Postales rotas
Autoría, coreografía y dirección: Ramón Oller
Intérpretes: Estrella García y Miguel Quiroga
Composición musical y espacio sonoro: José Ramón Feito y Marina Rossell
Teatro Jovellanos, Gijón, 21 de septiembre
Sencillez, sobriedad y belleza son las cualidades que mejor definen el último espectáculo de Zig Zag Danza, bajo la batuta, a todos los efectos, de Ramón Oller, director y coreógrafo con quien la compañía asturiana ya había trabajado en anteriores ocasiones. Miguel Quiroga y Estrella García unen su arte de bailarines a la prodigiosa voz de Marina Rossell, acompañada al piano por José Ramón Feito, ambos responsables del espacio sonoro o “sonoturgia”, término que oí en una ocasión a Pablo Iglesias Simón y que aquí me parece oportuno rescatar, habida cuenta de que es el sonido, la música, quien vertebra y estructura la pieza de principio a fin, marcando pautas. No estamos ante un testimonio argumental concreto, ni ante unas acciones definidas que afirmen o nieguen un suceso, sino ante una evocación plástica y musical, a modo de adaggio, sobre la emigración, la ausencia y la distancia. Una evocación nostálgica que nos remite al pasado desde las mismas sombras y relieves que la iluminación tan precisa de Félix Garma establece, a través de un vestuario que cuelga de un tendedero como atrezzo escenográfico o desde unos cuerpos mecidos por el oleaje marino como metáfora de un destino que se desconoce. Me cuentan que la idea embrionaria del proyecto, y seguramente el tono general de exposición, les surge a Miguel y a Estrella al contemplar “la lloca del Rinconín”, de Muriedas Mazorra, en Gijón. Y es cierto que una vez vista la escultura en el paseo Rosario Acuña, frente al mar, no nos es difícil relacionar el triste adiós de La madre del emigrante con el espectáculo.
La emigración transoceánica es un periplo urdido con muchos mimbres. Los indianos y las Américas forman parte de nuestra historia, pero junto al mito del comerciante afortunado estaban también las personas humildes que se aventuraban en busca de mejoras, volviendo con lo puesto. Las distancias, por aquel entonces, suponían un paso trascendental en la vida de una persona. La libertad era un acto que requería una conquista. Postales rotas rinde tributo a todo aquello con canciones como El besu de Felpeyu, la tonada de Elena González o la conversación en off de unas mujeres que critican a una joven vecina dispuesta a emigrar, dicho con gran naturalidad y en el amestáu playu tan característico de Gijón. Un espectro temático de sesgo asturianista que se universalizará con Le métèque y Ma liberté de Moustaki, versionadas prodigiosamente por Marina Rossell, al igual que Y una rosa roja y el Bella Ciao. Todo esto ya en unos minutos finales donde la cantante y el pianista se dejan ver tras el telón de fondo, convirtiendo el espectáculo en un concierto en directo. Estrella García y Miguel Quiroga, elegantes y correctísimos en la ejecución de unas coreografías sosegadas, dulces y pausadas, transmiten muy bien durante toda la travesía “esa paz y serenidad” que en palabras de Ramón Oller tiene “también algo de final y de principio”.



























