“Creo que es justo que el espectador se sienta un poco culpable”

Manu Brabo expone en el Museo Barjola de Gijón "This is war", una antología fotográfica de su trabajo en los conflictos de Oriente Medio

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Manu Brabo lleva un par de meses “de parón”: se levanta a las seis de la mañana, le prepara el desayuno a su novia y saca a pasear a la perra sin escuchar el traqueteo de las ametralladoras ni caminar entre ciudades en ruinas. El fotoperiodista asturiano vive “en una aldeína en Siero, como Dios”, y desde allí llega a la librería Toma 3 para la entrevista. Veterano ya en el oficio, Brabo ha reunido en el Museo Barjola-“This is war”, hasta el 19 de octubre- una selección de imágenes que quieren dar testimonio de un arco histórico: de las Primaveras Árabes a las guerras en Libia y Siria; de esos conflictos a la oleada de refugiados en 2015; y de la crisis migratoria al crecimiento de la ultraderecha y la desestabilización de Europa. La indiferencia que mostramos entonces hacia lo que ocurría al otro lado del Mediterráneo, defiende Brabo, nos ha conducido hoy a las puertas del desastre. “En un mundo tan interconectado”, reflexiona “el fotógrafo que mejor escribe de España”, “preocuparse por el prójimo es preocuparse por uno mismo”.

Hay una fotografía en la exposición en la que un niño sirio, en sus últimos segundos de vida sobre la camilla del hospital, mira fijamente a la cámara: ¿cómo se vuelve a la normalidad después de hacer esa fotografía?

De ahí no he vuelto. De esa mirada no he vuelto todavía. Esa foto la vi cuando estaba editando la serie entera, y me acuerdo que pensé “joder se estaba muriendo y te estaba mirando”, y la mirada es de “tú qué haces ahí, gilipollas”. Yo miro la foto y pienso eso: qué haces ahí, si eres completamente inútil. La foto también la puse para que el que vea se sienta como me sentí yo, o peor. Normalmente, cuando hacemos fotografías tratamos que el retratado no mire directamente a la cámara. Pero yo quería romper la puta cuarta pared y hacer que el espectador se sienta un poco culpable. Creo que es lo justo.

Un equipo de médicos trata de salvar la vida de un niño sirio con un disparo de francotirador en un pulmón en el Hospital Dar el Shifa en Alepo, Siria. Octubre 2012. FOTO: MANU BRABO

¿Te haces a menudo esa pregunta que sentiste que te hacía la mirada de ese niño moribundo?, ¿te preguntas con frecuencia qué sentido tiene que tú estés allí registrando ese momento?

Al final tiene un sentido personal. Todos los que nos arrogamos la labor de contar el mundo tenemos el ego suficiente como para sentir que tenemos que ser nosotros los que lo hacemos. Me fastidia esa entrega desinteresada que se muestra por parte de los periodistas, porque yo creo que, obviamente, hay un interés, y esa es una de las motivaciones que no se pierden. Porque según vas avanzando te das cuenta de que esto no deja de ser una industria, y creo que ese es el primer desencanto, cuando te planteas qué cojones haces ahí, gilipollas. Si a mí me sigue doliendo con las experiencias, los años y los desencantos, creo que al espectador, que es mucho más naif respecto a lo que acontece en el mundo, le tiene que pegar una hostia.

¿Hay alguna pretensión en tu trabajo más allá de documentar lo que ves?

Yo no creo que nadie empiece en este mundo por pasta, igual sí por ego. Creo que siempre hay algo de activismo, aunque ese activismo va cambiando. Yo quería ser Cappa desde que tenía 15 años, y obviamente uno quiere cambiar el mundo y hacer la foto de la niña del napalm, que parece que esa foto sola acabó con la guerra de Vietnam. Sigo pensando que la fotografía es útil, aunque no al nivel que yo pensaba cuando empecé. Ahora mismo, me conformo con que la gente está informada. Sigo pensando que la gente bien informada es gente más libre. Obviamente, me gustaría que las fotos dieran paso a una mala hostia que generara un cambio. Eso es lo que estamos viendo en Gaza. Funciona pocas veces, pero de vez en cuando funciona. No son los políticos los que están cambiando de opinión, es la sociedad civil la que está obligando a los políticos a hacerlo, y en buena medida gracias a las imágenes de los periodistas que están allí. Eso me parece fabuloso, porque me doy cuenta de que a veces, muy pocas veces, hay una reacción al trabajo que has hecho. Y a esto nos agarramos. El resto de las veces haces las fotos y a la gente le chupa los huevos.

“Parece que la empatía esté desapareciendo, y es necesario entrenarla”

¿Aspiras a que el espectador se sienta culpable de lo que ve en tus fotografías?

Es que la culpabilidad viene de un ejercicio de empatía tardío. Al final, se trata de pensar qué haces, qué puedes hacer tú, por qué ese chaval se muere delante mío. La gente que renuncia a la empatía es la que ve esa foto del niño y escribe una carta al director quejándose porque sus hijos no pueden ver eso y porque hiere su sensibilidad. Parece que el ejercicio de la empatía esté desaparecido, y hay que entrenarlo. Esta exposición, que no deja de ser una antología, podría ser a mayor gloria de Manu Brabo, o intentar darle una vuelta. Libia y Siria se fueron a tomar por el culo, y si esos países no se hubieran ido a tomar por el culo seguramente la ola de migraciones que tuvimos en 2014-2015 no se hubiese producido. ¿Y qué es lo que ha dado alas a la extrema derecha, y cuándo empiezan a crecer en Europa con el “nos invaden”?, ¿y cómo está el mundo ahora? Podemos darnos cuenta de que el no haber hecho nada en esos sitios en 2011, 2012 o 2013 ha desestabilizado Europa corriendo el marco narrativo a la derecha de una manera muy rápida.

Un rebelde libio dispara un RPG contra posiciones de fuerzas leales a Gadafi en Sirte, Libia. Octubre 2011.FOTO: MANU BRABO

Dices que estas fotografías muestran a seres humanos normales atrapados en una violencia anormal a la que no estaban acostumbradas antes de que estallase la guerra

En realidad, esa violencia no es tan grave para nadie cuando estás viviendo en ella. Acuérdate cuando España ganó la Eurocopa en 2012. Las semifinales se las ganó a Portugal en el estadio de Donetsk. En 2014, en solo dos años, en aquel país que parecía que iba para arriba, de repente ese estadio servía para distribuir ayuda humanitaria. En dos años, de la promesa de Europa del Este a la guerra del Donbass. No era gente que estuviese acostumbrada a la guerra, pero todos nos acostumbramos a la guerra. La última vez que estuve en Alepo durante la guerra recuerdo que volvíamos de un edificio en el frente y dos cuadras más abajo había unos niños en una placita jugando al fútbol. El ruido de fondo eran hostias como panes, pero allí estaban ellos pasándoselo bien. Y las mujeres van al pan, y el mecánico abre el taller. Todo el mundo se acaba acostumbrando. Ahora bien, que la violencia sea el estado natural de las cosas no quiere decir que no debamos trabajar para corregirlo. Es una aspiración universal que hay que mantener y que solo se consigue con ejercicios de empatía.

Sin embargo, parece que la crueldad está cada vez más normalizada y aceptada, e incluso se considera que la empatía es una debilidad

Porque es un tema complejo. La empatía implica admitir que la realidad tiene muchas tonalidades de grises entre el blanco y el negro, e implica no solo un ejercicio emocional, sino un ejercicio intelectual muy grande. Cuando alguien es capaz de pensar que una persona que huye de una guerra, de una vida de mierda, de dictaduras y de opresión, llega a Europa buscando una vida mejor y lo describe como una invasión…obviamente la diferencia entre esa persona y una ameba es solo el físico.

Pues alrededor de una cuarta parte del electorado en España comparte esa visión

Porque es más fácil echar la culpa a los demás que a uno mismo. No sé cómo hay gente capaz de tender un muro. Me resulta imposible pensar por qué alguien es capaz de empatizar con los suyos pero no con los distintos. He visto a gente del Estado Islámico, cómo los detienen y cómo los trataban, y eso me llevó a pensar cómo un chaval de 15 ó 16 años puede llegar a eso. Te pones a pensar que lleva chupando bombazos toda la vida, en la familia que dejó y que también él es una ameba que se ha convertido en un energúmeno. Son vidas muy complejas y muy jodidas. Ahora, que las vidas que llevamos aquí te lleven a ser del ISIS de Vox no me acaba de entrar en la cabeza. Y de eso va la exposición: de intentar despertar amebas.

 “En un mundo tan cercano e interconectado, preocuparse por el prójimo es preocuparse por uno mismo”

Esa incapacidad de comprender lo que sucedió en Libia y en Siria y cómo eso afectó a la estabilidad política en Europa, ¿es un fracaso del periodismo o era la sociedad que no estaba dispuesta a entender unos hechos que parecían tan lejanos?

Hay un poco de todo. En algún punto hemos fallado, porque me niego a echar toda la responsabilidad sobre el ciudadano, que también tiene sus males cotidianos. Yo empiezo a pensar que en un mundo tan cercano e interconectado preocuparse por el prójimo es preocuparse por uno mismo. Tú plantéate lo siguiente, y aquí va a saltar gente. En el conflicto de Siria, Obama había puesto una línea roja en el empleo de armas de destrucción masiva y de armas químicas. Cuando en Guta, en 2013, se hace un ataque con armas químicas y Obama se limita a decir “no lo hagas más”, el siguiente paso es la entrada de Rusia en la guerra. Quizás si hubiéramos intervenido entonces nos hubiéramos ahorrado al Estado Islámico. No sé, hubieran venido otros problemas, pero creo que a Assad se le dejó hacer todo lo que quiso. Ahora Damasco, salvo el centro, está reventado nivel Gaza. Creo que si se hubiera sido firme con él, quizás ahora el señor Netanyahu no tendría tanto campo libre.

Un grupo de soldados Iraquíes heridos y muertos tras el impacto de un mortero en Ganus, 70 al sur de Mosul, Irak, Diciembre 2016. FOTO: MANU BRABO

¿Crees que estamos sobresaturados de imágenes violentas que anulan nuestra capacidad de sentir compasión ante las fotografías?

Este debate es muy viejo. Yo creo que no, porque la gente todavía se conmueve. Obviamente, no generará un impacto como el de las primeras fotos de muertos en la Guerra de Secesión. El claro ejemplo es lo que está pasando ahora en Gaza, y no está pasando por una sola imagen, sino por saturación de imágenes que acaban haciendo insostenible lo que está pasando para gente que vive muy lejos de allí. Para mí Gaza ahora es un reencuentro con todo lo bueno que puede tener el oficio. La labor social del oficio queda sobradamente probada.

Y otro debate muy viejo: ¿Cuál es el límite a la hora de mostrar la violencia en una fotografía? 

Yo creo que se debe mostrar todo siempre y cuando aporte algo en la narrativa. Me cuesta mucho entender que la gente que recibe unas fotos que pasan tantos filtros pueda considerar que tiene una saturación de imágenes violentas. Lo que están viendo no es nada comparado con lo que vemos nosotros. Quizás, incluso, endulzamos un poco la realidad. Por un lado, está el debate de que si ver demasiadas imágenes nos adormece, y por otro, que si son imágenes demasiado hermosas y no vemos el significado. Bueno, aclárense, debatan entre ustedes y déjenme trabajar. Si tengo que esperar al visto bueno de unos y de otros, se nos va el mundo a tomar por el culo y nadie lo cuenta.

Me comentabas antes que tus fotos de antes de 2011 son distintas a las de después de 2011: ¿a qué crees que se debe?

Pues no lo sé muy bien. A mí me lo dijo Daniel Ochoa, fotógrafo y gran amigo: no sé qué te pasó en la cárcel, pero entraste siendo un fotógrafo mediocre y saliste siendo un buen fotógrafo. Volví a nacer, no sé. Fui, de alguna manera y durante un breve tiempo, esos a quienes fotografío. Y obviamente eso hizo que mis puertas de la empatía se abriesen muchísimo. Se cuenta mejor la vida de los demás cuando tú has probado un trocito de esa vida.

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