¿Quién está detrás de la comida ecológica en Asturias?

Un vistazo al sector de la agricultura y la ganadería ecológica a través de dos casos.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

En las últimas décadas ha crecido considerablemente el interés por la agricultura y la ganadería ecológicas, una forma de producir alimentos que prioriza el respeto por el medio ambiente, la sostenibilidad y la salud humana. En un contexto global marcado por el cambio climático, la degradación de los suelos y la preocupación por la calidad de los alimentos, la producción ecológica se presenta como una solución a muchos de los problemas asociados con los sistemas convencionales. ¿Quién hay detrás de esta forma de producir comida? NORTES ha estado con dos explotaciones asturianas, una de agricultura y otra de ganadería, para buscar su motivaciones y problemas en un sector que resulta más desconocido que la forma de producir sin sello ecológico.

En Asturias el organismo encargado de vigilar el cumplimiento de la normativa vigente de producción agraria ecológica es el Consejo de Producción Agraria Ecológica de Asturias (COPAE).

Los productos de La Güerta Monga se pueden comprar en la misma finca los lunes por la tarde. Foto: Ismael Juárez Pérez.

“Hay todo un procedimiento, unas condiciones para que los productores puedan sellar sus productos como ecológicos. Y hay todo un esfuerzo que tal vez no se conozca”, afirma Ulises Tuero desde COPAE. Se refiere a esos agricultores y ganaderos cuya dedicación a este tipo de productos es algo más que un empeño empresarial. Solo hay que hablar con algunos de ellos para darse cuenta de que detrás de todo ello hay una vocación campesina que busca cuidar la tierra y los animales para poder alimentarse de ellos.

Un químico y una maestra se hicieron campesinos

La Güerta Monga, situada en el entorno de Nava, es una de las empresas ecológicas asturianas con sello COPAE. Al frente una pareja, Paula y Antón, que al hablar de sus motivaciones para estar en este sector, utilizan palabras como “compromiso”, “militancia”, “identidad” y “recampesinar”.

Paula Cristóbal, de 43 años, era maestra de escuela y dejó su puesto para ser “campesina”. Antón Cadierno, su pareja, de 42 años, estudió Químicas, pero también fue arrastrado “por esta vocación”. Él cuenta cómo aún siendo de Tinéu, a pesar de estar en un entorno rural, vivía “desconectado” de los tiempos de la tierra: “No se pone en valor la vida y el mundo campesino, así que lo normal es que la gente estudie y luego se marche. Mi vida parecía encaminarse en esa dirección.”

Aunque la familia de Paula venía del campo, ella se había criado fuera del entorno rural. Siempre mantuvo contacto con lo rural, pero de una manera que ella denomina “un poco externa, desde fuera”. “Hasta que empecé a trabajar de maestra en Cabrales, donde estaba mi familia materna, que eran campesinos”, recuerda. “Allí empecé a darme cuenta de muchas cosas, de cómo había sido mi vida, de cómo debía ser. Me daba cuenta de que en la escuela los niños no eran parte del sistema. En realidad, aquellos niños fueron mis maestros. Empecé a conectar todo eso que estaba sintiendo con la trayectoria campesina de mi familia.”

Y con estas motivaciones, ambos se embarcaron en una cooperativa en 2015 en Sariegu, dentro del proyecto El Nocéu, en donde estuvieron hasta 2021: “Ese año nos plantemos acceder a un terreno y empezar desde cero y crear La Güerta Monga”.

No es solo un trabajo. Es un modo de vida. Foto: Ismael Juárez Pérez

Emérita y su vocación de toda la vida

En otro extremo de Asturias, en el Occidente, donde el idioma eonaviego o gallego-asturiano aún sorprende a los forasteros, a través de una carretera que desde Illano asciende sinuosa hacia el vientre de la Sierra de San Isidro, se llega a la Ganadería de Carne Ecológica Torre, trabajada por su dueña, Emérita Llano, de 61 años. La pasión con la que esta mujer habla de las 158 vacas que tiene se percibe desde el principio. A la primera pregunta que se le hace para que cuente su labor en ese lugar, ella comienza por hablar de su vacas y a relatar historias de igual forma que una madre podría contar una anécdota de alguno de sus hijos. Conoce el nombre de cada uno de los miembros de esta familia bovina, recuerda el día en que nacieron y conoce los hechos relevantes de la biografía de todas ellas. Cuenta de forma pausada e indisimulado cariño la forma en que cuida a sus vacas, “de manera ecológica”. Inevitablemente, una parte de ellas van “pa remate”, para el matadero, algo que es parte del proceso, y que Emérita no esconde como un momento “de algo de pena”.

“Esto es vocacional. Cuando me jubile yo voy a seguir cuidando vacas. No me imagino estar sin cuidarlas.”

“Mi familia se dedicó toda la vida a las vacas”, cuenta Emérita. “Hasta los ochenta eran vacas de leche. Entonces, aquí en el occidente todos entregaban leche, unos más que otros, dependiendo del número de vacas que tuvieras. Nosotros teníamos bastantes en aquellos años. Yo empecé a ordeñar a los ocho años. A dos manos. Quedaban todos flipados”, relata con una sonrisa y un orgullo nostálgico, nada vanidoso, antes de continuar: “Pero luego la leche dejó de ser negocio y tuvimos que empezar con vacas de carne. Fue difícil al principio, pero bueno, en casa producimos de todo: patatas, cebollas, ajos, tomates. Así que siempre tuvimos comida para afrontar las dificultades.”

A principios de los noventa, Emérita dejó aquel lugar para irse a la ciudad a casarse y ser dueña de una tienda de electrodomésticos, pero acabó volviendo. Una serie de circunstancias familiares se juntaron con un hecho que ella subraya para tomar aquella decisión: “Esto es vocacional. Cuando me jubile yo voy a seguir cuidando vacas. No me imagino estar sin cuidarlas.”

Emérita Llano apuesta por la carne ecológica porque considera que “es bueno para los animales y para las personas.” Foto: Ismael Juárez

Las dificultades del sector ecológico

“Es muy difícil acceder a tierras en Asturias”, afirma categórico Antón Cadierno. “Nosotros estuvimos buscando un año y medio hasta que pudimos conseguir este sitio. Hay pocas tierras y las que hay son muy caras. Hay mucha especulación y esta moda que llaman refugio climático está trayendo mucha gente de fuera y eso influye también en los precios para fincas agrarias.”

Antón y Paula cuentan con otro terreno en Tineo, “porque allí hay condiciones más favorables para algunos productos, como la patata y la cebolla.” El terreno de Nava es el principal, sin embargo, con una huerta y horticultura. También están probando a cultivar flores. “En realidad, estamos aprendiendo, estamos viendo si es viable. Hay que diversificar. No se puede apostar todo a un solo cultivo porque si viene mal un año, por clima o por una plaga, entonces caes con todo el equipo.” Mientras cuenta esto Paula, su hija de cinco años, Dulia, ha ido a buscar unas fresas para que quien escribe este reportaje las pruebe: “Están buenísimas, muchas gracias, Dulia”. Esta cita es del periodista.

“No vendemos a supermercados, solo a particulares. Si tienes que depender de intermediarios, entonces esto no es rentable.”

Paula y Antón venden sus productos los martes en La Pola Siero y en la propia finca donde nos encontramos los lunes de cuatro a ocho de la tarde.

“Tenemos más demanda de la que podemos ofertar. Viene gente de la zona. No vendemos a supermercados, solo a particulares. Si tienes que depender de intermediarios, entonces esto no es rentable”, señala Paula Cristóbal. No esconden que el negocio les va “muy bien” y que hay “mercado para este tipo de productos.”

Emérita desde el occidente cuenta más dificultades para vender su producto: “Cuesta darle salida a la carne ecológica. Creo que la gente no siempre es consciente de lo bueno que es para la salud este tipo de carne.” En el pasado llegó a vender a alguna cadena de restaurantes, pero luego dejaron de comprar aunque siguen ofertando la carne como ecológica, según Emérita.

Las vacas de Emérita se crían en mitad de la Sierra de San Isidro, muy cerca de Illano, en el occidente asturiano. Foto: Ismael Juárez Përez.

Para que una carne se considere ecológica, el sello de COPAE exige que no se usen transgénicos para el el forraje o pienso de animales. Tampoco se permite el uso de sustancias de síntesis química ni antibióticos de forma preventiva. Solo se pueden usar antibióticos para evitar el sufrimiento del animal. De hecho, según COPAE, la ganadería ecológica tiene la normativa oficial más estricta en cuanto a bienestar animal.

“Yo no lo hago así por una cuestión de vender. Es que creo en ello”, enfatiza Emérita, “porque la verdad es que estoy vendiendo carne ecológica en el mercado convencional. Eso no es justo. En realidad, pierdo dinero. Pero yo no quiero hacer las cosas de otra manera. Hacer las cosas de esta manera es como hay que hacerlas. Es bueno para los animales y es bueno para las personas. Así que seguiré criando vacas por el método ecológico aunque luego tenga que vender la carne como convencional.” Los precios de la carne ecológica son más caros y eso hace que todo sea más difícil. “Tal vez la gente sí ha empezado ya a darse cuenta de que las verduras, hortalizas y frutas ecológicas son beneficiosas, pero con la carne no siempre es así. Tal vez los precios influyen porque, claro, de forma ecológica las vacas son más fibrosas, están más sanas, pero sale menos carne de cada animal. Por no hablar de que en el proceso se invierte más que con el método convencional.”

“Así es como debería comer todo el mundo. Comer sano. Además, nosotros cuidamos la tierra, no la maltratamos porque la necesitamos. No la explotamos hasta acabar con ella.”

Antón y Paula insisten en que hay muchos clientes para lo suyo, pero creen que la producción y venta debe ser a nivel local. Antón incluso opina que COPAE debería ir más allá “y no permitir que los productos se vendan en Madrid o en otro país porque de nada sirve cultivarlo ecológicamente si luego la carne se transporta en camiones o barcos.” Esto es algo que Paula no quiere que sea visto como una crítica a COPAE: “Nosotros estamos en COPAE por militancia, por creer en esta forma de producir y de recampesinar el campo. El COPAE es un organismo de gestión pública y nosotros creemos que tiene que ser así. En otras partes del Estado los organismos de certificación son privados. Y eso no lo concebimos porque los intereses a los que tienen que responder organismos como el COPAE tiene que ser comunes.”

En la agricultura ecológica no se permiten sustancias de síntesis química como abonos químicos o herbicidas. “Es que creemos en esto, así es como debería comer todo el mundo. Comer sano. Además, nosotros cuidamos la tierra, no la maltratamos porque la necesitamos. No la explotamos hasta acabar con ella”, rubrica Antón que insiste en que clientes no les faltan y Paula añade que debería haber más gente que hiciera lo que ellos: “Hay que recampesinar Asturias. Es una cuestión de medio ambiente, de salud al comer y también de identidad.” Y sin embargo, siguen repitiendo que la especulación de los terrenos hace difícil que la gente pueda empezar de cero, “a pesar de algunas ayudas, que resultan insuficientes.”

A pesar de que no siempre puede vender la carne como ecológica y se ve obligada a venderla como convencional, Emérita dice que no quiere renunciar a cuidar a sus vacas de esta forma. Foto: Ismael Juárez Pérez.

Al irse de esta “güerta”, uno se despide de una familia, de un modo de vida, de unos campesinos que venden sus productos del campo a la gente del lugar. En el Occidente, Emérita estará en ese momento en medio de sus 158 vacas, con algunos perros “tan valientes como simpáticos”, según su dueña, y en compañía, quizás, de algunos caballos, que esta ganadera ecológica tiene porque “simplemente” le gusta tenerlos, y que trotan en el mismo campo que las vacas. Su única hija está terminando la carrera de medicina y “tal vez” busque un puesto de doctora en el rural del occidente asturiano. Emérita dice que incluso cuando se jubile, ella seguirá haciendo cosas en el campo: “No sé estar sin hacer nada y me gusta cuidar de la tierra y de mis animales.”

“La productos ecológicos en Asturias parecen estar en buenas manos.” Y esta cita es también del periodista.

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