No es una cifra redonda, pero es una fecha importante. Este jueves se cumplieron 88 años del aniversario del fusilamiento de Leopoldo Alas Argüelles (Oviedo/Uviéu, 1883-1937), uno de los grandes intelectuales de la Asturies de principios del siglo XX. Miembro de las clases medias ilustradas que apostaron por una alianza entre republicanismo y movimiento obrero, rector de la Universidad de Oviedo/Uviéu en el momento del golpe de Estado, su figura ha sido paulatinamente recuperada en el periodo democrático, y más especialmente en los últimos años. Durante el tripartito se colocó una placa en su recuerdo en la cárcel ovetense, lugar en el que fue fusilado. También se estrenó y representó por primera vez la obra “El Rector”, escrita en 2014 por Pedro de Silva. Más recientemente, su retrato se ha expuesto de manera permanente en el Aula Magna de la Universidad.
Con todo, Alas, prestigioso jurista y diputado en las Cortes Constituyentes de la Segunda República, uno de los dos rectores universitarios fusilados en la Guerra Civil, sigue siendo un personaje relativamente desconocido en una ciudad y una comunidad que tampoco han sido excesivamente pródigas en homenajes institucionales a su padre, el novelista Leopoldo Alas “Clarín”, autor de “La Regenta”, una de las novelas españolas de más trascendencia internacional.

Procesado en un juicio farsa, su apoyo al Frente Popular y a la amnistía a los revolucionarios de 1934, fueron claves en una condena a muerte que conmocionó a la España republicana, e incluso a personas del bando franquista que trataron sin éxito de salvar su vida.
Hombre de espíritu conciliador, muy respetado en la sociedad asturiana de su época, “¡Mujeres que me escucháis al otro lado de esta tapia! ¡Que ésta sea la última sangre vertida! ¡Que sirva para aplacar los odios y las venganzas! ¡Viva la libertad!” son las últimas palabras que se le atribuyen, según el testimonio de personas presas en la Cárcel Modelo en el momento de su ejecución.
Muchas víctimas, pocos héroes
Las políticas asturianas de memoria democrática han sido muy avanzadas en el reconocimiento de las víctimas, lo estamos viendo ahora con el mapa de fosas comunes o la colocación de los adoquines dedicados a quienes sufrieron el nazismo, pero han resultado hasta la fecha más parcas a la hora de construir símbolos en positivo, algo que no va tanto de reparación como de de apuestas políticas por establecer continuidades entre pasado y presente. Tenemos fosas y otros lugares de memoria señalizados, pero apenas esculturas, murales u otro tipo de intervenciones, dedicadas a las personas concretas que encarnaron los valores progresistas y democráticos de la década de los 30.
Las políticas asturianas de memoria democrática han sido muy avanzadas en el reconocimiento de las víctimas, pero mucho más parcas a la hora de construir símbolos en positivo
En las ciudades gallegas podemos encontrarnos sin embargo con un buen número de estatuas y monumentos al galleguista y republicano Alfonso Rodríguez Castelao, pero también con la reivindicación de figuras asociadas a un antifascismo más popular como As Duas Marías de Santiago de Compostela. En Euskadi tenemos reconocimientos a los tres primeros lehendakaris, los nacionalistas José Antonio Aguirre y Jesús María Leizaola, y el socialista Ramón Rubial. En Catalunya otro tanto al president Companys y el president Maciá. En Andalucía hay diseminados por toda su geografía múltiples homenajes a Blas Infante, republicano y pionero del andalucismo.



Quizá la ausencia de personajes con tanta centralidad en la política asturiana de los 30 se haya traducido en la ausencia de estos símbolos, quizá nadie haya visto en el periodo democrático la necesidad de apostar por este tipo de estrategia memorialista, o quizá los que sí la vieron se quedaron en minoría. Puede que los localismos hayan pesado también en esta ausencia.
Recientemente el escritor y agitador Nicolás Bardio reflexionaba en alto sobre la conveniencia de construir, en tiempos de olas reaccionarias, un orgullo identitario asturiano propio, y no mediado por lo que el turismo espera de nosotros: “La identidá nacional asturiana nun pue ser sidra y cachopo. O reforzamos la nuesa identidá, el nuesu arguyu de ser asturianos: la llingua, la mina, la solidaridá, l’antifascismu, los fugaos, los héroes del 34… …o la estrema derecha cómenos pelos pies”. La campaña Yes Asturies que acaban de lanzar un centenar de organizaciones sociales asturianas también va por ahí.


¿Tendría sentido que personajes como el rector Alas o Belarmino Tomás contaran con presencia en el espacio público? Seguramente sí. Si Woody Allen o Tino Casal cuentan con exitosas estatuas en la capital asturiana, ¿por qué no el rector Alas?
Nada garantiza la cristalización de un símbolo. Hay esculturas que se terminan convirtiendo en señas de identidad de las ciudades, lugares donde la gente se fotografía y se cita, mientras otras sin embargo, se transforman en piezas anodinas del mobiliario urbano, de esas que nadie sabe muy bien qué pintan ahí. Nos gustaría pensar que una intervención inteligente en el espacio público dedicada a una figuran tan excepcional como Leopoldo Alas Argüelles podría formar parte de ese primer tipo.



























