Antes de lo de Santos Cerdán estaba pensando en las palabras que no tienen sinónimos. Sospecho que una palabra sin sinónimos o es un tecnicismo (hipotenusa, bosón) o es una gilipollez. La palabra que me hizo pensar en esto es «iliberal». Esta palabra empezó a aparecer en discursos públicos cuando asomaron formaciones como Vox y personajes como Orbán y Trump. El DRAE no le encuentra sinónimos, WordReference susurra que quizá el usuario quiso decir «liberal» y Google se lía y nos lleva a un diccionario brasileño que dice de iliberal «pessoa apegada ao dinheiro. Tacanho, mesquinho, miserável». Hay incomodidad con palabras como fascismo y si se inventa «iliberal» para no decir palabras claras, es lógico que los diccionarios no encuentren sinónimos. Se cumple así mi sospecha: hipotenusa no tiene sinónimos porque es un tecnicismo e iliberal no los tiene porque es una gilipollez. Y es que estos días tuvimos la vista, el oído y el buen gusto entafarrados de estridencias iliberales de todos los tonos. Pero luego vino lo de Cerdán.
El tercer principio de Goebbels sorprende un poco. Dice que hay que cargar sobre los rivales los defectos propios. Que hay que insultar al rival se entiende y en un nazi más. Pero si tengo una verruga en la nariz, ¿por qué es eficaz llamar verrugón a mi rival? Pues hay dos ventajas. Cuanto más convencida esté la gente de que todos son iguales, corruptos e incompetentes, más cerca estamos de aceptar que la democracia es un sistema fallido. Si yo robo, y se sabe, y llamo ladrón a mi rival, que no robó nada, es lógico que su réplica sea que el ladrón soy yo, no él. Con los debidos decibelios y la debida fatiga, la escena para la población es de «y tú más» y están todos para callar. Punto para los fachas. Goebbels era como todo el alto mando de iliberales de cruz gamada o camisa negra: despreciable, pero no idiota. La segunda ventaja que tiene atribuir al rival los defectos propios es que las palabras que nos acusen llegarán gastadas. Ayuso tiene arrebatos de niñata choni, ignorante y maleducada y su gestión alcanza momentos desquiciados y delirantes. Ella dice que Sánchez enloqueció, está fuera de control y obsesionado con ella. Es decir, lo insulta atribuyéndole sus propios defectos. Si Sánchez quiere hablar de bandazos de persona desquiciada, sus palabras ya son repetición de las que ella dijo y llegarán desgastadas.
El PP aplicó este librillo estos días con singular desvergüenza. Mafia llamó al Gobierno. Tenemos en la retina la foto de Feijoo en el yate del narcotraficante. Tenemos en los oídos las palabras de Aznar acariciando el gato: el que pueda hacer que haga. Mafia, dicen. Hurtado termina la instrucción como la empezó, sin nada, y sin nada acusa al Fiscal General del Estado y al Presidente. Se acusa a un delincuente confeso, novio de la marquesa de la M30, y una institución del estado acaba patas arriba. Y llamaron mafia al Gobierno. Con Gürtel, Lezo y la banda de Madrid a cuestas gritan corrupción; y asesinos, mientras abrazan cada vez más a Franco, el criminal que se hizo con el poder del estado. Una extensión del tercer principio de Goebbels es la que representó Álex de la Iglesia: el diablo imita a Dios para burlarse de Él. Imitan a Dios gritando libertad asociándola con los toros y gritando cultura asociándola con Mario Vaquerizo. Pero es que después vino lo de Cerdán.
Quieren que el impulso de matar al bandido Sánchez sea mayor que el de tener médico o pensión
Las malas artes, como el tercer principio de Goebbels, a veces crean fascinación, apetece un café con Goebbels y que te cuente cómo mentía. Pero no tiene gracia el asunto. Son artes para confundir y distraer. Y eso lo hacen quienes no pueden decir lo que pretenden. La manifestación del gatillazo con el librillo de Goebbels no fue el único gorjeo de las derechas. El día anterior en Vistalegre había habido un aquelarre ultra, con Milei graznando contra el bandido Sánchez. Lo que se aplaudió en Vistalegre es un asalto a la Seguridad Social y que el que enferme que lo pague si puede, y que nada de cultura de la subvención. Semejante arenga recuerda a la viñeta de Forges de los 70, donde un supermercado tenía como oferta dar, con cada dos litros de aceite, una patada en la boca. Sobre esto quieren confundir las malas artes comunicativas. Quieren que el impulso de matar al bandido Sánchez sea mayor que el de tener médico o pensión, quieren esa demencia colectiva. Antes de lo de Cerdán, esto no tenía gracia, derechos y libertades eran cosa de puños apretados.
La verdad de la que quieren distraer es que la ultraderecha siempre es seis cosas: racista, machista, clasista, violenta, autoritaria y negacionista. El asalto a Harvard y la asfixia a las universidades madrileñas tienen que ver con el negacionismo, con la alergia que tienen al conocimiento. La censura ideológica inaudita que pretende Ayuso a las universidades de Madrid tiene que ver con su intención totalitaria. Cada vez que vocifera libertad es el diablo imitando a Dios para burlarse de Él (sí, en la comparación la izquierda es Dios). El ejército desplegado en California para «liberarla» de inmigrantes muestra la violencia, el racismo y el autoritarismo inherente a todos sabores «iliberales». En EEUU oiremos enseguida el desenlace de todos los apoyos a fascismos: no sabíamos que se iba a llegar a eso.

Aquí el recuerdo traumático de ETA vino manteniendo como un tabú cualquier asomo a la violencia. Están cerca los tiempos en que en la mitad de los políticos vascos no podía salir sin escolta y casi ni con ella. La interpretación normal fue que corrían peligro porque había asesinos. Ahora la emisora de la Iglesia, por boca de Herrera, dice que el Rey puede dar un paseo sin peligro y Sánchez no y que eso demuestra quién tiene legitimidad. Lo dijo también Feijoo. Lo dijo Pérez Reverte con la escenita de Paiporta, del tarado que quería pegar a Sánchez con una pala. Los medios ultras decían que huyó Sánchez como un cobarde. A pesar de lo que vimos con ETA, las derechas entienden que la violencia contra rivales políticos demuestra su ilegitimidad. Y enseguida vendrá la demencia del rearme ordenada por quien nos amenaza y, con ella, un grado más de normalización de la violencia.
Antes de Cerdán, estas eran las certezas. Y después también. Las derechas son grumos flotando cerca unos de otros que van normalizando el racismo, el machismo, el clasismo, la violencia, el autoritarismo y negacionismo. Después de Cerdán, las mismas certezas. Sus truenos son una descripción de sí mismos. Dijo Sánchez que la corrupción cero es imposible. Los partidos de poder siempre tienen michelines, dijo una vez Arzallus. Eso es así y por eso Sánchez no hizo bien en pedir perdón por haber confiado en Cerdán. Debe pedirlo por saber que la corrupción cero no existe y no tener sensores internos. No se meten en política los corruptos, se corrompen en el ejercicio de la política. Por eso la clave no es la selección, sino el control, en los partidos y en el Estado. Eso es lo que nos debe el PSOE desde hace décadas. La corrupción corroe la democracia porque alimenta el discurso que la deslegitima y que está incendiando Los Ángeles y asfixiando a la Complutense. El PSOE se columpia desde el «es mentira» al «yo no sabía nada». El PP es firme en el «fui yo y qué». Hay una diferencia entre el repudio de Sánchez a Cerdán y el abrazo de Feijóo a Mazón. No son iguales, aunque les apetezca, la parroquia izquierdista no lo permite. Eso nos sirve de poco y la corrupción es, después de la violencia, la peor peste de la vida pública. En este apestoso trance, las verdades permanecen intactas: el fiscal no debe dimitir, porque no haciéndolo sostiene la democracia frente al lawfare facha. Sánchez no debe dimitir si lo imputan e incluso si lo condenan los Peinado y Hurtado. Es el límite de la civilización frente a los iliberales. El límite, la linde, no la mayor firmeza, esa está a su izquierda. Y debe presentar una moción de confianza ofreciendo algo en lo que confiar. Viva la diferencia, decía un anuncio de Renault de los 60. La confianza que debe ganar Sánchez es esa: la diferencia. En limpieza, en libertades y en justicia social.



























