Félix Rodríguez de la Fuente consiguió que la España de los 70 – aún en matices sepia- sacase de la categoría de alimaña al lobo. El cánido salvaje, como él cariñosamente decía, dejó de sufrir el acoso psicótico de una mentalidad que bebía más de la superstición y las leyendas de los hermanos Grimm que de otra cosa. In extremis, pudo evitar su exterminio.
En la Asturias de 2026, los ecologistas denunciaban las sospechosas condiciones de la muerte de un ejemplar de Canis lupus en Teverga. Esto tiene lugar en pleno maremágnum de voces encontradas frente a la aprobación del Plan de Gestión del Lobo del Principado que permite el sacrificio de hasta 53 ejemplares de este gran mamífero. El fin hipotético es reducir los daños al ganado. En paralelo, surge el Fondo para la Protección del Lobo Ibérico, que se alinea con otras plataformas como la de la Defensa de la Cordillera Cantábrica, quienes llevan operando desde hace años para preservar los pocos conatos silvestres que quedan en la biodiversidad de la península.
¿Qué dice la ciencia al respecto? Hablamos con Mario Quevedo de Anta, Doctor en Biología y profesor de Ecología en la Universidad de Oviedo. Además, participa en el Grupo de investigación Diversidad y Conservación Animal (DIVAN).
¿Cómo describirías la situación actual del lobo en Asturias?
La situación actual del lobo en Asturias es la habitual, en el sentido de que volvemos a una situación similar a la de los primeros veinte años del siglo XXI. Obviamente, hay lobos en Asturias, lo cual, ecológicamente es una muy buena noticia. Sin embargo, existe un Plan de Gestión. Esto significa decidir cuántos lobos va a matar la Administración. La gestión, esencialmente, consiste en eso. Hay algo de prevención, pero muy poco en comparación con lo que se dedica a eliminarlos. Durante un periodo de algo más de dos años, con la entrada del lobo en el LESPRE (Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial) y su posterior salida, los lobos estuvieron algo mejor, ya que no había control letal por parte de la Administración. Ahora hemos vuelto a la situación anterior, en la que sí existe control, aunque en realidad siempre lo ha habido como parte de los Planes de Gestión. Desde 2001-2003 hasta 2021, la Administración estableció cuántos animales y en qué lugares se abatirán. La diferencia fundamental ahora es que se ha planificado matar muchos más que antes. La última resolución contempla el mayor número de ejemplares.

La situación es que tenemos lobos, como siempre los hubo. Cuando digo “siempre” me refiero a que, aunque los lobos alcanzaron un punto muy bajo en toda la península ibérica en los años 60-70, en la cordillera asturiana resistieron, al igual que en el norte de León y probablemente en Ourense. Estos núcleos del norte siguen siendo, más o menos, los mismos lugares donde históricamente sabíamos que estaban.
¿Qué papel juega el lobo en los ecosistemas asturianos o en la cordillera Cantábrica?
Los lobos son un depredador apical. Esto significa que no tienen mortalidad causada por otras especies, aunque sí por conflictos territoriales entre ellos o por patógenos, como ocurre en cualquier especie. Su papel es importante para controlar las poblaciones de consumidores, es decir, los grandes herbívoros: venados, jabalíes, rebecos y corzos. En Asturias, lo que sí sabemos, es que hay mucha abundancia de presas salvajes por todas partes. De hecho, la propia resolución del Plan de Control de Asturias lleva unas gráficas interesantes de las capturas de jabalí, que han seguido aumentando desde que hay registro: se cazan unos 13.000 jabalíes al año. En este sentido, los lobos tienen en Asturias las condiciones para ser lobos.
¿Cuáles son los fundamentos biológicos que determinan la viabilidad de las poblaciones de lobos en, este caso, Asturias?
No podemos hablar de la población de lobos en Asturias como algo aislado, ya que forman parte de la población ibérica. Los lobos son muy móviles y capaces de dispersarse a grandes distancias, aunque los territorios son sorprendentemente estables. Si miramos registros de hace 300 años, salen camadas de lobos en los mismos sitios que salen ahora. La viabilidad de la población se mide desde el punto de vista genético. La población ibérica es una de las que presenta menor variabilidad genética en Europa, debido al aislamiento histórico y a los episodios de persecución intensa (veneno, recompensas, caza masiva). Esto supone menos “herramientas” para adaptarse a cambios ambientales. Aunque el núcleo duro de la población se encuentra en Galicia, norte de Castilla y León, Cantabria y Asturias, la diversidad genética sigue siendo baja. La poca heterogeneidad genética que tiene el lobo ibérico se debe simplemente a que no hay cruces con otras familias, con otras poblaciones europeas.
“La poca heterogeneidad genética que tiene el lobo ibérico se debe simplemente a que no hay cruces con otras familias, con otras poblaciones europeas”
La población ibérica son todos ejemplares de lo que Cabrera en su día designó como Canis lupus signatus, por rasgos morfológicos que son algo diferentes genéticamente de los lobos italianos, por ejemplo. Esto se debe al aislamiento histórico respecto a otras poblaciones europeas, el intercambio entre individuos de los de aquí y allí. Pero también por un cuello de botella, que dicen los genetistas, que quiere decir que hubo un momento en el que se mataron muchos animales. Especialmente en los puntos álgidos de las recompensas, se pagaban las alimañas, el veneno estaba autorizado… Moría todo lo que se movía. Entonces, de esos tiempos hasta ahora, la diversidad genética queda depauperada y tarda bastante más tiempo en recuperarse, aunque siga creciendo el número de las poblaciones. Los que nos dedicamos a esto, y miramos bien a estos bichos, llevamos mucho tiempo queriendo ver que llega algún lobo de Francia que cruza y se queda aquí. Hace nada se documentó a la primera pareja reproductora en el Pirineo Catalán, al norte de Olot. Es una muy buena noticia.
¿Qué condiciones necesitan idealmente los lobos?
Comida y refugio. En ese sentido los grandes carnívoros son relativamente simples. En cuanto a comida, hay presas silvestres, especialmente los grandes herbívoros. Los lobos que viven en determinadas zonas pueden sobrevivir incluso de topillos. Necesitan refugio especialmente en época de cría, durante dos o tres meses, cuando los cachorros son muy vulnerables y se mueven muy poco. Entonces, en ese momento, es cuando lo necesitan esencialmente en la cordillera Cantábrica, con vegetación leñosa y pocas molestias. Nada más. En la península ibérica hay muchos sitios con hábitat disponible teóricamente.
¿Qué estigmas hay en torno al lobo? ¿Crees que siguen condicionando su caza y están dificultando la protección en muchos casos en los que los científicos, los biólogos, los ecologistas estáis diciendo que hace falta precisamente esta protección?
A mitad de siglo, hubo una gran masacre de carnívoros. Se pagaban hasta pequeños carnívoros como martas, zorros… Este estigma se mantiene por motivos culturales, similares a la idea de “limpiar el monte” o considerar la vegetación como “maleza”. Son concepciones heredadas de épocas en las que se buscaba dominar la naturaleza. Sin querer meterme en el territorio de los sociólogos, que son los que estudian estas cosas, lo que creo que ocurre es que los lobos son competidores. No es nada simple, pero se podría resumir un poco así. Hay otras especies que están y no te hacen cambiar tus hábitos. Sin embargo, si quieres extraer carne del territorio, la ganadería no deja de ser tener la caza al lado de casa.

En ese sentido los lobos son competidores nuestros…
En Ecología siempre enseñamos que la competencia sólo existe si hay limitación de recursos. En este caso no la hay. En Asturias hay más de 300.000 cabezas solo de vacas. La percepción sigue siendo que ahí hay un bicho que condiciona mi actividad. Esa batalla está ya ganada, pero ahí siguen.
En cuanto a las decisiones de Administración, se está criticando mucho la opacidad del plan que aprobó el Principado porque hace unos meses no se concretaba cuántos lobos ni dónde se habían matado.
Si no han actualizado los datos, hace poco reconocieron que desde abril habían matado once lobos, de los cuales, seis fuera de las zonas de gestión, que son la mitad… Ocho más muertos por otras causas, cuatro de ellos por furtivismo comprobado. En este caso, Marcelino Marcos, el consejero de Medio Rural, dijo que este plan “funciona, avanza y se ajusta a los tiempos previstos”. Este plan es como todos los anteriores. No me sorprende especialmente. Más que opaco, lo que me parece es cutre. Cutre en el sentido de que son planes de gestión que se hacen por decisiones políticas, no técnicas. En ese sentido me parece penoso. Yo sí querría más información a la hora de la toma de decisiones. Porque tampoco sabemos el equipo técnico que podría haber ahí detrás… Hay gente que firma estas cosas que tiene un mandato político. Seguro. Hay una tabla en la resolución del plan de gestión, una tabla muy chula con los famosos daños al ganado. Lo más interesante es que el pico de daños al ganado fue en 2014-2015-2016, cuando no había protección a los lobos. Y sin embargo la cifra más alta de lobos a matar es la actual. No es una cuestión técnica, es una cuestión electoralista.
¿Qué medidas consideras urgentes para garantizar el futuro del lobo en Asturias?
Lo urgente sería favorecer la protección del ganado. Si el problema es el ganado – que no lo compro del todo- lo que hay que hacer es proteger el bien qué se quiere sacar adelante. Básicamente es cuidar el bien que nos interesa. Porque los lobos no necesitan especial ayuda. Con no matarlos, ya vamos bien.



























