La invención de la tractorada: historia de un método de lucha

El tractor se expandió por el campo español a partir de los años sesenta y casi inmediatamente se convirtió en una herramienta de protesta.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Durante las últimas semanas, al calor de las protestas contra el acuerdo comercial con Mercosur, los tractores han inundado las carreteras y el impacto mediático al ver estos vehículos del campo en autopistas y ciudades es evidente.

El tractor como arma reivindicativa del agricultor, también es símbolo de una forma de trabajar la tierra que en realidad no tiene tantos años. El tractor se expandió por España mucho más tarde que en otros países europeos, pero en cuanto lo hizo, las tractoradas como acción reivindicativa, aparecieron. La Transición fue el marco en el que tuvieron lugar las primeras tractoradas que cambiarían la forma de protestar del campo y que llega a hasta nuestros días.

¿Cómo llegó el tractor a España?

En España el tractor entró en la península a principios del siglo XX. Bruno Esperante, profesor de Historia Económica en la Universidad de Santiago de Compostela y autor de la tesis “A moto-mecanización da agricultura en Galiza (1939-2000). Políticas de innovación, mercados y comunidades labriegas”, resalta que aquella llegada del tractor hace más de cine años estuvo restringida a solo a algunos propietarios: “En aquel momento los tractores eran de importación y no puede hablarse de una difusión generalizada del nuevo invento. Principalmente, hubo algunos grandes propietarios que los adquirieron en el Valle del Guadalquivir, en Girona, en Barcelona y en Navarra. En esa época todavía eran vehículos muy pesados que consumían demasiado para poder resultar rentables a la mayoría de los agricultores.”

Tractor de principios del siglo XX.

En los años treinta el tractor sufre un nuevo impulso en otras regiones de España, sin embargo, la posguerra impide que, como sí ocurrió en otros países europeos tras las Segunda Guerra Mundial, el tractor se vuelva un elemento común en el campo. Bruno Esperante afirma que “el hundimiento económico español en los años cuarenta destroza las posibilidades de difusión de los tractores. Por un lado, no hay recambios, no hay combustibles y, sobre todo, no se fabrican tractores en España, por lo que hay que importarlos, pero eso no resulta posible porque la dictadura queda excluida de buena parte del comercio internacional durante varios años. Esto es algo que cambia en los años cincuenta.”

“Serán los créditos norteamericanos y la implantación de las primeras fábricas en el país las que impulsarán la difusión de los tractores. “

A partir de los años cincuenta, con un EEUU dispuesto a incluir a la dictadura anticomunista de Franco en la órbita occidental, el nuevo escenario que ha abierto la Guerra Fría permite acabar con los problemas de importación en España, si bien no será hasta los años sesenta que se generalice un proceso en el que la gran mayoría de agricultores adquiera tractores para trabajar la tierra. Serán los créditos norteamericanos y la implantación de las primeras fábricas en el país las que impulsarán la difusión de los tractores. Todo ello permitirá que entre finales de los años sesenta y principios de los setenta el tractor se convierta en un elemento común en el campo por toda la geografía española.

La primera gran tractorada

Según Bruno Esperante la utilización de la tecnología en el campo como forma de protesta no es algo reciente: “En los años treinta en buena parte de Europa, también en España, se utilizó la nueva tecnología como forma de presión. Por ejemplo, los grandes cerealeros de La Mancha o de Castilla, utilizaron la maquinaria para realizar acciones políticas. No hablamos de tractores, sino de cosechadoras o inventos similares. Y los utilizan contra los jornaleros. Si estos se ponían en huelga, los empresarios amenazaban con comprar cosechadoras o trilladoras. Es lo que se ha venido a llamar la ‘mecanización por represalia’”. Es un fenómeno que en Europa influyó en la expansión de nuevos inventos para trabajar el campo y sobre lo que Esperante añade: “Hoy en día ya está todo mecanizado, ya no existe la mecanización por represalia.”

La llamada “guerra de la leche” en Asturias en 1966 suele situarse como el primer antecedente de las luchas agrarias que se darían durante los años setenta. En aquella ocasión los ganaderos se movilizaron durante cuarenta y ocho días ante el anuncio de la reducción de los precios de la leche, algo que se consideró una arbitrariedad por parte de las industrias lácteas, que contaban con la tolerancia de la Administración. Del temor por parte de las autoridades franquistas a la extensión al campo asturiano de un movimiento similar a Comisiones Obreras surgirá precisamente el impulso para crear en 1968 la Central Lechera Asturiana. Una cooperativa alentada por sectores del régimen para mejorar las ganancias de los ganaderos y aplacar el malestar del campo, que corría el riesgo de ser organizado por la oposición antifranquista.

Durante los siguientes años se sucedieron en otras regiones otra serie de crisis con otros productos en el campo cuyas movilizaciones recibieron nombres bélicos similares, como la “guerra del pimiento” en el Valle del Ebro en 1973 o la “guerra del maíz” en Aragón en 1976. Fue precisamente este año cuando los tractores comenzaron a ser un elemento común en las protestas y cuando aparecen las primeras tractoradas.

Tractorada de Ourense en la Transición.
Tractorada en la Transición. “Guerra del algodón”. Sevilla 1977.

La gran movilización del campo llegó sin embargo el 18 de febrero 1977 y con ella la primera gran tractorada que se extendió por prácticamente toda España durante veinte días. Según la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), el primer sindicato democrático del campo, fundado en 1977 a partir de la unión de diferentes organizaciones regionales, y cuyos datos pueden encontrarse en el Archivo de la Transición, durante aquellos días llegaron a salir a las carreteras hasta 108.550 tractores en 28 provincias españolas. En aquel momento, como ahora, a pesar de muchas otras diferencias, una de las razones de las movilizaciones fue la reivindicación de unos precios más justos y la denuncia de la pérdida de rentabilidad del campo.

“En determinadas zonas de Extremadura, La Mancha o Andalucía existen aún los grandes propietarios y estos no trabajan directamente la tierra, tampoco manejan los tractores.”

Sobre las movilizaciones actuales, Bruno Esperante concluye que “las tractoradas tal y como se producen ahora son actos de protesta llevadas a cabo no siempre por los trabajadores. Es algo bastante complejo. En muchos casos los que protestan son empresarios, mientras que en otros casos el que protesta es un pequeño ganadero de leche en Galicia o Asturias que es lo más parecido a un trabajador. En determinadas zonas de Extremadura, La Mancha o Andalucía existen aún los grandes propietarios y estos no trabajan directamente la tierra, tampoco manejan los tractores.”

Manifestación campesina en La Rioja.
Manifestación contra las cámaras agrarias franquistas en la Transición.
Tractorada en Cariñena, Zaragoza, durante la Transición.

En cualquier caso, el tractor es un símbolo de las protestas agrarias. Un vehículo que llegó a España tarde, pero que no tardó en presentarse como herramienta de movilización hasta convertirse en un símbolo de las reivindicaciones del sector agrario que se dieron, que se dan y que muy posiblemente se seguirán dando en España y en el resto de Europa en los próximos años. El resultado de las movilizaciones actuales y el futuro de aquellos que conducen los tractores aún está por ver.

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