Suavicemos la vida del mundo

El entorno trumpista actual tiene otros poetas de cabecera, como Carlos Baute, no Esquilo.

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Marta González
Marta González
Traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

Hace unos días, la periodista Olga Rodríguez Francisco compartía un video de una conferencia de Mike Pompeo, exsecretario de Estado de EE.UU., en la que decía, sin pudor, que “tenemos que asegurarnos de que la historia se cuente correctamente, de que los libros de historia no escriban sobre las víctimas de Gaza”. La historia tiene que escribirse correctamente, insistía el individuo este, es decir, presentando a Israel como víctima.

No es una novedad, es algo que el sionismo lleva tiempo poniendo en práctica, pero no van a tenerlo fácil. Se escribirán muchos libros de historia correctamente, pero otros muchos contarán la verdad y, además, las imágenes del genocidio en la Franja Gaza no pueden borrarse. Mike Pompeo insistía en que había que repetir esta idea cada día, la de Israel como la verdadera víctima: “hay que hablar de esto con nuestros hijos, con nuestros nietos, de una manera seria, reflexiva, completa y moral”. Mentir con una desvergüenza sin límites es, al parecer, el modo “moral” de hablar de lo que está sucediendo.

Mike Pompeo

Mentir, ser un inmoral y un ignorante da la impresión de ser requisito imprescindible para medrar en este mundo trumpista. Cuando el Premio Nobel de la Paz no podía concederse a quien solicitara un bombardeo para su propio país, ni, una vez recibido, podía regalarse a cambio de merchandising del mundo MAGA, uno de los galardonados fue Martin Luther King, que lo recibió en 1964 por su lucha contra los prejuicios raciales en los EE.UU. Tras su asesinato el 4 de abril del 1968, Robert F. Kennedy pronunció un discurso en Indianápolis en el que citó de memoria unos versos de Esquilo, que era, en sus propias palabras, su poeta favorito: “Gota a gota se derrama en el corazón, en lugar del sueño, el dolor por las desgracias recordadas, y la sabiduría le llega incluso a quien no la quiere. Seguramente es un don, entregado por la fuerza, de los dioses que se sientan en el venerable banco del timonel”. Son unos versos del Agamenón de Esquilo, que Kennedy citó de memoria según la traducción de Edith Hamilton, una clasicista que los biógrafos de Robert F. Kennedy dicen que adoraba (algunos de sus libros de mitología están traducidos al castellano). Dos meses después él mismo sería asesinado y en su memorial en el Cementerio Nacional de Arlington se inscribieron esos versos junto con otros que también recordó en el mismo discurso y que parecen apócrifos: “Dediquémonos a lo que los griegos escribieron hace muchos años: domemos la ferocidad del hombre y suavicemos la vida del mundo”. Esta cita, tomada también de Edith Hamilton, no aparece en ningún texto griego, pero bienvenida sea y no seré yo quien apedree a esta helenista norteamericana por inventársela. Los versos del Agamenón tampoco son muy fieles en la versión de Robert F. Kennedy, en parte porque los citó de memoria (y eso ya merece mi admiración), en parte porque la alusión final a los dioses que llevan el timón de nuestras vidas se convirtió en una mención a “Dios”, así, en singular y con mayúscula, por ser Edith Hamilton una protestante convencida. La traducción que he dado arriba es mía, más literal.

El entorno trumpista actual tiene otros poetas de cabecera, como Carlos Baute, no Esquilo. Se entiende que ni se les pase por la cabeza que ni en sueños se puede borrar el dolor, tanto el recibido como el causado. Cada uno puede utilizar a los autores clásicos como quiera y yo no sé, aunque sé que se ha estudiado (sobre la familia Kennedy se ha estudiado todo), los motivos por los que Robert F. Kennedy decía encontrar consuelo en los versos de Esquilo, pero ni fue el primero ni será el último. Ni siquiera importa que entre las citas que se había aprendido de memoria estuviera una inventada, importa lo que hizo con esas palabras.

Los versos del Agamenón citados por Kennedy forman parte de un pasaje muy estudiado en el que aparece otra famosísima máxima de Esquilo: páthei máthos, “se aprende sufriendo”. Queramos o no, decía Esquilo, aprendemos así y, ya que es inevitable, tomémoslo como un regalo de los dioses. Hay muchas otras formas de aprender y creo que todas me gustan más que esta, pero si es verdad (y Esquilo no miente, no es un vulgar Mike Pompeo), del sufrimiento de Gaza deberíamos aprender y nunca olvidar, digan lo que digan los libros de historia que se escriban correctamente.

Encontrar esta historia sobre Esquilo y Robert F. Kennedy leyendo sobre tragedia griega me gustó, contrarresta el uso espurio que tantos políticos de extrema derecha hacen actualmente de los autores griegos y romanos. La emplearé en clase para intentar despertar la atención de los alumnos o, si eso es mucho pedir, para despertarlos a ellos directamente en las clases de primera hora de la mañana. Espero tener más éxito que cuando les hablo de Tespis, del que se dice que fue el primer tragediógrafo griego, y les pregunto que si han visto la película Eva al desnudo (hablando de malas traducciones, el título es All About Eve) y me dicen que no, y les pregunto si conocen a Bette Davis y me dicen que no, y les pregunto si les suena Joseph L. Mankiewicz y ya ni me contestan y entonces les digo que me da igual todo, que yo les voy a contar igual una historia: Tespis aparece mencionado en la primera escena de la película, en el discurso de Addison de Witt cuando está a punto de estregar un premio de teatro. Después de haber visto la película muchas veces sin fijarme, la primera vez que escuché el nombre de Tespis de manera consciente di un gran bote en el sofá. Mis alumnos no, y cuando acabo la historia hace rato que duermen. A ustedes se la he contado abreviada y el próximo curso la cambio por la del discurso del senador Robert F. Kennedy y citaré también ese hermoso verso falso, suavicemos la vida del mundo.

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