Un fantasma recorre Europa… pero en la Europa del siglo xxi el fantasma que despierta de la clandestinidad es el fascismo. Cuarenta mujeres formando en batallón recorren las calles de París … pero en la Europa del siglo xxi el único ejército que se alza contra el fascismo es la acción performativa de la resistencia Femen.
Una vez mas Femen a la vanguardia de la rebeldía, nombrando lo que muchos prefieren callar y evidenciando lo que otros tantos no desean ver: el fascismo ha despertado y es epidemia. Las ofensivas reaccionarias se multiplican, las grandes potencias militares contaminan la información geopolítica, el anarco-capitalismo financia movimientos de extrema derecha en Europa mientras Elon Musk hace el saludo nazi. Frente a las respuestas frívolas, mas valdría recordar que la banalidad del mal no es ajena a Europa: releamos la Historia del siglo xx y recordemos que, sin ser monstruos ni engendros, fuimos capaces de actuar, vivir y secundar las reglas de sistemas fascistas y criminales.
¿Dónde está la reacción? La diplomacia es tibia y la ciudadanía del primer mundo vive mientras otorga, pareciendo olvidar que la espera no es motor de cambio. Solo lo mas vulnerable se manifiesta y lucha: el cuerpo de las activistas de Femen que no se ha doblegado frente al frío de Ucrania, ni se acobardó frente a la Bundespolizei, la Milítsiya o la Gendarmería, tampoco hoy cede frente al fascismo. Se entrenan para mantener los brazos en alto, para no ocultar las consignas escritas en sus cuerpos, para no dejar de gritar: “¡Epidemia fascista, respuesta feminista!”. Policías, guardaespaldas, acólitos de papas y políticos se enfrentan a las activistas como si fueran armadas hasta los dientes, sin embargo, sus torsos anuncian que la desnudez es su única arma y también su única protección. ¿Por qué tanta vehemencia frente a tal vulnerabilidad?: porque Femen no ha sido solo el comando del feminismo, sino el único batallón de ataque del antifascismo.
Queda demostrado así que el punto mas resistente de las debilitadas democracias contemporáneas es el feminismo. El feminismo es componente esencial del pensamiento crítico que recorre los sistemas políticos democráticos, y no solo combate al patriarcado con la misma transversalidad que el patriarcado ejecuta su poder, sino que también visibiliza los déficits que las sociedades pueden tener en materia de igualdad. Engarza, hila y teje la crítica al sistema con vocación universal, tal vez no sea el único internacionalismo, pero su peculiaridad frente a otros es que sigue vivo.
A más feminismo, más igualdad y más democracia plena. A más democracia del bien común, menos tecno-fascismo y distopías autoritarias. En un tiempo en el que los intereses económicos trivializan las ideologías y los valores cambian de significado en el breve lapso de una campaña electoral, el feminismo de Femen resiste a cualquier intento de banalización (y han sido muchos). En su núcleo teórico y ético se asienta la sororidad imprescindible para que el colectivo de las mujeres se nombre a sí mismo, pero también se mantiene la fuerza moral de la igualdad y sobre ella el antifascismo. Su ejemplo barre fronteras y disuelve fracturas, pero también permite reconocer el feminismo impostado: Alice Weidel, Marine Le Pen, Giorgia Meloni, Christine Lagarde, Ursula von der Leyen… no solo por ser mujer se es feminista, ni tampoco por ser mujer y tomar la palabra en el espacio público se es feminista y, menos aún, se es feminista cuando alguien se autoproclama como tal, pero considera diferencia natural lo que es en realidad es opresión cultural. Carece de sentido conjugar un nosotras si no hay un rechazo previo de la desigualdad que impida las políticas sexistas y racistas, la economía expansionista, el control de los medios de comunicación, las alianzas con pseudociencias, sectas e iglesias. El cuerpo-pancarta de las compañeras de Femen rotulado con la esvástica sobre la bandera de EE.UU, sobre la bandera de la Unión Europea, el cuerpo como manifiesto.
El Manifiesto Femen dice así: En el principio era el cuerpo y la sensación que la mujer tenía de su cuerpo. La alegría de su ligereza y libertad. Entonces llegó la injusticia y era tan afilada que el cuerpo la sentía. Esa injusticia patriarcal que canceló la voz en las mujeres, castró sus cuerpos y cercenó su movilidad es la misma que guía la razón de los “broligarcas”. Ellos ya se han organizado, ahora nos toca a nosotras reforzar alianzas contra un enemigo que nos señala directamente. Y, en nuestro horizonte, la valentía de Femen y el cuerpo como manifiesto antifascista.
































