El porno y su regulación vuelven a estar en el centro. La Escuela Feminista de la Asamblea Moza d´Asturies abordó este sábado un tema controvertido dentro de un movimiento feminista dividido, como los 80, entre posiciones abolicionistas y pro-sex. No por casualidad, Anneke Necro, actriz y cineasta porno, comenzó su intervención agradeciendo que un foro feminista apueste por dar la palabra a las profesionales de la industria de la pornografía.
La pornografía no se inventó ayer. “Al año siguiente de la invención del cine ya aparece la primera película pornográfica” señaló Ana Valero, que repasó en su intervención la historia de la representación sexual, desde la Antigüedad hasta internet y pornhub. “La compresión del fenómeno pornográfico debería abandonar reduccionismos” señaló la autora de “La libertad de la pornografía”, que puso de relieve la variedad de manifestaciones pornográficas y desmintió la asociación entre pornografía y violación que establece el “feminismo prohibicionista”. ¿Deben los menores tener algún tipo de control a la hora de ver porno? Valero abogó por usar el sentido común a la hora de regular el acceso a lo que definió como un “contenido adulto”.


Anneke Necro señaló que la llegada de grandes empresas como pornhub u onlyfans que trabajan con actores y actrices amateurs han modificado por completo el mercado, mientras las redes sociales son cada vez más estrictas a la hora de difundir contenidos pornográficos. La actriz y directora apostó por disputar desde el porno independiente el monopolio de la gran industria, “ampliando la diversidad de la pornografía”, para que así haya más representaciones de personas no blancas, no heterosexuales o con cuerpos no normativos. Sobre su experiencia como cineasta explicó que “prefiero mostrar que es una ficción a ponerme a educar al público”, y abogó por recuperar la costumbre de ver el porno en grupo, algo que era muy común antes de la llegada del vídeo primero, y de internet después.

La actriz y prostituta asturiana Lucía Fernández cuestionó la dicotomía “porno ético” “porno mainstream”, y explicó que de su experiencia en ambos modelos saca la conclusión de que “no hay tanta diferencia a la hora de tratarnos a las trabajadoras”. Fernández denunció que las nuevas plataformas basadas en el trabajo amateur son un gran negocio para la industria, que se ahorra los costes de una película porno con actores y actrices.
La situación de las trabajadoras sexuales también estuvo presente en el debate. Mireia Vehí, ex diputada de las CUP, alertó de las dificultades de las posiciones antiprohibicionistas en un momento en el que “se reparten carnets de feminismo” y “se niega la agencia a las trabajadoras sexuales”. La ex parlamentaria criticó que una parte de la izquierda se haya apuntado al punitivismo y la defensa del código penal para transformar la sociedad. Vehí manifestó su desacuerdo con la persecución de las trabajadoras sexuales bajo el pretexto de liberarlas, y señaló que no todas la s prostitutas están inmersas en redes de trata y explotación sexual.



























