¿Por qué los pseudofascistas pierden las elecciones tras gobernar una legislatura?

Cualquiera puede imaginar lo que sucede cuando disminuye el personal sanitario y llega una pandemia.

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Javier Ugarte Pérez
Javier Ugarte Pérez
Es filósofo, autor, entre otros libros, de "Placer que nunca muere: sobre la regulación del homoerotismo en Occidente" y "Competencia o cooperación".

En un artículo anterior explicaba los motivos por los cuales los líderes y partidos pseudofascistas ganaban las elecciones, pero igualmente relevante es comprender las razones de su derrota en las urnas. En esta línea encaja el fracaso sufrido por Donald Trump en Estados Unidos en 2020, así como de Jair Bolsonaro en Brasil en 2023, tras haber vencido ambos en la anterior convocatoria electoral. La idea que defenderé es que los gobernantes pseudofascistas pierden las elecciones por su enorme incompetencia, puesto que resuelven algunos problemas a costa de agravar todos los demás. Por ejemplo, ante la pandemia por COVID-19, Trump y Bolsonaro primaron la libertad de movimiento sobre el control de la enfermedad, a la vez que mostraban una clara desconfianza hacia las vacunas; la combinación de ambos factores elevó el número de víctimas del virus en sus países.  

Famosa se hizo la rueda de prensa donde Trump recomendaba combatir el coronavirus con la ingesta de desinfectantes, lo que constituye un consejo tan insensato como recomendar la bebida de lejía para curar la gripe. El último problema provocado por los líderes pseudofascistas radica en que, cuando la población les da la espalda y vota por otros candidatos, los perdedores se resisten a reconocer su derrota. Tal hecho provocó varios muertos entre los trumpistas que asaltaron el Capitolio de Estados Unidos, alentados por el gobernante derrotado, pero aun Presidente. Pese a ello, Trump no ha podido ser inculpado porque las decisiones de un Presidente estadounidense en ejercicio se benefician de inmunidad legal, al igual que sucede con los monarcas en España.

Los dirigentes pseudofascistas muestran un carácter firme y radical a la hora de aplicar medidas. Si tienen que elegir entre la cirugía fina con el fin de salvaguardar un miembro poco útil, junto a rehabilitación y cuidados o bien amputar el miembro, los líderes optan por la amputación. Ahora bien, las dificultades se resuelven menos con puñetazos en la mesa y gesto crispado que con paciencia y diálogo; de lo contrario, los problemas se agravan. Los dirigentes pseudofascistas carecen de paciencia, por lo que no dudan en tomar cualquier decisión que crean operativa y llevarla hasta el final, sin importar su coste. En el caso actual, las medidas que implementa el presidente de Argentina, Javier Milei, para equilibrar las cuentas públicas han incrementado la pobreza hasta el punto de abarcar a la mitad de la población. No parece que a Milei le importe empobrecer a sus compatriotas, pese a que tal hecho conlleve el fallecimiento de enfermos y personas dependientes. Para quienes se quedan sin recurso a medicinas o cirugías gratuitas en Argentina, la ideología de Milei equivale a muerte.

En el caso de Estados Unidos, Trump tiene razón al levantar barreras proteccionistas frente a la avalancha de mercancías que previamente se fabricaban en el país norteamericano. La globalización, que levantó tantas fábricas en Asia, paralelamente fomentó una desindustrialización que hundió muchos distritos de la costa atlántica y del medio oeste de Estados Unidos, entre cuya población ha cundido el desánimo y el enojo. Si la aprobación de aranceles o medidas proteccionistas se critica por introducir criterios políticos en la economía, debe recordarse que la apuesta por mercados libres y su globalización también organizan la economía según criterios políticos; por lo tanto, la cuestión radica en las consecuencias de cada decisión, no en el hecho de que sean ideológicas, puesto que todas lo son en variada medida.

Trump y Netanyahu en la Casa Blanca | Foto: GPO | GPO
trump y netanyahu

El problema de la política implementada por Trump en su anterior presidencia es que la imposición de aranceles se acompañó de una gran bajada de impuestos a las rentas altas, junto a una reducción de la administración con el propósito de no incrementar un déficit fiscal que ya era abultado. Ahora bien, puesto que las bajadas de impuestos superaron la reducción del gasto público, el déficit fiscal aumentó, lo que los mercados de capitales castigan. En tal línea, la líder conservadora Liz Truss, Primera ministra del Reino Unido, tuvo que dimitir 2002, solo 45 días después de ocupar el cargo, lo que la convierte en la persona que menos tiempo se desempeñó como Primer ministro en toda la historia británica. Uno de los principales motivos de su dimisión fue el descenso en la cotización de la libra esterlina, junto al desbarajuste en las cuentas públicas que acarrearía la gran bajada de impuestos que Truss defendía. Su sucesor en el cargo, Rishi Sunak, suavizó tal reducción.

Los fondos de inversión premian las bajadas impositivas, pero exigen que las cuentas públicas sean sostenibles

Los fondos de inversión premian las bajadas impositivas, pero exigen que las cuentas públicas sean sostenibles con el fin de garantizar el cobro de las deudas contraídas por los gobiernos. Al igual que la Premier británica, Trump aumentó el déficit público, pero como el dólar es la divisa que domina los mercados mundiales, los presidentes estadounidenses disfrutan de un amplio margen para cometer desatinos, antes de que la economía del país colapse.

Santiago Abascal posa para la foto con Jair Bolsonaro.

Pero vayamos al asunto que realmente importa: si la violencia crece o se reduce con gobiernos pseudofascistas y, en relación con ello, qué sucede con la esperanza de vida puesto que, con Trump, no solo las cuentas públicas empeoraron durante su primer mandato. Con el fin de reducir el gasto público, el Presidente estadounidense eliminó muchas agencias públicas o redujo su capacidad de actuación, con graves consecuencias para la población. Cualquiera puede imaginar lo que sucede cuando disminuye el personal sanitario y llega una pandemia o se reducen las agencias de prevención de drogodependencias en años que coinciden con la extensión de una droga nueva y potente, caso del fentanilo. Desde luego, a Trump y Bolsonaro la pandemia de COVID-19 les pilló por sorpresa, como a todos los dirigentes que estaban en el gobierno en el año 2020. Sin embargo, cuando Trump accedió al cargo, el fentanilo ya causaba unas veinte mil muertes en Estados Unidos, por lo que resultaba imprescindible reforzar las medidas de prevención y reducción de daños. En su segunda presidencia, Trump ha retomado la vía de los recortes de gasto y supresión de diversos programas de salud pública y bienestar, junto al despido de empleados federales. No obstante, la decisión ha encontrado la oposición de la judicatura, así que aún no se ha implementado.  

El aumento de la tasa de mortalidad con gobiernos pseudofascistas constituye un hecho intrínseco a su ideología. Cuando en Europa gobernaron los partidos fascistas, en las décadas de 1930 y 1940, la mortandad se elevó de manera notable, y eso sin contar la responsabilidad de Hitler y Mussolini a la hora de desencadenar la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, los motivos por lo que desciende la esperanza de vida con gobiernos pseudofascistas son varios, aunque algunos resultan difíciles de precisar con datos. En primer lugar, los partidos con esa ideología cultivan el racismo, la xenofobia y la homofobia, por lo que eliminan cualquier agencia pública que combata esas lacras. Por lo tanto, quien comparta alguna creencia supremacista y tenga problemas con una persona racializada, inmigrante u homosexual, quizás dé rienda suelta a la violencia en la confianza de que las autoridades comprenderán su reacción, por lo que el arrogante será juzgado con benevolencia. En consecuencia, cabe imaginar un aumento de la violencia sufrida por quienes integran grupos marginados.

En Estados Unidos, el consumo de drogas ha provocado más de 100.000 fallecidos anuales en los últimos cinco años, pero las muertes ocasionadas por armas de fuego también son muy elevadas, hasta el punto de situar al país en la cúspide del planeta; ambos factores caracterizan a la sociedad estadounidense. El hecho relevante es que tanto Trump como Bolsonaro liberalizaron la compra de armas de fuego. Entre otros motivos, el primero lo hizo porque la Asociación Americana del Rifle (NRA, según sus siglas en inglés) apoyaba su elección, por lo cual Trump les devolvió el favor. En el caso de Bolsonaro destaca su formación como militar y el consecuente apego a las armas.

Ambos políticos sostienen que la liberalización del mercado de armas facilita la defensa personal ante una agresión, así como la de su país en el caso (muy improbable) de invasión por un ejército extranjero. Sin embargo, la única consecuencia previsible de tales medidas es el incremento de la posesión y uso de armas de fuego, con el desenlace que cabe imaginar. Como resulta previsible, el aumento de la violencia y la mortalidad desasosiegan a la mayor parte de la población, lo que acaba por reflejarse en las urnas.  

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