El sublime objeto del Real Oviedo

Para sacarle a uno del cinismo no queda más remedio que pasársela a Zizek, filósofo posmarxista con planta de defensa central de los años de gloria.

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Javier Martínez
Javier Martínez
Es licenciado en historia, acupuntor y participa en Radio Qk desde los años 90.

En los barrios de Oviedo hace tiempo que no se sintoniza la TPA, nuestro programa favorito es Cuarto Milenio. Las Seis de la Suiza y el genocidio del estado de Israel en Gaza nos pillan tan lejos como la Champions League. Tenemos el corazón lleno de mierda, y para nosotros, lo importante es el asado con los muchachos y que nuestro equipo gane el domingo.

Cuando éramos unos chavales competíamos para ver quien era capaz de pegar tan duro como para romper los cristales de la parroquia. Todavía quedan balones secuestrados en las rejas que protegen las vidrieras. La plaza de la Gesta de Oviedo, se transformaba en un Requexón improvisado donde los monolitos de homenaje a los defensores de esta heroica e invicta ciudad, acababan resignificados en porterías. Hoy esa plaza nadie sabe cómo se llama, y no hay rastro de los niños.

Hace un par de meses, a Don Alfredo, se le ocurrió prohibir jugar a la pelota en ella. Para el alcalde, Vetusta nunca estuvo mejor que durante la pandemia, con el ejército persiguiendo proteínas invisibles y regulando las colas del Alimerka, los niños encerrados, las calles vacías. En Oviedo a nadie le extrañó la decisión del club de llevar la ciudad deportiva a Siero y si piensan en huir, los entenderemos.

Y es que Oviedo es un fractal de la sociedad plena de mercancías. Está precioso, todo el mundo va con bolsas y las terrazas están llenas. Por sus calles la ideología esta materializada y lo que sobran son les perres. La hinchada local no acaba de darse cuenta de que lo viejo ya murió (estado de bienestar, democracia liberal y capitalismo) y que lo nuevo ya está aquí (estados de emergencia y tecnofeudalismo) a este desajuste cognitivo, en las gradas del Tartiere, se le llama el gótico oventense.

Autoridades en Latores
Autoridades en los terrenos de Latores | FOTO: Real Oviedo

Para sobrevivir en el naufragio y sacarle a uno del cinismo no queda más remedio que pasársela a Slavoj Zizek, filósofo de la escuela posmarxista eslovena, con planta de defensa central de los años de gloria. Para él, la ideología no es una falsa conciencia de la realidad, sino una fantasía estructurante, que actúa a nivel del inconsciente en forma de narrativa y permite al sujeto dar sentido a su experiencia del mundo, por eso en Oviedo, lo más importante es ser feliz.

Este ecosistema ideológico funciona como un micelio de universos paralelos. Lo que sucede en uno, se manifiesta invertido en su contrario, por eso si sube el Oviedo, en Suárez de la Riva, Barbón tiembla.

El ambiente en la capital es de calma tensa, como si estas placas tectónicas estuvieran en fricción

El ambiente en la capital es de calma tensa, como si estas placas tectónicas estuvieran en fricción. Los balcones están engalanados, las aguas azules y en la calle Carpio todo el mundo tiene su cábala. Desde el partido del domingo, todos cagamos como la fuente de los pastores. Una semana más de fuerte pasión.

Salimos en Miranda como nos gusta, a que no pasara nada. La alineación corrió como la pólvora y en ese esquema con 5 atrás, algunos echábamos de menos al mago, Pomares, para llevar la cosa más hasta el extremo. Todo fue como teníamos planeado hasta el minuto tres en el que una cadena de errores propios de un equipo de hermanitas de la caridad culminó en el gol jabato. Todo estaba organizado para que en algún momento los pilláramos a la contra y un centro de Hassan lo rematara Paraschiv, pero allí quien estaba era Chaira, que desde el Ramadán no la sabe meter. Fallamos un penalti, que muchos hubiéramos preferido que no nos pitaran, por eso de alimentar la desdicha y ese momento victimista en el que nos hacemos fuertes. Es Oviedo contra todos.

Decía el sabio de Hortaleza aquello de “jaula nueva pájaro muerto” y en nuestro caso se cumplió. El entrenador recordaba en la última rueda de prensa, el ambiente que rodeaba al equipo en aquella temporada del descenso a segunda. En el viejo Tartiere, el partido contra el Real Madrid se hubiera ganado, nadie duda de que aquel tiro de Paunovic al larguero se colaba y evitábamos la caída.

El nuevo estadio fue durante mucho tiempo el ataúd de la Eria y todos fuimos del Frente Nicho. Los espacios van ganando una carga, como si lo sucedido en ellos quedara impregnado en sus paredes. Es la mística de algunos estadios de futbol que el nuestro no tiene, todavía. El partido contra el Espanyol fue un primer intento, y en esta temporada uno tiene la sensación de que algo se está cociendo.

La última jornada contra el Cádiz fue la mejor entrada a un evento de deportivo en Asturias y el ambiente era de primera división, las posibilidades de ascenso eran reales, pero dependíamos de una carambola remota, pudo ser y no fue. Lo del sábado tiene que ir más allá. Tenemos que hacer que pase.

No se trata de hacer un sacrificio ritual, no somos el PSOE. Se trata solo de ganar al Mirandés y juntos lo vamos a conseguir. No estaría de más que le hiciéramos ver al equipo rival cómo es eso de tener en frente a treinta mil personas con una obsesión. Que los jugadores, esta vez sí, salieran dispuestos a ganar la estadística de faltas cometidas. Todos festejaremos como siempre un saque de banda o una disputa ganada como un si fuera gol. No va a ser futbol champagne, no es lo nuestro, igual ni siquiera es futbol, pero nos da igual, sabemos que lo que hay en juego este sábado va mucho más allá.

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