“La Historia es la mayor creación literaria conocida”

Pilar Sánchez Vicente publica "El cantar del Norte", una novela que aborda la desconocida historia de las mujeres que lucharon en la batalla de Covadonga.

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La gijonesa Pilar Sánchez Vicente, historiadora y novelista, ganó hace unas semanas el premio Edhasa 2024 con “El cantar del Norte”, una novela que aborda la desconocida historia de las mujeres que lucharon en la batalla de Covadonga. La novela, ya en librerías, reivindica el lado femenino de la historia por medio de su protagonista Sancha Asuera, “La Valentona”, más real de lo que parece.

Aguerrida, valiente, con un punto importante de mala hostia, y responde al nombre de Sancha: a quienes hemos leído ‘El cantar del Norte’ y conocemos a Pilar Sánchez Vicente, nos podría parecer que la “Valentona” se inspira… ¡en ti misma! ¿Es así?

Es la mítica pregunta que me hacen sobre todas las protagonistas de mis novelas (risas) y no, yo soy más bien pacífica y tiendo a evitar conflictos; de parecerme a alguien sería a Aurelia, la trovadora, que es la voz narradora, a la que le gusta hacer rimas y que es la que mantiene el equilibrio entre las tres hermanas Asuera, tan dispares.

Pocas veces vemos historiadores escribiendo novela histórica. En tu caso, sin embargo, te encuentras cómoda en el género. ¿Cómo llegaste aquí?

Pasín a pasu. Cuando escribí Gontrodo, pensé que ya había saldado mi débito con la historia, la Edad Media era mi especialidad; luego vino La Diosa contra Roma, cómo no hablar de la vía Carisa; la Guerra Civil y el exilio me pedían entrar a trapo, de esa necesidad nació Luciérnagas en la memoria, a caballo entre Asturias y Argentina… y así hasta ahora, donde ya tengo cubierto del 4.500 a.C. con Madrebona al siglo XX con Mujeres Errantes. Y claro, por el camino vas cogiendo método y soltura; aunque no cabe duda que ser profesional de la información me facilita el oficio de escribir, sobre todo a la hora de documentarme. Además, la novela histórica es muy agradecida, en general carecemos de memoria histórica, desconocemos nuestro pasado o lo conocemos solo en gruesos trazos; por eso resulta apasionante la inmersión, no solo para mí a la hora de escribir, que aprendo mucho, también para los lectores y lectoras. A través de la recreación de esos mundos pretéritos se recupera la memoria colectiva, se abren puertas e interrogantes que amplían nuestra reducida visión del presente. Como sociedad, no podemos permitirnos el lujo de ignorar quiénes somos ni de dónde venimos; así andamos, como pollos sin cabeza.

En tu carrera literaria te has aproximado, también, a la novela negra. ¿Qué retos, similitudes y diferencias encuentras entre estos dos géneros?

A la hora de escribir, muchas. Los argumentos varían -trata de mujeres en Operación Dracul, drogas en Sangre en la Cuenca, terrorismo machista en La banda del bótox- pero la protagonista, la inspectora Sara Ocaña, es la misma, ya no tengo que inventar una cada vez -y no, ya te adelanto que no está inspirada en mí-. (Risas) También las tramas suceden en la actualidad, por lo que no requieren una labor de documentación tan exhaustiva. En la novela histórica, el rigor y la veracidad en los pequeños detalles de la vida cotidiana, mi especialidad, exigen mucho más trabajo y esfuerzo.

El personaje de Sancha Asuera, “La Valentona”, se basa en las referencias históricas a una supuesta guerrera para el bando pelagiano. ¿A qué nos podemos creer más: a ‘El cantar del Norte’ o a las crónicas medievales que narran este hito de nuestra historia ficción?

La Historia es la mayor creación literaria conocida, la mayoría de las veces consiste en modernizar textos medievales y no se puede soslayar la naturaleza de esas fuentes. Las llamadas Crónicas alfonsinas o Crónicas del Reino de Asturias, donde supuestamente aparece por primera vez la figura de Pelayo, no fueron escritas ni en Asturias ni durante esa época, sino doscientos años más tarde, durante el reinado de Sancho II de Castilla, en un intento de legitimar su reino mediante una línea que llegaba de Jerusalén a Pamplona, pasando por Asturias y la monarquía visigótica de Toledo. De hecho, en la Crónica Albeldense, la primera, ni siquiera aparece la batalla de Covadonga.

Pilar Sánchez Vicente. Foto: Edhasa.

Será la historiografía decimonónica la que nombre por primera vez el fenómeno de la Reconquista y expanda la idea de Pelayo como primer rey astur y dicha batalla como hito fundacional de un reino de restauración visigoda, asumiendo que las crónicas fueron obra de Alfonso III. Con respecto a la batalla de Covadonga, dependiendo de los historiadores, se data en el 718 o en el 722, y también se duda si fue escaramuza o un combate. Sobre la Virgen que hace rebotar las flechas, no te digo nada… Así que tanta credibilidad concedo a la figura de Pelayo como a la de Sancha Asuera, citada por el clérigo avilesino Luis de Valdés en 1622 en sus Memorias de Asturias.

Reivindicar a las mujeres en la Historia es una línea fundamental en toda tu obra. Hasta le llegaste a adjudicar una hija a Gaspar Melchor de Jovellanos, y ahora, en ‘El cantar del Norte’, te atreves a ‘feminizar’ la historia de otro ‘intocable’: Pelayo. Confiesa: ¿ya se te ha ofendido alguien por ese ‘pecadillo’ de narrar la historia de la mitad de la población?

Bueno, ofendiditos los hay siempre, afortunadamente ya no es como en el año 2008, cuando se me tiraron a la yugular con el personaje de Imborg, caudilla de los ástures en la guerra contra Roma. Ahora ya sabemos que las mujeres participamos en todas las batallas, aunque todavía hay mucha caspa en este género, que sigue considerando que la historia “verdadera” es una sucesión de reyes y batallas, una suerte de testosteronas en lucha.

En tu novela encontramos a mujeres ocupando todas las facetas que clásicamente nos ha reservado la historia: la cuidadora, la transmisora de la narración oral, la mala madre… mientras tanto, los personajes masculinos, casi en su totalidad, lo único que hacen es luchar por el poder constantemente, cada uno en su terreno. Si se piensa bien, casi era más divertido ser mujer… aunque luego a una la borrasen de la historia, claro.

El patriarcado estructura las relaciones humanas de tal forma que impide el desarrollo pleno tanto de mujeres como de hombres, mutila nuestras capacidades al asignarnos características diferentes y exclusivas. Pero, además, al orientarse al poder y a la competitividad, ha creado un sistema sociocultural basado en la dominación de unos seres humanos sobre otros, generando una cadena jerárquica en la que los varones siempre tienen la compensación de poder dominar, en último término, a las mujeres. Por eso cualquier tarado se considera legitimado para matarnos. Ya no te digo para borrarnos del relato de la historia… Durante milenios se nos ha moldeado psicológicamente para que interioricemos la idea de nuestra propia inferioridad. A la teoría de las diferencias biológicas de Aristóteles enseguida se sumaron los modelos preconizados por la religión, y la ignorancia de nuestra historia de luchas y logros ha sido una de las principales formas de mantenernos subordinadas. Dicen que las mujeres mueren dos veces: la primera es la muerte física, la segunda es la dada por la historia del hombre. La académica Mary Beard, premio Princesa de Asturias, lo decía sin tapujos este año en Oviedo: La historia ha sido escrita desde el poder y el poder es masculino. El poder del hombre está correlacionado con su capacidad de silenciar a las mujeres.

El premio Edhasa, que te comunicaron hace meses, te pilló de sorpresa. ¿Cómo estás viviendo la experiencia?

Coincide con un período de jubilación parcial, así que estoy jugando a ser escritora a tiempo completo y disfrutando, por tanto, como nunca. Ya no es solo el reconocimiento, este premio es como el Planeta de novela histórica, sino que la editorial se está volcando. Ferias del libro, por poner un ejemplo, estuve en Cabezas de San Juan y voy a ir a León, Valladolid, Madrid, Zaragoza, Portugalete, Tenerife… además de las asturianas, claro.

¿Guarda Pilar Sánchez Vicente alguna sorpresa bajo la piel de oso de “La Valentona”? Proyectos, novedades por venir…

Como no contaba con el premio, este era el año de La Asturianita, fruto de un proyecto con Rodrigo Cuevas, que hace el prólogo. El sábado 17 de mayo a las 12.00 la presentamos en La Benéfica, en sesión vermú. Regina García López, la Asturianita fue una artista consagrada, que no necesitó tener brazos para pintar, escribir, tocar un instrumento, conducir un coche o disparar una escopeta. Habrá “asturianitas” para los asistentes, rosquillas hechas por la confitería Briz de Oviedo con una receta inspirada en la novela, basada en las que hizo la madre para la boda de la protagonista. Y, en su honor, traemos a Pascal Kleiman, francés que, al igual que ella, toca con los pies, algo único en el mundo. ¡Allí os espero!

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