“Ojalá toda la sociedad fuera tan abierta como mi abuela con el no binarismo”

"Chico y chica son dos casillas de las que no quiero formar parte" explica Hache, una persona que se identifica como "no binaria".

Recomendados

Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“Chico y chica son dos casillas de las que no quiero formar parte” comenta Hache (Llaviana, 1998), alguien que pertenece a una minoría poco conocida, la de la letra “e”, la de las personas que se definen a sí mismas como “no binarias”, es decir, que no se identifican con ninguno de los dos géneros, masculino y femenino.

El no binarismo está documentado desde la Antigüedad en muchas sociedades y culturas, pero es en las últimas décadas cuando ha adquirido el rango de otra identidad de género más, reconocida incluso legalmente por países tan diferentes como Nepal, Canadá o Colombia.

Procedente de una familia trabajadora de la cuenca del Nalón, Hache nunca encajó con la masculinidad, pero fue en la adolescencia cuando empezó a ser consciente de que “el género es algo artificial, construido socialmente”, que había otras formas de vivir y que quería transitar por ellas. Llegar a esta conclusión no fue fácil, y además de incomprensión tuvo que aguantar rechazos y burlas por su forma de vestir e identificarse en público. Por eso agradece a sus padres su actitud tolerante y generosa, y todavía más a su abuela, católica practicante, que ha querido leer e investigar más para saber qué es eso del no binarismo: “Ojalá toda la sociedad fuera tan abierta como mi abuela con el no binarismo”.

Hache en Oviedo/Uviéu. Foto: Kike Gallart

Estudió primero un grado de sistemas microinformáticos y redes, y luego otro de integración social. En la actualidad trabaja en el Conseyu de la Mocedá d´Uviéu que le aporta vivienda, comida, un poco de dinero para sus gastos, y sobre todo mucha satisfacción: “Son gente a las que se les nota que les importa esto. Llevan lo social muy dentro y han cuidado mucho de mí”.

“Voy al baño de hombres, pero muchas veces la gente duda y no sabe muy bien cómo tratarme” explica Hache, que reconoce que su identidad descoloca, cosa que no le molesta siempre y cuando el desconocimiento no se transforme en grosería o faltas de respeto. Con todo, admite que estar siempre teniendo que explicarse le agota y le ha llevado al aislamiento, aunque reconoce que “nunca he sido la persona más social del mundo”. Tampoco es muy común su orientación “asexual”: “No siento atracción sexual y no se si soy arromátique. He sentido interés por chicas y por otras personas no binarias, pero más como una especie de encandilamiento que de enamoramiento”.

“Me gustaría una sociedad que pusiera la aceptación por delante del rechazo” manifiesta Hache, que ha encontrado gracias las redes sociales relaciones más profundas que las que le ofrecía su entorno más cercano. “Hay una parte de las redes muy superficial, basada en la imagen y la estética, pero las redes también permiten conocerse chateando y luego conocerse en persona” explica Hache, quien estas semanas, con motivo del orgullo LGTBI lanzaba precisamente en ellas un mensaje alto y claro frente al auto-odio que a menudo se infringen quienes no encajan con la forma mayoritaria de vivir el género y la sexualidad: “Mientras quede una sola persona que crea que estaría mejor muerta a ser lo que es, el orgullo será necesario”.

Actualidad