Primaria en particular, se inspiran en la teoría formulada en Alma Ata y los principios de accesibilidad universal, longitudinalidad, integralidad y coordinación de los servicios.  Y no cabe duda de que estos principios siguen vigentes, pero lo que fue un modelo de éxito ha experimentado un importante deterioro por las tendencias y los errores de las políticas públicas que se ha ido acumulando a lo largo de los  años.

Cuestiones tan sustantivas como el hospitalocentrismo (el 66% de los presupuestos de nuestra Comunidad) con la consiguiente subordinación de la Atención Primaria, la aciaga gestión de las plantillas (con precariedad laboral y una altísima tasa de temporalidad), la entrega  sin contrapartidas de las tecnologías y los medicamentos a la codicia de empresas multinacionales (incluida la investigación biomédica y  la formación de los prescriptores) , la medicalización de la vida cotidiana (más de 28 millones de recetas el pasado año en Asturias) ,  la contumaz exclusión de los profesionales y de la ciudadanía de la gobernanza del sistema, la visión estrictamente reparadora (asistencialista) de la enfermedad… 

Nuestra Atención Primaria no está para presumir de sus viejos galones

Con estas claves, con estos problemas estructurales,  la evolución de la sanidad pública en Asturias  no podía ir por otros derroteros, porque la pandemia ha sido la espoleta y no la causa, pese a lo que se infiere en el comunicado de la OMS. Por tanto, en Asturias, la crisis de la Atención Primaria no obedece a estrategias abiertamente neoliberales, como ha sido muy evidente en otras Autonomías (incluso con el mayor gasto sanitario público per cápita junto con Euskadi y Navarra) sino a la inacción y al mal gobierno de los servicios públicos.

Movilización por la atención primaria en Mieres. Foto: Iván G. Huerta

Nuestra realidad ahora es que ahora tenemos inaceptables barreras de acceso que según datos de la propia Consejería son de 4,8 días de promedio en los Centros de Salud, pero con un 28% de la población que tiene que esperar 7 días o más para ser atendido; que tenemos un impacto excesivo y sin evaluar de las consultas no presenciales; que los profesionales del sector están sobrecargados y desesperanzados; que de manera creciente la población  busca alternativas (aproximadamente un 25%) en los seguros sanitarios privados y la medicina privada …

En este contexto, la Atención Primaria ya no es el eje del sistema porque los Centros de Salud mantienen un papel subalterno, mayoritariamente  centrado en actividades curativas. Nuestra Atención Primaria no está para presumir de sus viejos galones, lo que necesita no es propaganda sino un cambio real, que además es urgente, para recuperar la confianza de la ciudadanía y de los profesionales. Lo que necesita la Atención Primaria son medidas concretas para promover la continuidad y la  longitudinalidad, ahora seriamente amenazadas,  y una estrategia, ahora inexistente,  de salud comunitaria.

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